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Crónicas de Ejpañistan: El rey senil y la Infanta imputada.

Pareciera como si en este triste Patio de Monipodio que es Ejpañistan se sufriese la maldición de algún dios inmisericorde que castigara a sus desafortunados pobladores ya sea con políticos inútiles, cuando no corruptos, o con Jefes de Estado dictadores o Monarcas, cuanto menos, patéticos. O a los que roza la corrupción por razones familiares. 

A los muchos problemas que sufre este país a consecuencia de un Gobierno vendido a la especulación y a la oligarquía, enfangado en el caso de corrupción más apestoso que ha visto la historia de la pseudodemocracia imperante desde 1977, se suma ahora, para completar la imagen de un país atrasado, hazmerreir del mundo, el protagonismo de una Jefatura del Estado en manos de una Monarquía caduca y tocada por la corrupción.

Los borbones nunca fueron demasiado longevos, los antepasados más cercanos del actual monarca, Alfonso XII y Alfonso XIII, murieron a los 28 y 55 años respectivamente. El primero reinó tan solo diez años, y su hijo, que naciera rey, lo fue de facto desde los 16 años hasta 1931, año de proclamación de la II República. El actual rey, sin embargo, lleva 38 años reinando, dos más -36- que los que impuso su dictadura el genocida Franco, que fue quién le designó para que ostentase la Jefatura del Estado a su muerte.  

En la celebración de la Pascua Militar el rey dio inequívocas muestras de deterioro, el espectáculo de su de penosa senilidad que se contempló durante la celebración de la Pascual Militar le puso en el punto de mira de todos los medios nacionales e internacionales, de los que muchos, al igual que infinidad de ciudadanos, se preguntan qué hace ostentando tan alta magistratura una persona tan anciana o tan castigada por la vida, imposibilitada para ejercer un cargo público.

Resulta difícil entender que al frente de la Jefatura del Estado permanezca un personaje que es evidente no puede ni con su alma. Bien es verdad que otros antepasados suyos, como el iniciador de la dinastía borbónica Felipe V, reinó hasta su defunción, incluso padeciendo una enfermedad mental. Mas se supone que los tiempos han cambiado y que en un país democrático la Jefatura del Estado debiera ejercerla, en primer lugar alguien elegido por el pueblo y, evidentemente, en plenitud de sus facultades mentales. Y que ni él ni su familia anden tocados por casos de corrupción.

Hace verdecer de envidia ver cómo en Alemania al Presidente de la República lo expulsaron del poder y lo han juzgado por recibir un soborno de menos de mil euros. Sin embargo, en este triste país hace que se incendien las redacciones la noticia de la imputación de la hija del rey; algunos se llevan las manos a la cabeza y ciertos medios, con prácticas cortesanas, critican al osado juez que imputa a una infanta de comportamiento más que dudoso, porque lo consideran una afrenta a la institución o el afán de protagonismo de un perverso juez republicano.

Cuando esta misma mañana se ha conocido que el juez Castro se decidió a imputar a la hija del Jefe del Estado, Cristina de Borbón, por blanqueo de capital y delito fiscal la noticia corrió por el país como si fuese algo decisivo para la vida del pueblo. Que por fin se haya llegado a la imputación de una señora que, como señala en su auto el juez, "ha intervenido, de una parte, lucrándose en su propio beneficio y, de otra, facilitando los medios para que lo hiciera su marido, mediante la colaboración silenciosa de su 50% del capital social, de los fondos ilícitamente ingresados en la mercantil Aizoon procedentes de los lucrados por la Asociación Instituto Nóos”, no tendría por qué ser noticia.

Que existen razones para que la señora de Urdangarin dé explicaciones ante el juez de sus manejos no cabe duda a nadie, lo que no se sabe aún si el Fiscal, siguiendo las indicaciones de un Gobierno cortesano, se empeñará en esa figura inexistente en Derecho, el de la ‘desimputación’ , que demostró que la afirmación de su señor padre, cuando aseguró que ‘la justicia es igual para todos’ no era sino una mayúscula falacia.

Si después de un auto impecablemente armado y razonado, la Fiscalía y la Audiencia de Palma deciden que se anule la imputación darán lugar a enorme escándalo que no entenderán ni los ciudadanos de este triste país ni la prensa de los de nuestro entorno, que observan con sorpresa y estupor, el grado de corrupción que se vive en este país, tan extendida que alcanza a la Corona. La imputación  y la debilidad senil del monarca -que obra como los reyes del medioevo, aferrándose al trono quizá porque teme que al dejar el cargo deje de ser impune ante la ley como lo es ahora- causan desagrado y rechazo.

Cuando hoy saltaba la noticia de la imputación de Cristina de Borbón como autora de presuntos delitos económicos que se pueden castigar con penas de cárcel, la noticia ocupaba los primeros lugares en los digitales de todo el mundo, desde la BBC a Le Monde, desde el Washington Post a la Agencia Bloomberg, que contemplan atónitos cómo la Monarquía española está tan desprestigiada como los políticos a causa de una corrupción que todo lo envenena.

En la actualidad, en una situación de descrédito de la política la Monarquía, que podría haberse ganado el respeto de los ciudadanos mostrando más sensibilidad con las víctimas de la crisis, obró como suelen obrar las monarquías y más en este país: por una parte en lugar de ser solidaria con un pueblo que sufre tanto el rey como su heredero demuestran con toda desenvoltura su acuerdo con un Gobierno depredador puesto al servicio de la oligarquía, posición que comparte la misma Corona, que tampoco duda en gastar tiempo y dinero de los contribuyentes en favorecer al empresariado acompañándolos en viajes al extranjero para que se promocionen, o congratulándose sin empacho de los inicuos recortes a los derechos de los trabajadores porque estos facilitan la vida a inversores y empresarios. Entre los que, de creer a la prensa internacional, los Borbones están entre ellos.

Por otro lado, su actitud con la primera imputación de Cristina de Urdangarin en relación con el caso Aizoon no pudo ser más torpe y vergonzosa. Manifestarse satisfechos por el auto del Fiscal pidiendo que se levantase la imputación a la infanta fue como admitir que detrás estaba la Casa Real sugiriendo al Gobierno qué había que hacerse. Ahora, aprendida la lección de las críticas recibidas por esas manifestaciones públicas, calla y dice que deja actuar a la Justicia.

La Monarquía española, sucesora del régimen fascista de Franco, cuenta en la actualidad con el desapego de los ciudadanos, ganado a pulso con su actitud insolidaria y por las amistades peligrosas del rey y sus vástagos. El cuento de que el rey salvó la democracia hoy día ya no vende como antes. A los mayores porque no es verdad, lo saben y vivieron cuánto costó al pueblo arrancar un ápice de pseudodemocracia y a los jóvenes porque no han conocido de la monarquía más que su fasto, el dinero que le cuesta al erario, y lo que presuntamente vienen robando sus familiares.

Con ese panorama, si a los Borbones les quedase un resto de respeto por los ciudadanos y por ellos mismos, harían las maletas y se irían de este país.

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Comentarios

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