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Lo que la prensa del establihsment no cuenta de las elecciones europeas: La izquierda supera en votos a la derecha.



La prensa sumisa al poder nos obsequió desde las once de la noche, hora en la que se conocieron los resultados electorales con una interpretación casi unánime: Se había hundido el bipartidismo. Pero lo que no dijo, ni dirá en los próximos días, es que el pueblo español es mayoritariamente progresista, aunque el PP diga haber ganado las elecciones y no haya entendido nada del resultado de las votaciones. Como a medias parece haberlo entendido el PSOE. Y tal vez la renuncia de Alfredo Pérez Rubalcaba pueda abrir el camino al partido que quieren sus militantes, los millones de votantes que lo abandonaron y los que, tapándose la nariz, le votaron, muchos por razones más sentimentales que políticas. 
 
Cuando a las once de la noche del domingo se conocieron los resultados electorales, la conclusión apresurada de todos los analistas políticos y mediáticos fue dar fe del fallecimiento del bipartidismo. El PP, que se proclamaba ganador de las elecciones, obtuvo 4.033.663 votos, alejadísimo de los resultados de las generales, en las que logró más de 11 millones de votos. El PSOE se derrumbó igualmente, con el peor resultado de su historia, con tan solo 3.564.633 votos. No es que se haya derrumbado el bipartidismo, como proclaman los analistas, porque cada uno de ellos se ha hundido por muy diversas razones. La caída del bipartidismo no se debe a que el electorado considere que esté harto del decimonónico sistema de turnos, un más de lo mismo que siempre presidió la historia política de las etapas pseudodemocráticas. Se hundieron PP y PSOE por separado porque quienes les votaron en el pasado estaban, cada uno por distintas causas, hartos de sus políticas. 

El ya lejano tiempo en el que el PP logró once millones de votos que le dieron una mayoría absoluta tan solo comparable a las que logró en su día el PSOE de Felipe González, lo hizo gracias a una campaña de falacias que se demostraron como tal con el paso del tiempo. Muchos millones de electores que dieron su voto al PP pensando que, efectivamente, iba a crear puestos de trabajo y que no recortaría, como había hecho el PSOE en su última etapa, ni Educación, ni Sanidad ni otros derechos comprobaron con el paso de los meses y los dos años de Gobierno, que a muchos parecen lustros, que está decidido a acabar con todos los derechos logrados por la clase trabajadora a lo largo de siglo y medio. Al constatar las falacias de esa formación retiraron la confianza que le otorgaron. Esos poco más de cuatro millones de votos obtenidos pertenecen a sus incondicionales y a cuatro ágrafos seguidores de los medios de la caverna. Los seis millones de votantes que se quedaron en su casa, o le dieron el voto posiblemente a UPyD, Ciudadanos y, tal vez, incluso, a la revelación de la jornada, Podemos, al que el partido de Raxoi y la caverna no tardó en identificar como ‘extrema izquierda’, ‘dictadores como los venezolanos o los cubanos’ y lindezas parecidas, ponen en evidencia algo que no se debiera ignorar del PP: que es de tan de extrema derecha como pueda serlo el partido de Jeanne Marie Le Pen, y que no ha entendido nada de los resultados de los comicios europeos.  

El castigo de los electores al PSOE, que con todo perdió dos escaños menos que el PP, tiene unas razones muy diferentes. La oposición que vino haciendo el equipo de Rubalcaba –que por fin se ha dado cuenta de que si no se va hunde a su partido para los restos- desde que perdiera las elecciones ha sido una oposición blanda, no ya de socialdemócratas, sino de unos centristas aguados, que no respondieron a las necesidades de un electorado que siempre lo apoya cuando emprende políticas de izquierdas. Obcecado en la lectura de cuatro economistas neoliberales, dos o tres centristas con inquietudes más o menos sociales y una serie de desideologizados trepas que se apuntaron al PSOE cuando era la sombra que más calentaba y que desde hace años sostuvieron que había que situarse en el centro para arañar votos de esa zona del arco político, paga ahora con la catástrofe electoral las consecuencias de una política que nada tiene que ver ni con su militancia ni con su electorado. Los votos socialistas siempre partieron de la izquierda. De electores y militantes con un sentimiento mucho más progresista que sus direcciones, que, o retoma su ideología o se verá abocado a la desaparición. Sus votantes, hartos de que la ejecutiva lleve años contemporizando con la derecha, con la banca, con los obispos y con la patronal le retiraron su confianza. La recuperará cuando haga políticas de izquierdas y su oferta electoral le sitúe en las antípodas de la derecha. 

Nada tienen que ver su pérdida de votos con la del PP. No es que se hunda el bipartidismo. Lo que se hunde es la tradicional manera de hacer política de dos partidos que permanecen desde hace muchos años encastillados en el poder, alejados de la ciudadanía y sin responder a las expectativas de los ciudadanos. De ahí la sorpresa que ha dado Podemos, al que las encuestas preelectorales ignoraron y el partido con el que IU no quiso ir en coalición. Su líder, Pablo Iglesias, con un sentido realista ajeno a la borrachera del inesperado triunfo, templó los entusiasmos al recordar durante la noche electoral que, “los resultados han sido razonablemente buenos, porque los partidos de la casta han sufrido un duro golpe, pero por ahora no hemos cumplido nuestros objetivos en las urnas. Mañana seguirá gobernando la casta y seguirá habiendo desahucios". Y con eso es con lo que quieren acabar una mayoría de ciudadanos, con una casta política ajena a los problemas de la gente, enfangada en la corrupción y que vive con sueldos que multiplican con mucho los de la empobrecida población y que, temerosa con la oligarquía, la banca, las compañías eléctricas y los defraudadores de impuestos, es incapaz de poner freno a sus abusos, sus latrocinios y sus desahucios. 

Un dato interesante que los analistas no han contemplado -quizá porque les da miedo no solo constatarlo, sino hasta pensar en ello-, y que resulta significativo para entender la sociedad de este país es que sumando los votos del PSOE y de los partidos a su izquierda el resultad supone un 48.91 % del electorado. Los partidos de derechas, PP y UPyD, suman solo el 32.45%, y en caso de añadirles el voto que reciben los partidos nacionalistas conservadores, presentados en la Coalición por Europa –PNV, CiU y CC-, alcanzan el 37.92%. Casi once puntos menos que la suma de partidos progresistas. Quienes dicen que fuera de una coalición PP-PSOE el parlamento sería ingobernable pierden de vista la voluntad mayoritaria de una ciudadanía mucho más progresista que lo que quieren hacer creer los medios supeditados al capitalismo, a la oligarquía y a los banqueros. 

El PSOE debiera tomar muy buena nota de las inclinaciones de una ciudadanía cuya voluntad está secuestrada por la derecha minoritaria que, por mor de la ley D’Hont y de su pusilanimidad, vive sometida a los caprichos de la oligarquía pese a ser mayoritariamente de izquierdas. 

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Comentarios

  1. Bravo Luisa, bien dicho y argumentado. ¿Por qué no es posible una gran coalición de la izquierda en este país?
    Pues para mi me perece muy sencillo. Es que toda la izquierda quiere mandar y eso no es inteligente por parte de ella. Es una pena que no quisira unirse IU a PODEMOS, pero ya sabemos que el poder corrompe incluso a la izquierda, sobre todo la que está más asentada y ya tiene sus privilegios sus dirigentes. Es una verdadera pena que esto suceda.
    Un abrazo

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    Respuestas
    1. Pues tendrán que dejar los personalismos aparte y ponerse las pilas,que miren a Grecia, la unión de todos los partidos de izquierdas le ha dado la victoria a Syriza, el partido que se opone a los recortes y a los abusos de la troika. Un abrazote.

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  2. Hola, yo sólo quería comentar que me ha asombrado mucho tu comentario de www.elplural.com de la noticia de Carlotti. Una simple búsqueda en google de 0,3 segundos haría darte cuenta que no han metido la pata como tú aseguras. Carlotti es el capo de Atresmedia (sí, lo fue de T5, hasta el año 2000). El capo de T5 es Paolo Vasile.

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  3. http://es.wikipedia.org/wiki/Maurizio_Carlotti
    Con la fusión de Antena 3 y La Sexta en 2011, nace Atresmedia. Tras la unión de ambos grupos de comunicación, Maurizio Carlotti fue nombrado uno de los vicepresidentes de Atresmedia

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  4. Pido disculpas por el error. Lo que no entiendo es que se me responda aquí y no en Facebook o en El Plural, que es donde dejé el comentario que no se ha publicado.

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