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Crónicas de Ejpañistán: Wert, la anticultura; Montoro, la cacicada.

Si algo caracteriza al Gobierno de Ejpañistán son sus decisiones, unas veces arbitrarias, otras decididamente injustas y que parecen pensadas para cabrear a los ciudadanos. Sería de agradecer tanta estupidez si esta garantizase que el electorado estuviese dispuesto a darle mayoritariamente la espalda por todas las decisiones que viene tomando desde que gobierna, tan caprichosas como injustificables en su mayoría. Muchas  de ellas encaminadas a recortar derechos y libertades y otras, como la de bajar el IVA cultural a la esencia de la incultura y la barbarie como son los espectáculos tauricidas, a modo de chula prepotencia, de abofetear a lo que sí son manifestaciones culturales y a sus representantes.

Que un Gobierno tome decisiones a golpe de filias o aficiones resultaría inadmisible en cualquier país democrático. Mas como Ejpañistán es otra cosa; un trasunto de república bananera regida por un monarca con gustos tan poco edificantes como las del ministro de Cultura, José Ignacio Wert –de anticultura le llamó merecidamente Javier Bardem en la Gala de los Goya-, al que parece no importarle concitar la antipatía de los electores toma las decisiones más absurdas sin importale las consecuencias.

Cuenta Wert para ello con la colaboración del Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ese otro provocador que maneja los impuestos como si se tratase de la regla de aquellos profesores del pasado, que golpeaban con ella a los niños díscolos. Montoro ha decidido secundar a Wert en su propósito de castigar a la cultura –el cine, el teatro, la música, los libros- haciéndonos pagar el 21% de IVA por cualquier manifestación cultural y, por el contrario, primar con una bajada ignominiosa la brutalidad de los mal llamados festejos taurinos o las fallas, dos exponentes de incultura y zafiedad, la esencia más ruin y vulgar de esa Ejpañistán de la que, por fortuna, abominan la mayoría de los pobladores de un país en el que existe un total divorcio entre un Gobierno que parece vivir en siglo XVII y un pueblo que vive en el XXI.

La coincidencia de que la noticia se produjese al día siguiente de la Gala de los Goya, en la que el ministro de asuntos tauricidas e inculturas todas salió bastante malparado aunque, con la gallardía habitual de los representantes de este Ejecutivo, no acudió a la entrega de los premios del cine para evitarse oír las más que merecidas críticas por su obsesiva enemiga para con el séptimo arte del país. La decisión no parece ser una casualidad, sino más bien su soez intención de darle en toda la cara a los cineastas.

Pareciera, o tal vez no es solo que lo parezca sino que es la realidad de los elementos que componen el Gabinete gubernamental, que su concepto de cultura es el de la anticultura, de la peor faceta de este pueblo y que tanto Wert como Montoro, y el resto del Ejecutivo, con el Presidente a la cabeza, consideran que son los toros, las fallas, la tomatina de Bunyol, tirar a una cabra o una pava desde un campanario o la barbarie desatada de Tordesillas  y no las obras de poetas, filósofos, autores de teatro, pintores, escultores o arquitectos. Porque la bajada de impuestos a las transacciones de obras de arte, no nos engañemos, no fue una bajada de IVA cultural sino una bajada de impuestos a quienes especulan con el arte.

La chulería que conlleva la iniciativa de bajar el IVA a un espectáculo salvaje que concita el rechazo del 60% de la población y la oposición a que se subvencione con fondos públicos, que supera el 80%, no son razones suficientes para que el Ejecutivo de Raxoi asuma que esas ceremonias de tortura y zafiedad no pueden ser promocionadas por el Gobierno.

Muy al contrario, de espaldas al sentir de los ciudadanos y en sintonía tan solo con las aficiones del Borbón -que como su antepasado Fernando VII no es proclive a conciertos ni lecturas y sí a la caza y los toros, digno representante de la cerrilidad de una casta nefasta para la historia de este país-, el Gobierno de Raxoi aprobó en octubre del año pasado una iniciativa para que los toros sean declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, aprobada tan solo con los votos de PP y UPN. La proposición partió de una iniciativa legislativa popular promovida por la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, que llegó al Congreso avalada con 600.000 firmas, entre ellas las de políticos como Mariano Rajoy Esperanza Aguirre, y escritores como Mario Vargas Llosa o cantantes como Joaquín Sabina. Ninguno de ellos se sonrojó por su apoyo…

El Ejecutivo de Raxoi está decidido a presentar su petición ante el organismo internacional aunque buena parte de sus componentes manifestaron, al conocerse la intención del Gobierno de Ejpañistán, que considerarían tal propuesta ‘una provocación’ y anunciaron su firme propósito de rechazar tal salvajada. Porque lo que el Gobierno retrógrado y ágrafo del PP considera ‘manifestación cultural’ es considerada por la mayoría de países una barbarie intolerable. Sobre todo en Europa, donde hace ya meses, el Parlamento Belga aprobó una propuesta dirigida a la UE para que esta prohibiese que Ejpañistán destine un solo euro de fondos europeos a tamaña atrocidad.  

Para completar el cuadro de la insistente y zafia protección gubernamental a la barbarie patria por excelencia, en diciembre la Comisión Nacional de Asuntos Taurinos -formada por las administraciones públicas y representantes del sector- dio luz verde al Plan Nacional de Fomento y Protección de la Tauromaquia, con el propósito, según dijeron de "fomentar y garantizar el libre ejercicio de la Tauromaquia, actualizando y transmitiendo a la sociedad la trascendencia de sus valores y la vigencia de su cultura".

Aunque ya se sabe que el Ejecutivo del PP no toma medida alguna si no es para facilitar negocios a sus amigos y así en el plan elaborado entre representantes de la administración y la mafia taurina, se contemplan medidas económicas que, dado que les eximirá de impuestos, hará que haya que recortar en otras partidas; mismamente en la atención a la dependencia, la educación o la sanidad.

¿Qué importancia tendrán esos recortes para el PP, si de lo que se trata es de imponer una Ejpañistán violenta, cruel, fascistoide y ágrafa?... A su imagen y semejanza.

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