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Las puertas giratorias y el expresidente aburrido: Un escándalo más en un país sin ética.

Este desnortado país está en descomposición, no por el tan traído y llevado referendo que quieren celebrar los independentistas catalanes, sino por el estado de putrefacción que viene causando el generalizado latrocino practicado con descaro por muchos políticos a los que la palabra ‘ética’ les suena obsoleta e irreal. El grado de podredumbre de Ejpañistan llevó al Grupo de Estados Contra la Corrupción –Greco- del Consejo de Europa a expresarse a través de un informe sobre los casos de corrupción que "atentan gravemente contra la credibilidad de sus instituciones". Y evidentemente, aunque no lo dijese el Greco, desapareció hace mucho la estima hacia unos políticos de los que una ciudadanía empobrecida sabe que se forran gracias a ese ir desde la política a empresas privadas, de las que sospecha, agradecen con substanciosos sueldos como miembros de sus Consejos de Administración por los servicios prestados cuando gobernaban al aprobar leyes que, en muchas ocasiones, que perjudicaron a los ciudadanos.  
El término ‘puerta giratoria’ responde a la práctica de muchos políticos que tras dejar sus cargos pasaron directamente a ser miembros de Consejos de Administración de las mismas empresas a las que beneficiaron. En este triste país, arruinado por una crisis urdida por el dinero para explotar con impunidad a los trabajadores, la incidencia del fenómeno viene siendo muy notable.  
De los integrantes de los gobiernos de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero tres de cada diez ministros que dejaron la política al cesar en sus cargos pasaron de inmediato a realizar actividades en la empresa privada, en muchos de los casos en labores de representación y tareas de lobby, aunque también de dirección. Y si en cualquier caso ese paso de la política a la empresa privada resulta escandaloso, en los socialistas –de serlo- resultaría imperdonable.
Tanto Felipe González como José María Aznar pasaron a formar parte, como Consejeros, de empresas que privatizaron durante su mandato: Felipe González recaló en Gas Natural y Aznar en Endesa. Aunque no solo los presidentes de PSOE y PP usaron de la ‘puerta giratoria’:  Pedro Solbes, ministro de Economía tanto con González como con Zapatero, pasó a trabajar para Enel y Elena Salgado, que ocupó en el ultimo Gabinete socialista la vicepresidencia económica recaló en Endesa, con un sueldo millonario.  
No fueron los únicos, Ángel Acebes formó parte de la dirección de Bankia, José María Michavilla de JP. Morgan, Eduardo Zaplana es en el presente Consejero Delegado en América de Teléfonica, y todos recuerdan cómo Rodrigo Rato, después de ser ministro de Economía y Presidente del FMI pasó a ser el más nefasto presidente de Bankia. La lista es interminable, Martín Villa, ex ministro del Interior de Adolfo Suarez es Consejero de Endesa, al igual que Pio Cabanillas. Abel Matutes o Isabel Tocino pertenecen al Consejo del Banco de Santander, del mismo modo que los socialista (?)Javier de Paz, Miguel Boyer o Javier Solana perciben jugosos salarios de Telefónica, Abengo o Acciona. Y hay muchos más, una larga lista de personajes que dejaron la política para recoger en la empresa privada el fruto de sus decisiones, no siempre acertadas y justificadas.  
Uno de los casos de uso de la puerta giratoria que últimamente ha sido objeto de atención por las escandalosas declaraciones de quien hizo uso de ellas es el de Felipe González que, hace unas semanas declaró que abandonaba su puesto como consejero de Gas Natural porque, según manifestó, ‘se aburría’. Que el expresidente socialista (?) se aburriese no es de extrañar, dado que tiene otras ocupaciones, como presidir la Fundación creada para satisfacer su megalómano ego de personaje que con los años ha dado en convencerse de que aquel apelativo con el que le bautizaron alguno de sus ministros cuando gobernaba –Dios- es una verdad y merece toda la atención del mundo. Si el fundador del PSOE, Pablo Iglesias, levantase la cabeza es posible que a González, como a otros muchos que se pasean con el carné socialista los expulsase a gorrazos por traicionar los ideales y principios del partido que fundó.
Mas como es imposible que los muertos, aunque sean de la talla moral de Iglesias, resuciten, el expresidente socialista (?) suele largar impertinencias con la incontinencia de quién está convencido de estar por encima del bien y del mal y en posesión de la verdad, sin pararse a pensar que sus declaraciones pueden resultar sumamente ofensivas para muchos de los que en el pasado le votaron y que, por mucho que reapareciese otra vez en la política, no le votarían ni tras haber ingerido litros de alcohol.
Para justificar el abandono del Consejo de Gas Natural, además de aburrirse, dijo abandonarlo porque los emolumentos que recibía eran ‘infimos’, al igual que los que percibía del Estado, a los que también renunció, porque, aseguró ‘no dan ni para pagar gastos de oficina’.
Mas lo que recibía González de los PGE, junto con otros tres expresidentes era la parte proporcional de 298.320, que son 74.580 euros al año, 6.215 euros mensuales. Que González tuviese la desfachatez y el descaro de despreciar esa cantidad por considerarla insignificante, porque ‘solo’ supone más de seis euros mensuales es una verdadera afrenta a los millones de personas que tan solo reciben 426 euros al mes, y mayor aún para esos doce millones de personas que ingresan mensualmente menos de trescientos euros y están sumidos en la más tétrica de las miserias.
Las palabras de González, con su carga de cinismo o desconocimiento del drama en el que viven millones de ciudadanos, plasman con nítida claridad el divorcio y la lejanía entre la gente de la calle y los políticos, encastillados en sus torres de marfil, en su mundo muelle y creso y distantes de la realidad de un pueblo que sufre.
Luego se extrañarán de la desafección de la ciudadanía o de que el polémico cantautor catalán, Albert Pla, recuerde que “la guillotina funcionó”.

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