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Palos, multas e incomunicación: Las actuaciones dictatoriales del Gobierno y la policía con quienes se manifiestan en su contra.



Cincuenta estudiantes detenidos, incomunicados, sin que sus compañeros del Sindicato de Estudiantes puedan proporcionales abogados porque la policía no da información sobre los detenidos, actuando como en la dictadura franquista, echándolos de mala manera de las proximidades de la comisaría de Moratalaz, al tiempo que la Delegación del Gobierno, a cuyo frente está la señora (?)Cifuentes guarda el silencio típico de los regímenes totalitarios, con los mismos hábitos de criminalizar  a los manifestantes, acusándolos de toda clase de atrocidades para justificar el comportamiento ilegal de la policía que, siguiendo las instrucciones del Gobierno, se pasa las garantías constitucionales por el forro de las defensas que algunos agentes quieren ya cambiar por pistolas. 
 
Mientras la policía detenía a cincuenta estudiantes que se habían encerrado en el vicerrectorado de la Universidad Complutense, los antidisturbios se manifestaban en las puertas de la misma comisaría donde retienen ilegalmente a los jóvenes -en lucha por una Enseñanza Pública de calidad y un futuro digno-, para reclamar la dimisión de sus mandos y cargos políticos, y contra los violentos reales o imaginarios, tan imaginarios como las armas que no portaban, por cierto -pero de alguna manera han de alimentar su odio-, a los que consideran que no pudieron perseguir con la contundencia que ellos ansiaban.

Lo cierto es que la raíz de la protesta de los antidisturbios está en que, en la manifestación de la Marcha por la Dignidad, los responsables políticos no les dieron la carta blanca con la que están acostumbrados a contar desde que gobierna el PP, dado que las denuncias por abusos policiales se multiplicaron desde que Raxoi llegó a La Moncloa y Fernández al Ministerio del Interior. Los agentes heridos en esa manifestación le echaron mucho teatro, presentándose en ella con vendas y escayolas, a pesar de que las heridas atendidas por los Servicios de Emergencia fueron consideradas leves o muy leves. 

A ellos nadie los reprimió ni multó por cortar la calle o por gritar contra el Gobierno, porque ellos mismos no se iban a reprimir, y otras fuerzas policiales, como la Policía Municipal no se atrevió a disolverlos, conscientes de su violencia y chulería. Ni los políticos del PP se atreven a dictar sanciones contra ellos. Como todos los cobardes, son agresivos con los indefensos pero mansos con quienes son más fuertes que ellos, por mucho que protagonicen episodios intolerables en un régimen democrático. 

El problema surgido en el seno de las Unidades de Intervención Policial –creadas en 1989 por aquel nefasto ministro del Interior que fue José Luis Corcuera, el de la patada en la puerta del Gobierno de Felipe González- no es otro que su rabia por no haber podido usar más pelotas de goma y más botes de humo que los que utilizaron el sábado por la noche, dado que siempre han estado formadas por agentes extremadamente violentos y prepotentes que han dado lugar en numerosas ocasiones a denuncias por violencia policial que hizo que Amnistía Internacional reprochase su proceder en la manifestación Rodea el Congreso en los días 25 y 29  de septiembre de 2012, por considerar que habían protagonizado episodios de arbitrariedad, agresiones a periodistas, falta de identificación y abuso de fuerza. 

Protegidos por un Gobierno fascistoide y que desea sobre todo acallar la voz del pueblo para poder argumentar que todo lo que hace es bien visto por la ciudadanía, justificados en su proceder en numerosas ocasiones, los miembros de la UIP se han crecido y revolucionado al primer contratiempo con el que han topado en el desarrollo de su violencia, justificada en que la llevan a cabo para ‘mantener el orden público’. Orden público que el actual Gobierno de Raxoi provoca que se rompa a base de criminalizar y desprestigiar a la ciudadanía que se manifiesta libre y pacíficamente para protestar por sus políticas arbitrarias e injustas. La criminalización de los manifestantes, las multas excesivas e injustas contra los organizadores de las Marchas de la Dignidad se corresponden a una bien estudiada táctica del miedo, tan cara a los regímenes dictatoriales. 

En un país en el que los recortes y las leyes injustas de un gobierno de derechas ha empobrecido a la población hasta alcanzar al 28% de la ciudadanía, con seis millones de parados, cada vez más carga impositiva, una enseñanza deficiente y puesta en manos de la secta católica, la sanidad recortada, hurtada y privatizada, y las libertades constreñidas, lo único que sabe hacer el Gobierno es seguir la táctica de la falacia, manipular a través de los medios afines, criminalizando y descalificando a quienes quieren hacer oír su voz y su protesta. Así los manifestantes del 15M eran para el fascista Gobierno del PP, perrosflauta y antisistema, los integrantes de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca el entorno de ETA, y los integrantes de la Marcha de la Dignidad antisistema, nazis, de extrema izquierda y violentos. 

En tanto que los medios sometidos, o chantajeados, por el poder se dedican a seguir el juego de la mentira y el desprestigio de los manifestantes de cualesquiera protestas enfocadas a recuperar derechos y dignidad, hay que entender que con esa actitud, al tiempo, intentan ocultar con idéntico ahínco la corrupción y la arbitrariedad con el objeto de que la ciudadanía no reaccione ante los abusos de un Gobierno vendido a la troika, a los especuladores, a la secta católica y a los nostálgicos de la dictadura. 

Y cuando, a pesar de la manipulación mediática, el pueblo sale a la calle a mostrar su disconformidad con las políticas de un Ejecutivo que llegó al poder mintiendo y manipulando, jugando con ventaja corrupta en las campañas electorales, los responsables de ese Gobierno se dedican a criminalizar y desprestigiar, asustar y reprimir, multar e ignorar la importancia de las protestas. 

De poco le va a servir si el pueblo toma conciencia de que no se puede permitir tanto abuso y tanta represión. Por mucho que la policía se manifiesta para que la dejen ser más brutal de lo que es habitualmente. 


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Comentarios

  1. Gracias Luisa, tus crónicas son las únicas que dicen la verdad de la situación de España.
    Gracias

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  2. Me impresiona ver la talla de quien escribe con tanta mastria,, esta claro que eres una gran profesional que te mereces estar entre los mejores reporteros,,, eres estupenda,, y espero que tegas tu oportunidad en un trabajo digno ,, que te lo mereces, todo cuanto escribes, es lo que pensamos muchos,,, que nos quieren hacer comulgar con ruedas de molinos, y decir Amen a todo cuanto haga y deje de hacer el gobierno. No se si vamos a poder solucionar ese estado de cosas,, yo no veo muy mal,,, no imposible,,, pero me temo que ante una Justicia tan injusta,,, no podemos esperar nada a menos que cambie el gobierno y el sistema judicial,, es decir, una justicia que sea valida, para quien comete delito. : Siempre he pensado, que un pais sin Justicia,, es un nido de corruptos,, que hay que atajar sea como sea,, y eso es lo que hay que hacer ,, pero ya,, con todas las armas que disponemos que nos son mas que las voces de un pueblo oprimido. Soy un hombre ( nacido en 1933) por tanto mayor de edad,, que ha visto y ve, las dos grandes miserias de ese pais,,. y que algunos, tanto se llenan la boca de la Marca España. Es para pensar.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Francisco, la verdad es que es muy frustrante no poder escribir más que en un blog porque las puertas de mi profesión las tengo cerradas. En cuanto a la situación del país, piensa en Islandia, nada es imposible si el pueblo a una lo reclama. El problema es que no somos suficientes los ciudadanos decididos a enfrentarnos a todo cuanto de aberrante sucede. La 'Marca España' esa de la que habla el gobierno es la marca de la intolerancia, la injusticia, la beatería, la incuria, la crueldad, la marca de al España de cerrado y sacristía y charanga y pandereta, una España injusta, empobrecida y risible que tendremos que cambiar para recuperar nuestros derechos y nuestra dignidad.

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