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Quo vadis, PSOE?



Si es cierto que las encuestas de intención de voto pintan como quieren, a tenor de quienes las hacen o encargan, coinciden casi todas, independientemente de la ideología de quienes encomendaron su realización, en que, a pesar del batacazo que se le pronostica al PP, el PSOE no remonta, sino que sigue padeciendo una importante sangría de votos. Es de suponer que desde los órganos de dirección de ese partido se estrujan las neuronas preguntándose cómo es que haciéndolo tan sumamente mal como lo hace el PP, recortando en derechos y libertades que ellos aseguran que restituirán si regresan al Gobierno, no consiguen despertar la afección o la confianza de los posibles futuros votantes. 
 
Independientemente de que el pasado pesa, y que muchos ciudadanos no están dispuestos a perdonar el cambio constitucional del artículo 135 que puso los derechos de los españoles a los pies de los caballos para proporcionar seguridad a la voraz banca alemana, la deriva actual del PSOE no lleva a pensar que vaya a protagonizar un cambio ideológico y de actitudes que permita que los votantes sientan confianza y entusiasmo. 

Es verdad que el PSOE anuncia que, de regresar a La Moncloa, desharía cuanta barbaridad está haciendo el PP en materia social, anularía la reforma laboral, restituiría derechos como la ley de plazos del aborto, se cargaría la LOMCE o acabaría con el copago de los jubilados. Mas la gente quiere mucho más del PSOE y este no parece dispuesto a dar un giro radical para volver a ser un partido de izquierdas. 

En la actualidad, con sus decisiones, más parece un apéndice acobardado de la derecha con la que se muestra sumiso, acatando los dictados y chantajes del PP, no se sabe si a causa de inexplicables complejos o porque se sienten cómodos con esa ideología pacata, que en algunos casos ya no es ni de centro, sino un apéndice sonrosado del neoliberalismo en los económico y descaradamente conservador en otros aspectos. 

El último error, hasta el momento, es la torpeza en la resolución del conflicto surgido en Navarra a raíz del descubrimiento por parte de la directora gestora de la Delegación de Hacienda de injerencias intolerables por parte del Gobierno de UPN, el apéndice foral del PP. Su renuncia a presentar una moción de censura contra el Ejecutivo de Yolanda Barcina por no contar con los votos de Bildu supone el sometimiento a las descaradas coacciones del PP. Renunciar al apoyo de un partido legal y democrático, al que el PP criminaliza e identifica con ETA, es someterse a los dictados de una derecha ultramontana e intolerante a la que, de ser de izquierdas, el PSOE debiera ignorar.

En lugar de eso, la Comisión Ejecutiva Federal, obediente con los criterios del PP lanzó un comunicado para dejar claro que prohíbe al Partido Socialista de Navarra presentar una más que justificada moción de censura. En él afirma que: “La Comisión Ejecutiva Federal del PSOE ha  acordado no formalizar la presentación de una moción de censura en el  Parlamento navarro, y no votar a favor de ninguna moción que puedan presentar otros grupos, tras comprobar la imposibilidad de que esa iniciativa pueda salir adelante sin los votos de Bildu.” (sic)

Y para dejar clara la posición del PSOE, su vicesecretaria general, Elena Valenciano, afirmó: No vamos a ir con Bildu ni a la vuelta de la esquina”. Deberían explicar por qué, al margen de que estén obedeciendo a las presiones del PP, dado que Bildu es un partido democrático, legal, con representación en el parlamento foral y por lo tanto exactamente igual que el resto de formaciones de las cortes navarras. 

Cuando lleguen las elecciones se extrañarán si en Navarra pierden tantos votos como se pronostica que perderán en Catalunya, donde están tan cercanos al PP como alejados de la ciudadanía. La postura de la Ejecutiva Federal estuvo a punto de dar lugar a una escisión con el PSC, por su españolismo trasnochado más cercano a las posturas de la derecha que de los criterios de los socialistas catalanes. Otra torpeza que los aleja de los votantes y los acerca al PP. 

Mas no solo las estupideces las comete el PSOE únicamente en el ámbito de los problemas territoriales; su falta de sensibilidad hacia los sentimientos de la gente de izquierdas se pone de manifiesto en la tibieza de su actitud a la hora de apoyar en el Parlamento Europeo la petición de los colectivos de víctimas del franquismo, que presentaron en Bruselas una petición para que la Eurocámara obligue al Gobierno de Raxoi a cumplir el mandato de la ONU de investigar los crímenes cometidos por el régimen fascista del genocida Franco, que dejaron 150.000 desaparecidos, 30.000 niños robados y 2.000 fosas comunes en casi cuatro décadas de dictadura. Muchas de las víctimas de la violencia franquista fueron socialistas, aunque a pesar de ello, los europarlamentarios de ese partido se mantuvieron en un discreto segundo plano, quizá para no molestar a los franquistas del PP, como Jaime Mayor Oreja. 

En su caminar como pollos sin cabeza en la dirección que podría acercarlos de nuevo al electorado, en el PSOE, que cada día es menos socialista y nada obrero, creen que recuperarán la afección de los votantes con la historia de las primarias. Sin asumir que a los ciudadanos no les importa quién dirija un partido, o quien es su candidato, sino qué programa tiene. 

El divorcio existente entre la militancia socialista y los tibios postulados de centro de la dirección, que creen sus actuales líderes se superarán abriendo las primarias a la ciudadanía, crean en los militantes la sensación de que están siendo ninguneados por una dirección que no los toma en cuenta ni para elegir a su líder ni escucha sus iniciativas sobre un futuro programa.

La divergencia entre militantes y dirección, tibiamente socialdemócrata, viene de lejos. Quizá de tan lejos como de cuando Felipe González propugnaba la necesidad de convertir el PSOE en una esponja que absorbiese los deseos de la sociedad, en lugar de educar a esa sociedad en los valores del socialismo. 

Así comenzó la equivocación que en el presente se está poniendo claramente de manifiesto, pero que no hace a la Comisión Ejecutiva caerse del burro del error tremendo que han supuesto unas políticas económicas que se inclinan, no ya a la socialdemocracia, sino descaradamente al neoliberalismo. Desde aquel ‘prefiero morir de una puñalada en Nueva York que de aburrimiento en Moscú’ de Felipe González a la admiración babosa a ideólogos tan neoliberales como Maurice Duverger -que hacía un canto contra la intervención del Estado en la economía en su obra “Los naranjos del lago Balaton”-, el PSOE lleva muchos años renunciando no ya al marxismo, como hizo Felipe González, sino a la socialdemocracia. 

Esa postura, defendida por individuos como Carlos Solchaga o Miguel Boyer, o el propio Felipe González, fue el inicio de un viraje ideológico que ha convertido al PSOE en una fuerza política que ya no representa la posibilidad del cambio social y económico que necesita este país.

El gran error de que el PSOE debía abrirse a posturas de centro, que en la realidad parecen posturas de derechas, ha logrado que millones de ciudadanos de izquierdas dejen de votarlo en tanto la derecha no lo votará jamás por mucho que mantenga una ideología timorata y de sumisión a posiciones conservadoras.

La famosa conferencia de la que su actual secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, proclamó: ¡el PSOE ha vuelto!, no fue sino un fiasco. Como se pudo ver con la divergencia entre la militancia que reclamaba una vuelta al republicanismo del partido y la resolución final aprobada por la Ejecutiva que sigue siendo incongruentemente monárquica. 

Además de su cambio ideológico, que lo hace mantenerse en una tierra de nadie en cuanto a las ideas y el programa, resulta bastante absurdo esa obsesión de ‘abrirse a la sociedad’, en tanto llevan lustros cerrando las puertas a la parte de la sociedad que es militante. Desde hace muchos años las direcciones han ignorado a las Agrupaciones Locales, a las Federaciones  -el caso de Navarra es el último hasta el momento en el que se pone de manifiesto el desprecio y la ignorancia por los deseos de sus afiliados- para ser tan solo una élite de políticos profesionales y profesionalizados, alejados de la ideología socialista, encastillados en erróneas posturas económicas y sociales los que manejan esa formación. 

El PSOE ya no es un partido político en el sentido en el que lo concibieron sus fundadores, es una sociedad anónima formada por una élite dirigente alejada de las ideas de sus militantes y de la ciudadanía de izquierdas. En esa circunstancia, con unos líderes y un aparato encastillado en una ideología desideologizada, de espaldas a la izquierda, el PSOE seguirá perdiendo votos hasta su desaparición. 

Las encuestas ya hablan del sorpasso de IU, pese a las batallas internas de personalismos egoístas, porque a la ciudadanía ya no le valen los presupuestos bipartidistas, y el PSOE no ofrece garantías de hacer unas políticas muy diferentes de las que lleva a cabo el PP en materia económica, por mucho que socialmente mantenga algunas distancias con la derecha. 

La única solución para que el PSOE volviese a ser una fuerza mayoritaria que concitase la confianza y la ilusión de la ciudadanía sería un cambio de ciento ochenta grados en su programa y en sus planteamientos económicos. Para ello tendría que aparecer un líder que pusiese patas arriba el aparato, la ideología, las maneras y los planteamientos, contando con la militancia que sí es de izquierdas, alejándose de los miedos a la derecha y de la absurda creencia de que siendo tibios y centristas conseguirán más votos. 

Mientras no se encuentre ese mirlo blanco el PSOE está abocado al fracaso, cuando no a la desaparició.

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Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo contigo, amiga Luisa. De cabo a rabo.
    Un abrazo

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    1. Gracias Javier, es una pena lo que pasa con el PSOE. Otro abrazo para ti.

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