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Otra patada a la Marca España: Los sobrecostes de Sacyr en el Canal de Panamá.

La tan traída y llevada ‘Marca España’, invento y ‘niña bonita’ del Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, que cuesta al erario varios millones, no cesa de recibir patadas. Si la reaccionaria ley sobre el aborto de Gallardón ha puesto a este país en el punto de mira de toda Europa, que la considera una regresión, la decisión del Consorcio de empresas ‘Unidos por el Canal’, a cuya cabeza está la constructora española Sacyr, que ha decidido suspender las obras por no aceptar el Gobierno panameño unos sobrecostos que considera inadmisibles, ha puesto en solfa la seriedad y buen hacer de las empresas españolas y está a punto de crear un conflicto internacional.

El grupo UPC, compuesto por empresas españolas e italianas, se presentó a la licitación de las obras de ampliación del Canal que une el océano Pacífico con el mar Caribe desde 1914 tras unas obras que duraron decenios y a cuyo frente estuvo en un principio Ferdinan de Lesseps, impulsor igualmente del Canal de Suez. Sacyr compitió por la licitación de las obras de ampliación con un proyecto que sus competidores estadounidenses ya calificaron en su momento de falsamente reducido.

Así se supo por los cables de la Embajada de Estados Unidos en Panamá, obtenidos por Wikileaks, cómo en opinión de Bechtel, la empresa de EE UU que perdió el concurso, la oferta de Sacyr de 3.120 millones de dólares (unos 2.300 millones de euros al cambio actual) no daba ni para “poner el hormigón”. Bechtel había ofertado 4.200 millones de dólares y sospechaba que Sacyr, presidida entonces por Luis del Rivero, intentaría renegociar al alza el contrato al ejecutarlo.

Y así ha sido, tras un par de años de trabajo, Sacyr ha comunicado que no podrá concluir las obras por un sobrecoste que no puede asumir y exige al Gobierno panameño que asuma los 120 millones de dólares que ha aumentado el presupuesto, lo que ha dado lugar a la airada respuesta del presidente panameño, Ricardo Martinelli, que culpa a los Gobiernos de España e Italia por el juego sucio de las empresas que forman el consorcio.

El truco de los sobrecostes es una práctica habitual de las empresas que licitan obras públicas en este triste país de pícaros en el que las negociaciones sobre ese aumentar los presupuestos iniciales dan lugar a fétidas maniobras en las que el dinero público se evapora en las corruptas garras de constructores y políticos que ven en ese sistema un modo de enriquecerse. Pero parece que esa técnica no ha tenido éxito en Panamá, dando lugar al cabreo del Presidente de ese páis, o del antiguo administrador de la Autoridad del Canal de Panamá, Alemán Zubieta y, obviamente, de sus competidores estadounidenses.

En España los sobrecostes de las obras constituyen una sangría de dinero público en administraciones reputadas de corruptas, como la valenciana dónde la construcción de la inútil Ciudad de las Artes y las Ciencias, proyectada por Santiago Calatrava, acabó con un aumento de 625 millones de euros sobre el proyecto inicial.

Mas la Ciudad de las Artes y las Ciencias no fue la única obra faraónica pensada por dirigentes autonómicos a mayor gloria de su nombre y sus bolsillos. La geografía española está plagada de construcciones inútiles que costaron mucho más de lo proyectado a causa de unos sobrecostes generalmente nunca explicados con transparencia.

Así, entre otros ejemplos, puede mencionarse la Caja Mágica de Madrid, una de las obras estrella de Alberto Ruiz-Gallardón en su fallida apuesta para que la Villa y Corte albergarse unos Juegos Olímpicos de 2016. El pabellón polideportivo iba a tener un coste de 120 millones de euros y la factura terminó ascendiendo a 294 millones. Su sobrecoste, de 174 millones de euros, fue de dos veces y media más de lo presupuestado. 

En casos parecidos estuvieron las obras de la Ciudad de la Luz, proyectada por interés de Eduardo Zaplana cuando presidía la Generalitat valenciana, destinada a convertirse en una especie de Hollywood español y hoy en día en venta. Se iban a invertir 100 millones de euros, pero su coste final alcanzó los 350 millones.

Estas obras que superaron con mucho los presupuestos iniciales no fueron las únicas, ni el PP el un caso aislado de partido bajo cuyos gobiernos autonómicos se dieron tan malas prácticas. Porque el alcalde socialista de Alcorcón protagonizó un sueño surrealista con la Ciudad del Circo, obra que incluye un auditorio, un circo estable y un área de congresos, entre otros, y que se presupuestó en 120 millones de euros y las obras, aún no finalizadas, acumulan ya un sobrecoste del 40%.

Sevilla con el proyecto del Metropol Parasol -conocido popularmente como las 'Setas de la Encarnación' debido a su ubicación en la plaza sevillana de ese nombre-, fue adjudicado al alemán Jürgen Mayer en 2004 por un presupuesto inicial de 33 millones de euros. La cantidad fue creciendo debido a modificaciones y retrasos hasta alcanzar los 123 millones de euros. Las obras se realizan bajo el mandato del alcalde del PSOE Alfredo Sánchez Monteseirin.

La Exposición Internacional de Zaragoza, fue otro de los proyectos de mayor inversión y sobrecoste de los últimos años en esa ciudad bajo el mandato del socialista exministro de Justicia, Alberto Belloch. El evento se celebró durante tres meses, costó 2.250 millones de euros y presentó sobrecostes como los del pabellón puente (34 millones), el del Pabellón de Aragón (15 millones), el de la Torre del Agua (13 millones). El más destacado fue el del Palacio de Congresos, que alcanzó los 36 millones. El montante total se repartió en 700 millones de euros de inversión directa y 1.550 millones en infraestructuras. En total, dejó unas pérdidas de 502 millones de euros, según el informe de fiscalización del Tribunal de Cuentas.

El Foro de las Culturas de Barcelona, El Ave Toledo-Cuenca-Albacete o los aeropuertos de Castellón o Huesca fueron igualmente obras que sumaron millones a los presupuestos iniciales, aunque nunca tuvieron rentabilidad alguna y sí elevados sobrecoste. El caso del aeropuerto de Castellón, que el corrupto evasor de impuestos Carlos Fabra consideraba como ‘su aeropuerto’ pensado para que paseasen los castellonenses porque jamás un avión aterrizó en sus pistas, es uno de los casos más paradigmáticos de obras inútiles que inflaron los presupuestos iniciales en muchos millones de euros que nunca se supo dónde fueron a parar.

Esas prácticas son las que las autoridades panameñas no están dispuestas a admitir a la empresa Sacyr, que hoy, tras conocerse la suspensión de las obras del Canal de Panamá experimento una caída de cerca del 9% en sus acciones. Además ocultó hace diez días a la Comisión Nacional del Mercado de Valores la crítica situación que vive en Panamá.

Esas actividades tramposas por parte de una de las empresas españolas más potentes en el ámbito de la construcción son admitidas en este país de picaresca y trampas, en las que colaboran empresarios y políticos con total desfachatez. Mas parece que en el extranjero no existe tanta permisividad por parte de políticos más serios que los españoles, que no estarán dispuestos a dejarse sobornar para que una empresa gane millones a costa del erario.

De ese modo la actitud de Sacyr, que podría acabar protagonizando una escandalosa quiebra solo comparable a la de la promotora Martinsa, supone un descrédito de las empresas españolas en el extranjero y de la Marca España que tan inútilmente quiere promocionar García Margallo.

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