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La derecha aprovecha el crimen de Isabel Carrasco para criminalizar a la izquierda y pedir la censura de redes sociales.



A la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, la asesinaron dos militantes del PP por motivos que aún no están claros. Se especula sobre si la causa fueron los problemas laborales de Montserrat Triana Martínez, despedida por Carrasco, o si detrás hubo también un asunto pasional que sugería algo más que amistad entre la presidenta de la Diputación leonesa con el padre de la joven detenida junto a su madre, Montserrat González, por un asesinato, que como todos, no tiene justificación. 
 
Sin embargo, un suceso motivado por cuestiones personales, y entre gente de la misma ideología o del mismo partido, el PP, fue convertido por la derecha a las pocas horas del suceso en una criminalización de los grupos de izquierdas, de aquellos que muestran su justificado descontento con una clase política como poco, ineficaz y con frecuencia, corrupta. Y de persecución de las redes sociales, sobre las que el Ministro del Interior ya anuncia, aprovechando que el Bernesga pasa por Astorga, una investigación sobre algunos Twiter que puedan ser constitutivos de delito, como si un comentario, aunque sea de mal gusto, fuese un arma criminal. Aunque nada dijo el Ministro de investigar las acusaciones injustas y torticeras vertidas en las mismas redes sociales contra colectivos ciudadanos o periodistas de izquierdas por la prensa cavernaria o algunos trols de la extrema derecha. 

Los periódicos de la caverna, como El Mundo o el ABC, aprovecharon el asesinato de Isabel Carrasco para cargar contra lo que atribuyen a un ambiente de crispación en el país y la “animadversión y deslegitimación de los miembros de la clase política”. Como si las autoras del crimen cometido en Astorga no hubieran tenido otra causa que no obedeciera a enfrentamientos personales entre sujetos de una misma ideología. La extremista Isabel San Sebastián fue de las primeras en dar la nota en Twiter, al afirmar: ‘El asesinato de Isabel Carrasco no es una venganza personal, sino vinculada al cargo. Quienes defienden los escraches personales tomen nota!’. 

No fue la única, porque a lo largo de la tarde Hermann Tertsch acusaba al Gran Wyoming de ser uno ‘de los descerebrados que celebran el asesinato de Carrasco’, el impresentable Salvador Sostres la emprendió contra Ada Colau y los críticos con el sistema por ‘crear un caldo de cultivo que motiva asesinatos como el de Carrasco’. Por su parte, el responsable de las redes sociales del PP de València, un experto en provocar, intentó sacar rédito político insinuando que una campaña de odio podría haber influido en lo sucedido y señaló directamente a la revista El Jueves. A esa deriva se sumaron también políticos del PP, tan incontinentes como la alcaldesa de València que, después de reconocer que el asesinato de Carrasco no tenía nada que ver, la emprendió igualmente contra los que fomentan el desprestigio de los políticos y la democracia. Como si no fuesen los corruptos del PPCV los responsables de desprestigiar la política y una falsa democracia. 

Alegrarse de la muerte de alguien es de muy mal gusto, resulta antiestético manifestarlo, pero pretender que expresar una opinión, por inadecuada que parezca a los biempensantes, es constitutivo de delito y acreedor a penas de cárcel, es dar un paso más en la deriva de represión de un Gobierno que quiere dejar sin voz a la ciudadanía. Fernández Díaz parece pretender dejar en mantillas al Gobierno chino o al primer ministro turco, Erdogan, a la hora de censurar las redes sociales. Pretender que se deje de criticar a un personaje público por el hecho de que fuese víctima de un acto violento es un modo de hipocresía social. Isabel Carrasco practicaba el caciquismo en León, acaparaba sueldos y cargos, cobraba cerca de 160.000 euros al año por todos ellos y, excepto su familia, nadie puede pretender que se la considerase una santa solo por el hecho de que dos locas disparasen contra ella.

Cabe preguntarse quiénes son los que crispan, los que criminalizan y los que señalan. No son los ciudadanos que reclaman justicia y democracia, ni siquiera aquellos que puedan expresarse de forma políticamente incorrecta en las redes sociales. Quienes buscan crispar la sociedad son los que se agarran a un clavo ardiendo para desprestigiar y difamar, estos sí impunemente, a quienes no piensan como ellos. 

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Comentarios

  1. El Estado es una empresa, lo unico que la diferencia de ser publica o privada, es su uso, si regula para todos, es publica, si regula para unos pocos es privada.
    La constitucion es una ley que reconoce muchos derechos inherentes al hombre, por tanto el hombre (mujer) por el hecho de nacer, tiene dichos derechos, lo que pasa es que la gente acepta que la unica realidad esos derechos se respetarian dentro del Estado, y como la gente no es critica ni piensa, entonces traga.
    Y traga y acepta leyes represivas, que son ilegales, y privadas (hechas por el estado para protegerse a si mismo).
    A la unica persona que el estado podrian hacer algo es a tu hombre de paja, con nombre, apellidos y DNI,
    http://laovejavaliente.wordpress.com/2014/05/12/el-hombre-de-paja-o-ficcion-legal/ , lo que pasa es que la gente, es decirla que vienen en "nombre" de la ley, y se cree la mentira. Hay leyes que se aplican a las personas, y ha leyes que se aplican al hombre de paja. Siempre y cuando no hagan daño fisico a otra persona, porque son agentes de la ley y del rey (han jurado la constitucion, y al rey, luego solo pueden actuar en supuestos que se incumpla la constitucion o lo que diga el rey).

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