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La muerte de Gabo y las miserias de la prensa española.



García Márquez, cronista excepcional, además de grandísimo literato, que decía que “el periodismo es el mejor oficio del mundo”, ya alertaba en 1996 sobre el daño que puede causar: “Nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio”, y aludía a las “manipulaciones malignas”, los “equívocos inocentes o deliberados”, “los agravios impunes” y las “tergiversaciones venenosas”. Conocía bien el genio de la literatura las miserias de ese mejor oficio del mundo, que lo es a pesar de quienes lo envilecen. Y en este absurdo país, en el que se dice que la envidia es uno de sus pecados, o defectos inmisericordes para los no creyentes, sus miserias se ponen en evidencia con cualquier motivo. Y lo han hecho con motivo del fallecimiento del genio padre de José Arcadio Buendía. 
 
Desde los patinazos torpes a la hora de titular, a la insidia descalificadora de algunos medios cavernarios, de todo hay en las crónicas sobre la desaparición de unos de los mejores literatos de los últimos cien años. Se puede mencionar, entre otros patinazos, que sin duda harían sonrojar de alipori al genio de Aracataca, la torpeza de El País, en el que ya parece notarse ya la influencia de su becaria subdirectora, que se permitió un encabezamiento a un artículo tan necio, inadmisible y cursi como el siguiente: “Homenaje planetario a García Márquez”.

El artículo lo firma Juan Diego Quesada desde México, aunque cualquiera que haya trabajado en prensa sabe que los titulares suelen ser cosa de las redacciones donde se cuadran en la maqueta, con el visto bueno de los mandamases. Ese ‘homenaje planetario’ tiene toda la impronta de alguien poco avezado en las lides del periodismo y de las crónicas que el maestro García Márquez consideraba la esencia del periodismo. Ese ‘homenaje planetario’, tan cursi y pazguato, ha hecho recordar a esta bloguera una anécdota vivida, y sobre todo sufrida, a causa de la incompetencia de una becaria tan emprendedora como estulta. Había enviado a la redacción la crónica de una pintora y poetisa iraní, residente en el País valencià, que denunciaba la opresión de las mujeres en Irán por parte de los ayatolás y sus esbirros. Daba cuenta de sus añoranzas para explicar que le resultaba imposible retornar a él, dada la brutal represión que se ejercía, y lamentablemente se sigue ejerciendo, en el Irán dominado por una teocracia reaccionaria (disculpen el pleonasmo).  

La crónica intentaba transmitir el dolor y la impotencia de la exiliada artista, que invocaba los paisajes y las gentes de su infancia con quienes resulta imposible el reencuentro. Cuando el artículo cayó en manos de la patosa becaria, a la que recordé  al leer el amanerado titular de El País, no tuvo mejor idea que borrar las primeras frases de la crónica para comenzarla con un ‘en el marco incomparable del Irán’. El ‘homenaje planetario’ es similar a aquel horrible ‘marco incomparable del Irán’. Resulta curioso que la redacción de El País haya utilizado una palabra que a tanta burla dio lugar cuando la empleó la inefable Leire Pajín al hablar de un encuentro entre Zapatero y Obama, calificándolo igualmente de acontecimiento planetario, lo que dio lugar, inevitablemente, a no pocas burlas y pitorreos.

Mas el lerdo y ridículo titular de El País, que lo único que hace es poner en evidencia la mediocridad a la que se encamina ese diario, paralela a su deriva a la derecha, y que, al poner como subdirección de la otrora independiente cabecera a una becaria de pocas luces pero mucha inclinación a loar al PP y al presidente del Gobierno, lanzándose por una pendiente de desprestigio, no es lo más grave o bochornoso que ha producido la prensa patria con motivo de la desaparición de Gabo. 

Porque si El País no llegó a atreverse a verter la menor censura sobre sus opiniones políticas, no han hecho lo mismo medios de la caverna, cayeron en la ridícula abyección de aspirar a denunciarlos, y que evidencian la catadura de algunos plumíferos que hacen que dé asco pertenecer a la misma profesión que ellos, por mucho que se busque el consuelo en pensar que no, que no se trata del mismo oficio, porque los autores de tales desmesuras son cualquier cosa menos periodistas. 

Así, el impresentable Alfonso Rojo, director de un bodrio virtual llamado ‘Periodismo Digital’ tuvo la desvergüenza de colocar un subtitular en la noticia de la muerte del Premio Nobel colombiano en el que se leía: “Muere Gabriel García Márquez un genio de la literatura universal y un sectario de la política latinoamericana”. No fue el único en aludir a la ideología del genio literario para criticarlo; y es que la derecha no perdona que el gran literato mantuviese hasta su fallecimiento una estrecha amistad con Fidel Castro –que por cierto y al margen de consideraciones sobre el régimen cubano que critica con obsesión la derecha, que no lo hace con dictaduras como la china porque esa les reporta substanciosos negocios, ha publicado en Gramma un precioso artículo sobre el escritor: http://www.granma.cu/cultura/2014-04-17/la-novela-de-sus-recuerdos - y un posicionamiento insobornable contra las injusticias del capitalismo. El insoportable Marhuenda también aludió en La Razón a la amistad de García Márquez con Castro, como un desdoro para el autor de El coronel no tiene quien le escriba

La despreciable prensa de derechas no pudo abstenerse de las críticas a la ideología de Gabo, como si esta supusiera un baldón para su genialidad. Las críticas despreciables de una prensa sin categoría moral y ética, presa de “equívocos inocentes o deliberados”, “los agravios impunes” y las “tergiversaciones venenosas”, a las que aludía el maestro de periodistas y literatos, se ha puesto en evidencia con motivo del fallecimiento del autor de La increíble y triste historia de la cándida Erendira y su abuela desalmada.

Está claro que la caverna mediática prefiere a otros genios de la literatura, mismamente como José María Pemán.          
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