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Juan Luis Cebrián y El País: Del pacto PP-PSOE al sometimiento a los poderes fácticos.



El runrún de un pacto PP-PSOE anda circulando por los cenáculos políticos y periodísticos desde hace meses. El expresidente González lo avalaba en una entrevista concedida a Ana Pastor en el programa ‘El objetivo’. Unas horas antes el candidato al Parlamento europeo, Arias Cañete, también sugería la posibilidad de un pacto que desde las bases del PSOE suena a disparate y que, sin duda, puede suponer la puntilla a las expectativas electorales de ese partido que, por mucho que se hayan empeñado en creer lo contrario distintos dirigentes, siempre se nutrió de los votos de los progresistas y jamás de los votantes de centro. 
 
El director del digital Infolibre, Jesús Maraña, viene manteniendo que, de la posibilidad de ese pacto, se habla desde hace meses y que uno de sus impulsores es Juan Luis Cebrián, presidente de Prisa, que hace pocas semanas aseguraba que jamás fue de izquierdas, como si hubiese sido necesario ese aserto conociendo su trayectoria. Maraña sostiene que los poderes fácticos, de los que Cebrián forma parte, estarían interesados en la perpetuación de un bipartidismo que cerrase la puerta a cualquier aventura de cambio en el panorama político que pudiese abrir las puertas a coaliciones ‘a la andaluza’ que inquietan sobremanera a los poderes económicos. O aún peor, que los pequeños partidos que parecen emerger con fuerza en la campaña de las europeas, pudieran, en futuras elecciones generales, convertirse en bisagras que facilitaran el acceso al poder de las fuerzas progresistas.

Es mucho lo que podrían perder esos poderes fácticos formados por la oligarquía financiera, las grandes fortunas e incluso la secta católica, las fuerzas de la reacción que ahora viven horas confortables gracias a un Gobierno, como el PP, totalmente a su servicio. Un pacto PP-PSOE garantizaría una absoluta estabilidad tal como la entienden esas fuerzas, dado que, de prestarse a esa operación ‘de Estado’, los socialistas firmarían el acta de defunción de su partido, por mucho empeño que los poderes fácticos quieran mantener un bipartidismo en el que ninguno de las dos formaciones que se alternan en el poder les cause problemas. 

Y aunque el secretario general de los socialistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, aseguró que en tanto que él sea Secretario General no se dará jamás una coalición ‘a la alemana’ con el PP, es significativo que en la presente campaña para las europeas haya desaparecido de la polémica un asunto como el de la corrupción, que tanto inquieta a los ciudadanos y que nadie mencione en los mítines del PSOE el escandaloso asunto del extesorero Bárcenas, los sobresueldos de los dirigentes del PP o el dinero negro con el que se abonó la reforma de la sede de los populares en Génova 13. 

La suave campaña electoral, en la que no se están oyendo acerbas críticas a las decisiones gubernamentales o a los escándalos de corrupción, hace pensar en la posibilidad de que la dirección del PSOE haya caído en la tentación de una coalición a la alemana, propugnada por, entre otros, el presidente González, que cuando gobernaba siempre estuvo muy pendiente de los dictados que salían de la calle Miguel Yuste –sede de el diario El País- para tomar decisiones. De prosperar lo que desde las bases del PSOE y desde el sector progresista de la ciudadanía se ve como un contradiós, el partido fundado por Pablo Iglesias estaría abocado, si no a la desaparición, a una pérdida de votos que lo dejaría en una posición de debilidad que haría imposible la alternancia de poder, que quedaría para los restos en manos del PP porque la abstención de los descontentos con el socialismo llevaría a que se afianzasen las mayorías populares dada la atomización de los partidos de izquierdas. 

Que Juan Luis Cebrián participe en esa maniobra no extraña a nadie, dado que desde el fallecimiento de Jesús Polanco, inició un giro hacía la derecha de los medios de Prisa que se constata continuamente, como se deduce de la lectura de sus noticias, o de la ausencia de información sobre asuntos como el de la corrupción desde hace meses. Así, hoy, cuando medios como Público o La Sexta, entre otros, daban la noticia de que la investigación del caso Bárcenas había descubierto un tercer personaje, posiblemente alto cargo del PP, como titular de otras seis cuentas en Suiza, El País omitía por completo esa información, no solo en la portada digital, sino en su sección de información política.

Otro asunto que da cuenta de la postura de sometimiento de Cebrián al poder, ya sea del Gobierno, los poderes fácticos o la Casa Real, es el del cese del corresponsal en Marruecos, Ignacio Cembrero, uno de los mejores especialistas en el Magreb que durante los últimos quince años informó a los lectores de El País sobre esos complicados territorios, que fue fulminantemente apartado de su puesto sin explicaciones, aunque el propio afectado considera que su expulsión está relacionada con las protestas ante el Gobierno español por parte del de Marruecos a causa de sus artículos publicados en el diario de Prisa. El cese de Cembrero fue objeto de atención por parte de los principales medios internacionales que se hicieron eco con asombro del cese del periodista a causa de las presiones del reino alauí, aunque, ni el diario El País diese explicaciones, ni el resto de medios información sobre un cese lamentable, por el sometimiento que supone por parte de ese importante diario a las presiones de un reino en el que la democracia no es que brille con esplendor.  

Es posible que la postura tomada por Cebrián en los últimos meses, tanto la maniobra de intentar hundir al PSOE fomentando un pacto con el PP, que solo beneficiaría a ese partido y hundiría absolutamente a los socialistas, como su sometimiento a los deseos de la monarquía marroquí, impuesta bien por el Gobierno, bien por la Casa Real unida al rey Hassan II por una íntima amistad, o la ausencia de información en sus páginas de los escándalos de corrupción protagonizados por el PP –porque sobre los ERES de Andalucía informa con profusión- tenga su origen en el apoyo de Soraya Sáenz de Santamaría a la hora de renegociar con los bancos la enorme deuda de tres mil millones de El País.
En cualquier caso, y mientras el pueblo pueda, al menos, hacer uso de las urnas cada cuatro años, los deseos, maniobras, conspiraciones e intentos de perpetuar un bipartidismo que solo beneficia a la oligarquía, podrá romperse si la ciudadanía acude masivamente a votar a esos pequeños partidos que tan preocupado tienen al Presidente Raxoi en la campaña de las europeas. 

Tanto en las elecciones al parlamento europeo, como en los futuros comicios municipales y generales, los ciudadanos tienen en su mano acabar con conspiraciones, presiones de la oligarquía, intentos de perpetuar en el poder al PP por la vía de hacer desaparecer al PSOE y cuantas maniobras se tramen, si acude masivamente a las urnas. 

Porque la abstención supone el suicidio de la libertad de un pueblo.  
   
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Comentarios

  1. Gran frase la tuya, querida Luisa:"Porque la abstención supone el suicidio de la libertad de un pueblo".
    Con eso dices todo y algo más.
    Un abrazo

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