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Marchas de la Dignidad: Dos millones de personas dicen ¡basta! a los abusos del capitalismo.



El pueblo ha dado hoy el primer paso para recuperar su dignidad y sus derechos. A pesar de las limitaciones tramposas impuestas por el Gobierno, impidiendo la entrada a más de cien autobuses en la capital, y de la orden de acabar la manifestación a las nueve de la noche, y cargar contra los manifestantes a las ocho, porque los antidisturbios, o sus jefes políticos, ya no podían soportar más el clamor del pueblo. 
 
La manifestación ha sido una fiesta de democracia y clamor por los derechos que viene robando el PP desde que llegó al poder, cientos de miles de personas de todas las edades se han manifestado pacíficamente, aunque la derecha justifica la violencia policial en que se han destrozado algunos bancos. No se acuerdan quienes critican a los que llaman violentos manifestantes de la de los bancos, que se han cobrado muchas vidas desahuciando a personas de sus casas. 

Dice la derecha ultramontana, intolerante y fascistoide que los manifestantes son ‘radicales’. Desconoce, como tantas otras cosas, el significado de la palabra radical, que significa, precisamente, ir a la raíz de los problemas. Y eso es lo que hicieron, ir a la raíz de los problemas. Contra una Constitución hecha con componendas, imponiendo el trágala de una monarquía heredera de un dictador, contra el pago de una deuda ilegítima que se obliga a pagar a los ciudadanos cuando tendrían que pagarla los especuladores que la contrajeron y que aún gozan de lo esquilmado al pueblo. 

El pueblo ha salido a clamar por la igualdad –según la OSCE somos el país en el que más ha crecido la desigualdad en los últimos años- y por sus derechos, por un trabajo digno y dignamente retribuido. Por recuperar las libertades que hurta el actual Gobierno. 

La Delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes,  explicaba que la policía ‘ha desmantelado una acampada en Recoletos’. Eufemístico modo de hablar, porque lo que hicieron las fuerzas policiales fue arrasar violentamente el intento de quienes querían hacer uso de un espacio público. No olvida los dirigentes del PP aquellas palabras del fundador de su partido, aquel siniestro personaje ministro de Franco, llamado Manuel Fraga Iribarne cuando proclamó aquello de ‘la calle es mía’ después de que la policía asesinara a cinco obreros en Vitoria. 

A la hora de escribir estas líneas siguen habiendo encontronazos entre algunos manifestantes y la policía. Habrá que esperar el dictamen de los representantes de la OSCE y de Amnistía Internacional para saber si es verdad que un grupo de violentos manifestantes fueron los que dieron lugar a los enfrentamientos y si es cierto que veinte indefensos policías sufrieron lesiones por parte de los manifestantes. Sin contar que hubo al menos dos fotógrafos de prensa heridos por la policía, y que esta empleó gases lacrimógenos que causan graves lesiones pulmonares. Porque de un Gobierno como el del PP, instalado en la mentira desde antes de unas elecciones que ganó con trampas y artimañas, se puede esperar cualquier cosa. 

Lo cierto es que las cosas están cambiando, que el pueblo se está hartando de falacias y abusos y no está dispuesto a seguir sufriendo en silencio y con la cabeza gacha los abusos impuestos por un sistema opresivo y criminal en el que el poder del dinero lo esquilma todo, con la anuencia y colaboración de un Gobierno fascistoide. 

En la próxima convocatoria habrá más manifestantes, y más en la siguiente, para acabar recuperando la dignidad y la libertad usurpadas por un sistema que roba y mata a los ciudadanos con el fin de acumular más y más riqueza.

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