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Elecciones europeas: Pero ¿de verdad va alguien a votar al PP?






Las encuestas, tanto las interesadas como las, en apariencia, menos manipuladas, dan como ganador de las elecciones europeas al PP. Resulta sorprendente que el electorado pueda favorecer a un partido que, desde que llegó al poder, no hace sino perpetrar tropelías contra la población. Desde los recortes infames a la corrupción, desde su tolerancia con la oligarquía del dinero a su represión contra los ciudadanos de a pie, todas las decisiones del Gobierno parecen orientadas a perjudicar al pueblo. Por lo que, una de dos, o las encuestas se equivocan garrafalmente, o el pueblo español es masoquista o está desinformado. Desde el Presidente del Gobierno a los altos cargos designados por el PP, o la banca impune protegida desde el Ejecutivo, el país entero es un gran patio de Monipodio donde los poderosos abusan sin límites de sus privilegios, amparados por un Gobierno al que solo le interesa beneficiar a la oligarquía. 
 
Basta echar un somero vistazo a los titulares de prensa cualquier día para descubrir hasta qué extremos el Ejecutivo solo está interesado en proteger a bancos y grandes empresas. A los suyos y a la secta católica. El resto, los millones de ciudadanos que trabajan, si pueden, cobran sueldos de miseria en trabajos precarios, gracias a la reforma laboral del PP, malviven sin prestaciones sociales, o las perciben de miseria, con una asistencia sanitaria cada vez peor, ven como sus hijos, o son adoctrinados en colegios concertados de la secta católica, o sufren una Educación Pública intencionadamente recortada, padecen vejaciones y abusos policiales en las manifestaciones; somos todos carne de cañón para un partido que es hijo ideológico de una dictadura fascista que nunca se fue del todo gracias al ‘milagro’ de la Transición. 

Aunque pocos ciudadanos tienen ya duda de que el PP se financió ilegalmente, que sus dirigentes cobraron sobresueldos y que las abultadas cuentas halladas en paraísos fiscales de medio mundo no son solo de Bárcenas, sino de todo el partido, los jueces no actúan con contundencia, la prensa no explica con precisión esos latrocinios, porque nadie se atreve a decir lo que tendrían que saber todos los ciudadanos: que el PP, más que un partido político, es una asociación para delinquir, para quedarse con dinero público, creando una red de clientelismos, agradecimientos y mordidas, abundantes mordidas que enriquecen a ellos mismos y sus amigos. Dispone del dinero público a su libre arbitrio, recorta derechos adquiridos a base de décadas de lucha, como la Sanidad, la Educación y los derechos laborales, para derrocharlo en rescates bancarios, subvenciones a la secta católica, gastos suntuarios, campañas de propaganda y contratos públicos otorgados a sus amigos.

Desde los grandes asuntos, como la regresión que supone la LOMCE, la reforma de la ley de aborto, la desaparición de la Justicia Universal, las ilegalidades carentes de humanidad con los inmigrantes –ayer, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado denunciaba “la impunidad” con la que el Ministerio del Interior "se salta" la legislación nacional e internacional en materia de asilo en un informe que analiza el grado de cumplimiento en España de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que revela violaciones, deficiencias y malas prácticas en protección internacional-, los cuatro millones de parados sin prestaciones, o la corrupción impune -más de cien imputados solo en el País Valencià- y suma y sigue, los actos de nepotismo y los abusos que podrían calificarse como anecdóticos, todos reflejan el carácter de los integrantes del PP.

Si ayer se conocía un mensaje de los populares malagueños instando a sus simpatizantes a acudir a sus mítines "sí o sí", y advirtiendo que se habían abierto las listas para optar a trabajos en el municipio, cosa que el PP negó, denunciando a la Junta Electoral la difusión, como que estaba manipulado -cuando en realidad la práctica es hábito en las filas de ese partido-, hoy se conocía que en el Ayuntamiento de Cadiar, en Granada, una mujer, víctima de malos tratos y con cinco hijos, fue descartada de poder lograr una vivienda social, porque de las tres que tenía el consistorio de esa localidad, la que podría haber sido para ella le fue adjudicada a la madre de un militante del PP. 

Otro hecho anecdótico que revela la idiosincrasia de los gobernantes de esa formación fue el protagonizado por el director general de Vigilancia de la Circulación del Ayuntamiento de Madrid, Miguel Ángel Rodríguez, responsable político de los agentes de movilidad y de las multas de tráfico, quien reconoció que ordenó devolver a su conductor, el torero José Miguel Arroyo, Joselito, un coche llevado por la grúa de forma justificada al depósito municipal por haberlo aparcado en una plaza para minusválidos. Lo hizo tras recibir una llamada, de la que no quiso dar ningún dato, según admitió posteriormente en la Comisión de Movilidad a preguntas de ediles de la oposición. Es significativo que un alto cargo del PP madrileño hiciera gala de su desprecio por los conductores discapacitados, poniendo de manifiesto, a la par, su simpatía por un protagonista de la salvajada patria por excelencia, a la que Gobierno y CCAA regalan dinero público que hurtan a Educación, Sanidad y Prestaciones Sociales. Porque el sentido de la humanidad es algo ajeno a los populares. 

Lo demuestra con la Ley de Dependencia, de la que se conocen a diario casos sangrantes de injustos abandonos de personas, muchas veces niños, a los que se niegan ayudas imprescindibles. Y lo demostraron descaradamente los concejales del Ayuntamiento de Toledo al abandonar el Pleno cuando los padres de niños con cáncer exigían más médicos y mejores tratamientos en el Hospital de esa ciudad. Y lo demostró, aun con mayor desfachatez, uno de esos concejales que, según denunció uno de esos padres en situación estremecedora, cuando se dirigió a uno de ellos, obtuvo la respuesta de que su problema no le interesaba ni le importaba. 

¿Cómo van a interesarle los dramas humanos de los ciudadanos, si es el propio Gobierno del PP el causante de la mayoría de ellos, por más que lo niegue con la actitud desaprensiva propia de los trileros? Y así, la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, afirma que ‘se ve la alegría en las calles’, pese a los miles de personas que viven en ella o buscan alimentos en las basura, el segundo en la lista de las Europeas aseguró, sin que se le cayese a pedazos su cara de cemento, que se están creando siete mil empleos diarios, cuando la encuesta de la EPA demuestra todo lo contrario, practicando así unos y otros, una vez más y de forma reiterada, su habitual tendencia a la falacia y a la mendacidad.  

¿Y para qué hablar del capítulo de libertades formales? El PP actúa en ese ámbito de forma similar a la que se comportan los dictadorzuelos de repúblicas bananeras, y así, la ley de ‘Seguridad Ciudadana’, una auténtica ley mordaza, está pensada para reprimir y sojuzgar a la ciudadanía. Las modificaciones del Código Penal en materia de derechos de los informadores –que limitan, entre otros asuntos, la libertad de hacerlo sobre casos de corrupción- o la obsesión recién advenida al Ministro de Interior, Jorge Fernández, con las redes sociales, quien, en recientes declaraciones, manifestaba, con un lenguaje que retrata sus inclinaciones ideológicas, que había que ‘limpiarlas’, son buena prueba de ello. La limitación de derechos, la manipulación de los medios, la persecución de periodistas que no somos afines al gobierno, enviándonos al paro y a la miseria, su actitud de incumplimiento de las resoluciones de la ONU respecto a los crímenes del franquismo y las desapariciones forzosas que perpetró, son la fotografía de un partido corrupto, insensible a los dramas de los ciudadanos, represor y defensor de la dictadura. 

¿Se puede votar a un partido así para que nos represente en Europa? Y que no se olvide: abstenerse es ni más ni menos que dar votos a una formación corrupta, insensible a los dramas de la gente, represora, amiga de la oligarquía, de la secta católica y de sus sobresueldos. Los ciudadanos existimos solo para ser utilizados en el sentido que convenga a los más ricos y más poderosos, PP mediante.

Ahora absténganse o voten al PP, ajenos al error que cometen, O vendándose los ojos y tapando la nariz.


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Comentarios

  1. Querida Luisa, está todo dicho perfectamente por este artículo tuyo, con lo cual lo único que puedo decir es que no entiendo como es posible que la intención de voto en las encuestas sigan saliendo ganadores esta caterva de sinvergüenzas del Partido Popular. De verdad que no lo entiendo.

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