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Raxoi y Rubalcaba: Haciendo amigos en Catalunya


 
En 1999, Esquerra republicana de Catalunya consiguió 12 escaños en las elecciones al Parlamento Catalán, en 2003, solo cuatro años después, casi duplicaba el resultado, obtuvo 23 representantes, y meses antes, ya había dado un gran salto electoral en las municipales de ese mismo año. ¿Qué llevó a los catalanes a votar al partido independentista, republicano y de izquierdas? Son muchos lo que interpretaron que aquella subida del nacionalismo de izquierdas se debía al Gobierno de Aznar y al anticatalanismo de la derecha. 
 
 El PP, con Raxoi al frente, concitó la enemistad de los catalanes antes de llegar al poder, cuando su partido presentó un recurso contra el Estatut aprobado por los catalanes en el referéndum celebrado un mes antes. Desde que el PP llegó al Gobierno, algunos ministros se dedicaron a hacer amigos en Catalunya, como el impresentable Wert, cuando dijo aquello de que había que ‘españolizar a los niños catalanes’. Ayer, en el Congreso de los Diputados, con el rechazo mayoritario protagonizado por el PP y el PSOE contra la posibilidad de que los catalanes se pronuncien en referéndum sobre su independencia, los líderes de ambos partidos profundizaron más aun, si cabe, en la brecha entre Catalunya y España. El argumento de que nada puede hacerse, la Constitución no lo permite, no es sino una falacia o una excusa de mal pagador. ¿No se modificó en menos de veinticuatro horas cuando el PSOE y el PP se pusieron de acuerdo para aprobar el artículo 135, que puso el bienestar y los derechos de los españoles en manos de la UE y la banca? 

 En la historia de este problema, la divergencia entre Catalunya y España, o entre los independentistas catalanes y los centralistas españoles, existe una larga sucesión de falacias y agravios que los dos grandes partidos no parecen querer solucionar, sino más bien agravar. Son torpes los dirigentes del PP y del PSOE, tanto como lo son los representantes de esa prensa cavernaria que sigue clamando por la unidad de una patria que solo existe desde hace trescientos años, impuesta con cañones y la sangre derramada de los catalanes.  

Durante los últimos años, los catalanes fueron objeto de las iras de la prensa cavernaria, de los ultraespañolistas, que lanzaron incluso campañas contra el cava catalán. Y es que mientras los catalanes están sujetos y sometidos por la violencia, no se habla de su resistencia, o se la considera inocua, no surge un solo comentario españolista desfavorable, menos, agresivas, o surgen quizá incluso palabras amables y halagadoras a favor de las virtudes o el ingenio del pueblo catalán. Pero en cuanto, por la ausencia del estado de sitio, de guerra, o por la disminución temporal de la opresión política, los catalanes expresan con naturalidad sus reivindicaciones históricas, de inmediato, se escuchan voces que invocan tremendos anatemas contra los anhelos catalanes y que recuerdan hechos violentos del pasado.

 Vamos ahora por esa etapa en la que los catalanes, haciendo uso de la supuesta democracia del Estado español, desean hacer uso de ella, y no existe nada más democrático que el que los ciudadanos muestren sus aspiraciones en un referéndum. El pueblo catalán lo entiende así, al margen de la manipulación que con la independencia pretenda hacer el actual President de la Generalitat, Artur Mas. Los catalanes, y de eso no parecen estar enterados ni Raxoi y Rubalcaba ni todos cuantos claman por la unidad de una España que se fabricó a espadazos y cristazos y en contra de los pueblos que conformaban los diversos reinos, quieren ser independientes porque no se sienten españoles. Y no se sienten españoles porque no se identifican con lo español, en parte porque fue impuesto durante tres siglos, y otra parte por la misma razón que un loro no es gato, o un perro no es un elefante. 

 Los catalanes se sienten distintos. Y lo son. Tendrán sus propios defectos, pero no los de los españoles, al igual que los gallegos o los vascos tienen otra idiosincrasia, pero, sobre todo, tienen una lengua y una cultura distintas que hace que se sientan otro pueblo, bien diferenciado del español. En uno de los muchos foros en el que anoche se debatía sobre el referéndum y el resultado de la aplastante resolución, la de no permitir el referéndum, uno de los foreros, en perfecto castellano –cosa que no haría un españolito que participase en un foro catalán, en el que seguramente entraría como onagro en cacharrería, dando coces a diestro y siniestro por el uso de la lengua propia de los catalanes- explicaba con paciencia las razones por las que quiere una Catalunya independiente.

Entresaco algunos de los párrafos más significativos: “Soy independentista porque creo que la nación son las personas que la formamos. Personas que podemos decidir en cada momento qué queremos ser, sin que nadie nos ponga barreras”. “Soy independentista porque creo que ahora es más difícil arreglar la raquítica democracia española que no diseñar de cabeza y de nuevo una nueva república con leyes electorales dignas, con una justicia independiente, con balances sólidos contra el exceso de poder, con justicia social para todos”. “Soy independentista porque creo que mi país, es tan bueno o tan malo como cualquier otro. No me siento superior a nadie, pero tampoco inferior. Porque creo que tengo la responsabilidad ante el mundo de conservar y dignificar mi lengua y mi cultura. Y está visto que no puedo hacerlo sin un estado”. “Soy independentista porque no quiero escuchar más excusas para no tener un país mejor. No quiero llorar ni quejarme, ni echar la culpa a los demás. Quiero ser responsable de todo lo que hago y culparme de lo que no hago bien. Porque esta sociedad necesita una catarsis. Una limpieza a fondo que nos libre de intereses, corruptelas, ladrones y vividores. Un cambio de régimen”.”Soy independentista porque ya toca. Porque hace trescientos años largos que muchas personas han resistido aquí, donde vivo, desde Almansa. Porque sufrieron demasiado. Porque demasiada gente que hicieron de Cataluña un lugar maravilloso se fue de este mundo, soñando que llegaría este día y se lo debo, y aunque mis antepasados no hubieran nacido aquí. Porque, cuando lo consigamos, finalmente habrá llegado la ruptura, aquella ruptura con el régimen franquista que reclamábamos juntos en las calles en los años setenta y que tan rápidamente muchos olvidaron”. “Soy independentista porque quiero un país lleno de colores, culturas, religiones y lenguas diversas. Una tierra donde no preguntamos a nadie de dónde viene, sino si quiere venir con nosotros, tal como hemos hecho siempre”.

 La verdad es que, leyéndolo, dan ganas de hacerse independentista. Porque, seamos sinceros, ¿cuántos de nosotros no querríamos un país como el que dibuja ese forero, en lugar de esta Ejpaña llena de dogmáticos, de beatos, de represores, de clasistas, de pícaros, es decir, de nostálgicos del franquismo y tan incultos, zafios y brutales como los que nos gobiernan?

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Comentarios

  1. No es que sea genial es de una profesionalidad aplastante de una periodista fabulosa como lo demuestras todos los días. Muchas gracias Luisa.
    Me entran ganas de ser independiente.

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