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Lo que nos jugamos con las elecciones europeas: La abstención permitirá que se perpetúe su ineficacia.


Raxoi advierte del peligro de los ‘populismos’ ante las elecciones europeas y la cabeza de lista del PSOE, Elena Valenciano, del peligro de la desintegración de la UE a causa del distanciamiento de los ciudadanos. Ante un bipartidismo obsoleto y la sensación de que la pertenencia a la UE no ha traído más que problemas a este país se viene fomentando un caldo de cultivo abstencionista en el que miramos las elecciones al Parlamento Europeo como algo ajeno a nuestros intereses. Y si es cierto que actualmente Europa es vista en este país no como la solución a muchos problemas sino como generadora de problemas, debido a las imposiciones económicas impuestas por la troika a consecuencia del rescate solicitado por el Gobierno para sanear a los bancos, la UE es mucho más y lo será a partir de las nuevas elecciones al Parlamento Europeo dado que, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, este tendrá más poder de decisión y representatividad. Será la Eurocámara la que designe al Presidente de la Comisión, y la que tenga el poder de defender, de forma más eficaz, los intereses de los ciudadanos europeos que podrán presentar ILP a ese Parlamento. 

Desinteresarse por las elecciones europeas sería un suicidio de la ciudadanía, toda vez que la abstención no supondrá la salida del euro, ni la posibilidad de liberarse de los corsés económicos que Europa impone a este país, sino todo lo contrario. La diferencia que puede haber entre la gestión de un Parlamento europeo de izquierdas a uno conservador puede ser determinante para nuestro futuro y abismal la gestión entre una política y otra. 

Si entre todos los 500 millones de ciudadanos europeos consiguiéramos un cambio en la ideología del parlamento europeo, dado que será este el que nombre al presidente de la Comisión, que a su vez tendrá que ser propuesto por los Gobiernos de los países miembros, siempre respetando el resultado de las elecciones europeas, podría abrirse la esperanza de una Europa de los Pueblos, que hiciera de la Unión un ámbito común de libertades y derechos, muy alejado de la actual situación en la que los dirigentes de la UE son elegidos según el peso de los países miembros. 

Ese método de elección es el que ha permitido que durante muchos años Alemania imponga sus criterios económicos al resto de países, en una especie de colonialismo económico que ha permitido que en la actualidad los periféricos, el sur, nos hayamos convertido en meros servidores de los ricos del norte, cuyo destino parece haberse pensado para proporcionar a los más poderosos mano de obra sumisa, barata y sin derechos. 

A la situación actual podría dársele un vuelco espectacular si los dirigentes europeos del futuro fuesen elegidos entre los partidos que creen más en la Europa de los pueblos que en la de los mercaderes. Se ha visto, durante muchos años, que tanto los conservadores como los partidos socialdemócratas de Europa se han plegado a las directrices económicas de un neoliberalismo salvaje, hasta el extremo de que ese sometimiento ha hecho que la socialdemocracia de todos los países miembros esté poco menos que agonizante. 

Lo que necesitamos los ciudadanos europeos, y muy especialmente los ciudadanos españoles, es una UE en manos de la izquierda que ponga freno a los abusos del dinero y la especulación en la Eurocámara y la Comisión, tanto como al Gobierno ultraderechista de Mariano Raxoi el tiempo que permanezca en el poder. 

Y aunque los dictados económicos europeos vienen siendo muy negativos para la ciudadanía de este país, entre otras cosas y también porque el Gobierno del PP se agarra al clavo ardiendo de la necesidad de recortar el déficit para eliminar derechos que, incluso a los neoliberales europeos les parecen mal, en algunos asuntos la intervención de la UE, incluso con el escaso poder que tiene el parlamento europeo, ponen en un brete al Ejecutivo de Raxoi, señalándole la inconveniencia o inclusive ilegalidad de algunas medidas. 

Hay que recordar que fue un organismo de la UE el que obligó al Gobierno de Raxoi a hacer una nueva ley hipotecaria, tan ineficaz que Europa ya le ha hecho saber que no sirve, que son los comisarios europeos los que advierten de la ilegalidad de la nueva ley mordaza que intenta imponer el reaccionario ministro del Interior o quienes están dispuestos a sancionar al Ejecutivo de Raxoi por vulnerar los Derechos Humanos de los inmigrantes tras los crímenes de Ceuta. 

Así pues, votar en las elecciones al Parlamento Europeo es un deber inexcusable para todos aquellos que quieren ver un cambio ideológico y económico en la UE que, lógicamente, incidirá en los derechos y las libertades de este pueblo tan necesitado de ellas, porque es imprescindible que el actual Gobierno, que maneja su mayoría absoluta como una dictadura, tenga un contrapeso que solo le puede venir de una Europa cuyo poder recaiga sobre partidos de izquierdas. 

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Comentarios

  1. No he podido por menos de leer tu artículo. Es que o nos tomamos en serio a Europa o no haremos nada, pues seguirá la derechona anclada en este mercado de mercados que es
    la puta troika

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  2. Sí. hay que machacar con este asunto, aunque como yo tenga el mismo éxito que tuve advirtiendo de lo que pasaría si ganara el PP en su día, pasará como con el chiste del confesor, que tendremos que darnos por xodidos.

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