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La transición una falacia y el rey un golpista el 23-F: ¿Hasta cuando nos resignaremos a las mentiras del poder?




Los supuestos ciudadanos de este país, súbditos en realidad por mucho que una Constitución constantemente incumplida diga otra cosa, llevamos cerca de cuarenta años siendo engañados por los sucesores de la dictadura, o mejor dicho, por el mismo poder fascista que dominó el país durante cuarenta años y que tras la muerte del genocida vistieron el disfraz de demócratas, capitaneados por un monarca falaz, tan aficionado a borbonear como su abuelo, Alfonso XIII. Los españoles de los años treinta fueron bastante más inteligentes que los que caímos en la trampa de la falsa transición, al enseñar el camino del exilio al pícaro rey al que tanto gustaba borbonear. 

El término borbonear, que no está recogido por el DRAE -¿cómo iba a hacerlo tan conservadora y reaccionaria institución?-, significa, según figura en una biografía de ese monarca putero, bebedor e irresponsable, la costumbre del monarca de interferir en la vida política, para dominarla. El más significativo acto de borboneo lo protagonizó Alfonso XIII cuando bendijo con su aquiescencia la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Aunque hacía muchos años que borboneaba de manera indecente, y lo siguió haciendo hasta que el pueblo puso coto a sus malos hábitos al indicarle la puerta del Palacio Real. 

Después de lo que desvela la periodista Pilar Urbano en su libro ’La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar’*, y constatada la participación de Juan Carlos I en el golpe del 23-F, comprobado día a día como los políticos actuales son muy parecidos a los de la dictadura, los ciudadanos tendríamos que hacer algo para evitar seguir siendo engañados por unos poderes que ni son democráticos ni respetan al pueblo. 

La II República estaba llamada a modernizar y librar a este país de injusticias. terratenientes, milicos y beatos. Mas como los poderosos no se resignaban, conspiraron, se armaron gracias al fascismo y nazismo internacional y dieron un golpe de Estado que acabó con las esperanzas de modernidad, democracia y libertad del pueblo español. Durante cuarenta años este país sufrió la bota de un dictador genocida y unos militares ágrafos y asesinos que, en concomitancia con el clero y la oligarquía, impusieron la cerrilidad, la ignorancia y la desigualdad. Y cuando murió el dictador, dejando como heredero de su régimen al nieto del Borbón, el poder decidió disfrazarse de demócrata para poder entrar en los círculos internacionales de poder que les estaban vedados con el fin de hacer negocios y enriquecerse a costa del pueblo, como vemos que siguen haciendo en el presente.

Así se inventaron la transición que día a día se corrobora como una gran mentira. A quienes en aquella época estábamos en los veinte años, edad de ilusiones y proyectos, nos engañaron como a ingenuos infantes. Creímos las palabras huecas de quienes auguraban que llegaría la democracia y la libertad. Ansiosos por tenerlas no nos dimos cuenta de que nos estaban vendiendo una moto sin depósito, sin tubo de escape y sin ruedas. Nos engañaron vendiéndonos la idea de una Constitución que consagraba un Estado Social y de Derecho, y lo único que hizo fue perpetuar en la jefatura del Estado al heredero del dictador, sin que sea ni social ni de derecho, porque constantemente el poder oligárquico y sus títeres, los políticos, vulneran ambas cosas. 

Seguimos padeciendo a un rey que borbonea al igual que lo hiciera su antepasado, que se coloca al lado de una secta religiosa talibana que impone que se legisle según sus dogmas, que se relaciona con empresarios corruptos y que apoyó en su día un golpe de Estado que, a pesar de lo que nos contaron, realmente triunfó porque se restringieron muchas de las aspiraciones del pueblo que quería más libertades. Pilar Urbano, cuenta cómo el Borbón recibía a militares sediciosos en la Zarzuela dando alas a sus pretensiones golpistas, que a su vez fueron toleradas por algunos políticos disfrazados de socialistas, como el propio Felipe González o Múgica Herzog, que llegaría a ser Ministro de Defensa cuando el PSOE ganó las elecciones.

Y es que la mentira de la transición nos presentó a una serie de personajes que se proclamaron de izquierdas para engañar a los incautos, a los que nos contaron que para que sobreviviera la democracia el pueblo tenía que renunciar a muchas de sus aspiraciones, a resignarse con la impunidad de los asesinos de la dictadura, contándonos el cuento de una reconciliación que no fue sino la renuncia a la justicia y la impunidad para los asesinos.  

Todas aquellas renuncias del pueblo tan solo beneficiaron a los que las propugnaban para seguir manteniendo un régimen de impunidad, injusticia, privilegios, insolidaridad y falacias. Así las cosas renunciamos a la laicidad el Estado, a las nacionalización de la banca o de las eléctricas, a un sistema impositivo justo y a un Estado verdaderamente democrático que controlase los abusos del capitalismo, nos creímos, como párvulos, que la entrada en la OTAN y la UE nos iban a hacer más libres porque se conjuraría el peligro del golpismo y se garantizaría para siempre un régimen de libertades. Pasados treinta y tantos años es evidente que nada de aquello era cierto, que nos engañaron como a candorosos críos. Y de ese modo los únicos que se garantizaron el bienestar y la libertad fueron los políticos que se vendieron a un sistema reaccionario encabezado por un monarca impresentable. 

El libro de Pilar Urbano narra, apoyado en testimonios y documentación contrastable según asegura su autora, lo que tantos sospechamos durante muchos años: el 23-F fue propiciado por el actual monarca, sucesor y amigo del dictador genocida, que de siempre gustó borbonear como su abuelo y su padre, sin medir las consecuencias que puede tener para él esa fea costumbre nada democrática y menos europea. 

Cuenta Pilar Urbano que en un momento en el que los milicos golpistas planteaban sus aspiraciones los envío a Moncloa para que planteasen sus exigencias a Adolfo Suárez. Al leer ese párrafo de inmediato se recuerda cómo hizo lo mismo con un grupo de banqueros y empresario que se entrevistaron primero con él y a los que envió a La Moncloa a plantear sus exigencias a Zapatero. Tras esa visita la política del presidente socialista dio un giro de 180º a la derecha, consecuencia, seguramente, del borboneo del actual monarca. Y desde entonces, el presidente socialista dio un giro ideológico incomprensible del que sigue haciendo gala en el presente, a saber a cambio de qué o por qué temores. 
Juan Carlos I no dejará de borbonear hasta que se muera o se le eche, como no dejará de hacerlo su hijo si llega a reinar, porque en los genes de los borbones está el inmiscuirse en política, apoyar los abusos de la secta católica, por mucho que la Constitución proclame la aconfesionalidad del Estado, mantener peligrosas amistades con los militarotes y con empresarios corruptos con los que se retrata sin pudor. 

La transición fue una falacia, una tomadura de pelo al pueblo, y la monarquía que nos dijeron garantizaba la democracia no garantizó ni garantiza nada más que la perpetuación de un sistema oligárquico, injusto y manipulador. 

Ya va siendo hora de que el pueblo despierte y se libre de tanto falso y tanto disfraz y no permita que se le siga mintiendo y manipulando.






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Comentarios

  1. Mejor dicho, imposible!!
    Espero que algun día un gran porcentaje de la población sepa cuál es la verdadera cara del Borbón y de la transición porque me da asco encender la tele y ver en los telediarios el constante aplauso al ya rey abdicado.

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