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El Foro de Davos, el pancartazo a Blesa y los favores del PP a los ricos.

A la hora de informar, los medios económicos que daban cuenta de lo que se debatía, o las conspiraciones de los más ricos de los ricos y sus lacayos políticos en el Foro Económico de Davos, siempre dóciles con los que mandan, se guardaron de expresar en grandes titulares que los poderosos empiezan a sentir un escalofrío en sus bien guardadas espaldas, preocupados por que las abismales diferencias económicas entre ricos y pobres, ‘aumenta el riesgo de inestabilidad social y de conflicto’. No consideran injustas las desigualdades, no están dispuestas a renunciar ni a un céntimo de sus fortunas, pero empiezan a preocuparse por la inestabilidad social y la posibilidad de que la desigualdad sea origen de conflictos en los que su poder y su dinero se vean en riesgo. No está mal que se sientan así, que, como proclaman muchos jóvenes en las manifestaciones ‘el miedo cambie de bando’.

Durante los casi cuarenta años de ‘guerra fría’, de comunismo implantado en lo que se conoció como ‘bloque del Este’, los ricos, los poderosos, los especuladores y los millonarios tuvieron a bien mantener en Europa el Estado del Bienestar no por su bondad intrínseca, no por un espíritu solidario y justo, sino por el miedo a que si tensaban demasiado la cuerda de las desigualdades las masas volvieran su rostro hacia el comunismo y entonces ellos se vieran desposeídos de sus fortunas. Cuando de forma aciaga para los Estados del Bienestar cayó el muro de Berlín y el régimen comunista se desintegró los detentadores del dinero ya no tuvieron miedos ni trabas para poder hacer lo que están haciendo en el presente, fomentar la desigualdad, abusar obscenamente de los trabajadores, de los jubilados, de los más desfavorecidos, desposeyendo a todos de lo esencial para acumular ellos riqueza de un modo impúdico.

Que los poderosos del Foro de Davos empiecen a temer que su obsceno tensar la cuerda de la desigualdad pueda aumentar el riesgo de inestabilidad social y de conflicto resulta positivo, habrá que ayudarlos a entender hasta qué punto es así tomando las calles de todas las ciudades europeas para decir ‘basta ya’ y protestar con contundencia, como hicieron los vecinos del barrio de Gamonal y todos los que se manifestaron en su apoyo. O como hicieron los damnificados por la estafa de las acciones preferentes urdidas por Blesa y su banda, que no se arredraron a la hora de protestar a la salida de los juzgados de ese delincuente protegido por una justicia que, en este caso, es cualquier cosa menos justa.

El pancartazo que le endosaron al señor Blesa es todo un paradigma de justicia poética. No fue una agresión brutal, no se menoscabó su integridad física, pero sufrió el conveniente y necesario vapuleo que se merecen los delincuentes de guante blanco que, como él, se enriquecieron estafando a gente humilde. El mismo día que Blesa salió de Caja Madrid, expulsado de la presidencia de la entidad por inútil y torpe, que era lo que se le atribuía en esos momentos, aunque después se desvelaría que, además, fue un delincuente, se compraba, al contado, un inmueble de ocho millones de euros. Nadie hasta ahora le ha pedido cuentas al presunto señor Blesa por tal operación,  ni siquiera le retiró el pasaporte el complaciente juez que substituye al criminalizado Silva que tuvo la osadía de hacer frente a semejante pirata, enviándole allí donde aún debería estar, la cárcel.

El expresidente de Caja Madrid entró dos horas antes y por la puerta de atrás de los Juzgados de Plaza de Castilla, donde fue a declarar ante el juez que él decidió que le tenía que interrogar, a tenor de la actitud de la judicatura con el, hasta el presente Juez, Elpidio José Silva, al que le piden una inhabilitación de cuarenta años por tener la osadía de no tratar con la delicadeza que se merece a un delincuente de tan frágil epidermis, acreedor de toda clase de privilegios dada su condición de protegido de Aznar. Cuando terminó su declaración se las prometía tan felices como en el interior del Juzgado: una rápida salida con la tranquilidad de la protección policial y el convencimiento de que, una vez más, había engañado a los jubilados a los que estafó el dinero de las preferentes.

Mas aquellos a los que Blesa y sus huestes habían despojado de sus ahorros de toda una vida no estaban dispuestos a dejarse engañar otra vez por el exbanquero y se situaron frente a la puerta de atrás de los juzgados de donde salió el presunto ladrón, protegido por la policía que pagan los ciudadanos incluidos los estafados por las preferentes. No le ahorraron epítetos bien descriptivos de la condición del expresidente de Caja Madrid. Y en el fragor de la irritación una pancarta de los preferentistas acabó chocando con el pétreo rostro de Miguel Blesa, en un acto de justicia poética y pleno de simbolismo de que lo que puede llegar a sucederle a todos aquellos que llevan años robando derechos y libertades al pueblo.

Hacen bien esos sesudos señores reunidos en Davos cuando reflexionan sobre el riesgo de tensar la cuerda de los abusos del modo que lo están haciendo, pueden, como mínimo, llevarse algún pancartazo más o menos contundente.

Aunque algunos no reflexionan como lo hicieron quienes advirtieron a los poderosos del riesgo de inestabilidad social y conflictos y siguen en su obcecación de privilegiar tan solo a los más ricos. Es lo que ha hecho el Gobierno de Raxoi al bajar el IVA cultural únicamente a los especuladores de arte, a los anticuarios y a los que hacen negocio con antigüedades que, en muchas ocasiones, tendrían que estar en museos y no en colecciones privadas.

Consciente de que la cultura es un peligro para los dictadorzuelos y gobernantes corruptos, este Gobierno no quiere que los libros, el cine, el teatro, los conciertos sean asequibles al pueblo, no sea que este se acostumbre a pensar. Pero eso es una cosa y otra los beneficios que pueden lograr quienes especulan con el arte, las antigüedades o los falleros; esos bárbaros que, con el olor de la pólvora y la ausencia de seny, se dedican a loar a Rita Barberá, al menifotismo bajuno y al blaverismo más radical, envueltos en olor a fritanga, ruido y desconsideración total por cualquier muestra de civismo.

El Gobierno del PP favorece así, una vez más, a los poderosos como viene haciendo desde que llegó a La Moncloa con tanto descaro como para que la ONG Intermón Oxfam le haya reprochado que solo gobierna ‘para las elites’. Seguramente no ha reflexionado ni un momento en que esa manera de conceder privilegios a los ricos, machacando siempre al pueblo puede llevarle a tener conflictos y desórdenes sociales.

Seguramente es porque están convencidos, de acuerdo con uno de los miembros del Gabinete, el Ministro del Interior, Jorge Díaz, que les protege Santa Teresa… o su brazo, como Franco.

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