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La fea costumbre de los neocon de tocar las pelotas a los trabajadores.



Los empresarios neocon, defensores del capitalismo salvaje y el esclavismo se caracterizan, además de por su condición de ávidos explotadores que querrían ver a los trabajadores cargados de cadenas y trabajando gratis para recibir ellos más dividendos, por ser tocapelotas profesionales. Atributo este que, todo hay que decirlo, comparten con los políticos de la derecha. La moda de los empresarios neocon y los políticos del PP viene siendo, desde que estalló la crisis, culpar a la clase trabajadora, o al proletariado que vuelve a ser la otrora clase media. 
 
Primero dijeron que la crisis era consecuencia de que se había vivido por encima de nuestras posibilidades. Y cuando se demostró que lo que sucedió fue que muchos banqueros robaron por encima de sus posibilidades y muy por encima de los bolsillos de la ciudadanía, cambiaron el discurso para afirmar que el problema de la crisis estaba en el excesivo gasto que provocan las políticas sociales; la sanidad y las prestaciones que reciben los parados. Cuando la UE recrimina al gobierno y a los empresarios españoles su incapacidad para solucionar los problemas de un paro que es el mayor de todos los países europeos, sobre todo entre los jóvenes, la respuesta de los empresarios neocon, codiciosos y sin alma, es asegurar que los trabajadores son parásitos que viven de la sopa boba de los subsidios, que no quieren trabajar dado que se vive muy bien recibiendo dinero sin hacer nada a cambio. 

Ese aserto podría ser válido si se prescindiese de la ética y si subsidios y prestaciones sociales permitiesen vivir a las familias con dignidad y confortablemente. Mas la realidad y aunque la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol -paradigma de empresaria tocapelotas-, diga que los subsidios españoles son los más elevados de todo el mundo mundial, su aserto constituye una falacia solo comparable a las dimensiones de su cinismo e inhumanidad. Las prestaciones por desempleo de los países del norte de Europa son bastante más altas; los parados pueden llegar a cobrar el 67% de lo percibido en su último trabajo, al contrario que aquí que se reducen en la mayoría de ocasiones al 30%. Cuando no reciben una escasa paga de 426 euros, como parados de larga duración que agotaron las prestaciones. Si la Oriol –el señora ya se le pondrá algún otro día si acaso, de momento no lo merece- considera que 426 euros constituyen una cifra ‘estratosférica’ –hay que ver qué de moda se ha puesto la palabreja-, podría probar a vivir con ellos un mes y luego hablar de si los parados no trabajan porque se puede vivir con esa miseria que no da apenas para pagar el alquiler de una vivienda, los que aún se la puedan permitir y no hayan sido desahuciados.

Caído en poder de la más abyecta política neocon impuesta por un gobierno sometido a empresarios sin ética, y que con frecuencia dan con sus huesos en la cárcel porque son igualmente estafadores y defraudadores al fisco, este país ha visto como las cifras del capital sobrepasan a las del trabajo como en los regímenes dictatoriales de los países tercermundistas donde los tiranuelos se forran explotando al sufrido pueblo; al tiempo la brecha social se ha convertido en una sima y el nivel de pobreza ha aumentado hasta extremos que no se entiende cómo no estalla el conflicto social del que Europa avisa constantemente a los gobernantes españoles, desconocedora quizá de que al españolito común se le contenta rápido con un par de partidos de fútbol, unos cuantos programas de la víscera y dos o tres sucesos contados con detalles truculentos en cualquier cadena televisiva. 

Y mientras en los países civilizados de Europa, aunque estén gobernados por políticos conservadores, aumentaron las prestaciones por paro y las ayudas sociales  a causa de la crisis, en España el gobierno fascistoide de Mariano Raxoi hizo todo lo contario: rebajo prestaciones a todos los grupos vulnerables, con unas políticas no ya antisociales sino sádicas, jaleadas por personajillos como Andrea Fabra, hija y mujer de corruptos, cuando exclamaba en el Congreso aquel ofensivo ‘que se jodan’ refiriéndose a los trabajadores que dejarían de recibir prestaciones. 

La Oriol, al que se podría nombrar tocapelotas especial del mes de abril –dárselo del año sería excesivo teniendo en cuenta la cantidad de candidatos al trofeo- se despachó diciendo que había que bajar el salario mínimo porque existen trabajadores que ‘no sirven para nada y cobran seiscientos euros’. Lo que dice muy poco de la inteligencia de los empresarios, si son tan necios de contratar trabajadores que son unos inútiles. Aunque la realidad es bien diferente, lo que realmente desean los inicuos empresarios españoles es contratar a jóvenes que cuenten como poco con tres carreras y cuatro másteres, y pagarles algo menos del reducido salario mínimo interprofesional; el más bajo de los países de Europa que cuentan con él.

No conforme con su afrenta a los parados a los que llamó parásitos, y a los trabajadores a los que llamó inútiles, Oriol recomendó una subida de impuestos, naturalmente indirectos, ‘tendría que subir el IVA’ afirmó. Se trata del impuesto que pagan por igual millonarios y pobres, si es que en su pobreza pueden ir a una tienda a comprar algo. Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, como todos sus pares es contraria, faltaría más, a que se suban impuestos a las grandes sociedades o las grandes fortunas. Es mejor explotar hasta dejarlo exánime al pueblo mientras ellos sean cada vez son más ricos. 

Los empresarios, crecidos con la llegada del PP al Gobierno, entusiasmados por la muerte del Estado del Bienestar en toda Europa, que agoniza desde que los neocon dejaron de tener miedo al coco del desaparecido comunismo que fue lo que inspiró las políticas socialdemócratas durante la Guerra Fría, en prevención de que la masa trabajadora pusiera pie en pared a los abusos económicos, están produciendo especímenes como la Oriol, que consideran insuficiente una reforma laboral que lo único que ha permitido ha sido que bajaran los salarios y que los trabajadores perdiesen derechos logrados desde hacía más de siglo y medio. Quieren más, más sangre proletaria para bebérsela como los vampiros dicen que se beben las de sus víctimas. El consuelo que queda ante esos empresarios tocapelotas es que sus excesos verbales se cortan en seco cuando la Justicia los pone donde deben estar, como a Díaz Ferrán y otros de su calaña. 

Y la Oriol tal vez no esté muy lejos de pisar cualquier recinto penitenciario si se atiende al hecho de que tan osada patrona es la principal accionista de Seguriber, una de las compañías que controlaban la seguridad en el recinto Madrid Arena donde fallecieron tres jóvenes la madrugada de Halloween de 2012. Miembro de una familia de empresarios franquistas, su abuelo, José Luis de Oriol y Urigüen fue un empresario eléctrico y ferroviario, arquitecto y político español que durante la Guerra Civil apoyó al bando sublevado. Junto con su suegro, Lucas de Urquijo, y el ingeniero Juan Urrutia Zulueta fundó Hidrola -Hidroeléctrica Española, actualmente Iberdrola-, y proporcionó apoyo económico al ingeniero Alejandro Goicoechea para que desarrollase uno de sus proyectos ferroviarios, para lo que fundó la empresa Patentes Talgo en 1942. Hace unos años, los Oriol se asociaron con Lehman para integrar Talgo en el holding Aurum. Lehman Brothers, no hay que olvidarlo fue la financiera que estuvo en el origen de la crisis mundial a causa de las hipotecas subprime.

Con esos antecedentes no es de extrañar que sus genes franquistas y sus peligrosas amistades especuladoras la lleven a hacer declaraciones como las de pasados días. Tampoco sorprendería  que acabase como otros empresarios tocapelotas, como Díaz Ferrán, verbi gratia. Amén. 

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Comentarios

  1. Que acaben todos en la cárcel para siempre. Amén.
    De paso maldigo (amén)a toda esta calaña que tu llamas tocapelotas.

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