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Constancia de que cuanto ocurre ya se sabía que ocurriría si gobernaba el PP

Constatada la insoportable situación a la que fue conducido este país, muchas veces me pregunto si, con todo, este blog no estará siendo insistente en demasía al denunciarla día tras día, y con machacona insistencia, a riesgo de perder lectores y, sobre todo, de perder eficacia, y caso de que así fuera, si ello pudiera ser en razón de que el PP nos hubiera empujado, entre otros empujones, a una especie de locura charlatana. Aunque cuanto se desgrana en cada posteo, es decir, exactamente lo que va exigiendo cada decisión que toma el Gobierno de Raxoi, o las que deja de tomar, a pesar de la urgencia con que se le reclama que lo haga, de cada una de sus intervenciones, la última siempre logra superar en falta de cordura a la anterior.  

Del pozo de miseria de toda índole en que nos hundió y la sentina de corrupción en la que desembocó en su propio caso -aunque entre este pozo y aquella sentina, entre una miseria y otra, no haya un solo punto en común, salvo el nombre y el exceso, que son miserias de muy naturaleza distinta ser pobres porque se nos ha despojado de todo, y robado a cuatro manos, y ser pobres solo de integridad, de vergüenza y de razón, como en el caso del PP- nos ha llevado a la catástrofe.

Así  recordé que, de cuanto ocurre, pero antes de que hubiese ocurrido, dejé constancia en un posteo de lejana fecha que, de haberlo leído, seguramente no habrán olvidado, y a medida que pasa el tiempo, se irá convirtiendo aquella fecha en una tan odiosa como la deuda, simbólica de qué le puede pasar a un pueblo que vota en función de la ignorancia, de la desmemoria, del interés particular -¡infeliz!-, o de, que de todo hay en aquel voto, esperar que caiga alguna migaja de la mesa del romo e insaciable epulón.

Este que sigue es aquel posteo, y aunque no me gusta alardear de nada, habrá de reconocérseme que algo entiendo de derechas españolas, que con el biberón debieron de insuflarme una especie de sabiduría específica para como poder haberme anticipado con éxito al camino que, hoy, ya recorrió esta infame derecha que nos gobierna. Aunque, por otra parte, pienso, que más que mérito o gracia que se me regalara, no habrá sido sino conocimiento histórico de qué clase de caciques, de gobernantes de derechas y católicos -y por católicos, carentes de ética y aun de misericordia, para qué hablar de justicia o para que hablar de la obligación de velar por quienes les prestaron el poder- son responsables de que esta nación no haya podido desarrollarse y haber llegado a ser aún un país mayor de edad y europeo.

Texto publicado en este blog el 17 de noviembre de 2011: 


20-N con Machado: Ni la victoria del PP está escrita. 


¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
no está el mañana -ni el ayer- escrito

De "El dios íbero" (Campos de Castilla, 1912) A. Machado 

Sirvan estos versos para introducir, con lujo asiático, mi convicción de que, rozando ya la jornada electoral del domingo y a pesar de las encuestas, nada está escrito o decidido. Y por esta precisa razón, quienes vayan a votar, muy en especial los que piensan hacerlo al PP, debieran tener muy presente que estas próximas no son unas elecciones cualesquiera. Ni por las circunstancias, de origen externo, en que las van a celebrarse, ni por el partido del que se predice la victoria, lo que supondría sin que quepa un ápice de duda un cambio de régimen para los españoles. 

No es que el PP vaya a acabar con la democracia, como acabó con la República el golpe fascista de Franco, aunque tampoco habría que desdeñar el que muchos militantes, y aun dirigentes de este partido, sean defensores de una Dictadura cuya historia niegan, falseándola, para justificar el golpe fascista y militar, actitud que, por cierto, los hace muy diferentes al resto de conservadores europeos, que durante la II Guerra Mundial se enfrentaron al fascismo como al nazismo. Por el contrario, el PP cuenta entre sus filas con cargos filofranquistas, desde el presidente del grupo del PP en Europa, Jaime Mayor Oreja, quien calificó la dictadura de ‘época de tremenda placidez’, a los más variopintos alcalduchos que han procedido, desde a eliminar nombres de calles concretos, como Antonio Machado, Tierno Galván o Pablo Neruda, restituyendo los Generalísimo, José Antonio y  otros golpistas, hasta a que sean enterrados -con la dignidad que corresponde a cualquier persona- los asesinados por el franquismo, destruyendo, ya puestos, los monumentos levantados en su honor. De manera que, aquellos que deseen reivindicar el derecho a dar sepultura a familiares asesinados por el genocidio franquista deberán olvidar ese elemental derecho, porque el PP incumplirá la Ley de Memoria Histórica, en caso de que no la derogue.

Como vivimos una situación económica dramática en toda Europa, lo que de verdad preocupa a los españolitos es el futuro económico, mantener su puesto de trabajo el que lo tenga, o encontrar alguno los parados, esos que precisan cobrar una prestación que les permita, mientras, si no vivir, al menos sobrevivir. Y vuelvo a recordar una frase del lingüista norteamericano Noan Chomsky, quien en fecha reciente manifestaba que ‘el capitalismo es capaz de destruir la posibilidad de una vida digna’. Aunque también pronosticaba que “si la devastación capitalista se puede parar a tiempo, está en las manos de la población”, de total actualidad en el caso de nuestro país por la trascendencia de las elecciones del próximo domingo en las que hay que elegir entre un partido socialdemócrata, el PSOE y otro, el PP, al servicio del capitalismo puro y duro, dado que el impuesto bipartidismo hace necesario el voto útil.  

De la ciudadanía depende detener la devastación del capitalismo -tal que valora Chomsky la acción del gran capital-, de la patronal, que parece estar dictando al PP políticas destinadas a acabar con la dignidad de los trabajadores. En el diario El País del jueves, Mariano Raxoi anunciaba algo tremendo: “Menos las pensiones, se va a recortar todo”, para añadir que “las prestaciones por desempleo van a bajar; va a haber menos personas con derecho a cobrarlo". Raxoi, pues, se propone seguir al pie de la letra las recetas del más ultramontano capitalismo reaccionario, acabando de un plumazo con los restos del Estado del Bienestar. Pero, a la vez, anuncia que bajará los impuestos a los más ricos, lo que, todo sumado, sale por justo lo contrario de lo cree imprescindible para salir de la crisis el Presidente de la UE, Durão Barroso, de quien no puede predicarse el ser precisamente un progresista. Pero, como les venía a decir líneas atrás, de ninguna manera un ultraconservador neocon como Raxoi.

Tras haber leído las declaraciones del líder del PP, queda la duda entre que haya podido sufrir un ataque de integridad que lo empujó a develar su programa a muy pocos días de las elecciones, o más bien que, al asumir las tremendas dificultades a las que deberá enfrentarse, caso de ganar las elecciones, ha sido presa de un considerable ataque de pánico que lo obligó a ser sincero por primera vez en muchos meses para que los españoles no lo voten, consciente de los problemas a los que deberá enfrentarse sin hallar fórmula que apacigüe a los voraces mercados. Hasta el New York Times lo ha hecho culpable de que se haya disparado la prima de riesgo por la inconcreción de los planteamientos económicos de su 'programa' electoral.

Que los propósitos del PP son de beneficiar a las grandes fortunas no es un invento de quienes no quieren ver al PP en el poder, como esta periodista, sino que lo ha afirmado su propia Secretaria General, Dolores Cospedal, en un mitin celebrado en Ceuta: “Se sale de la crisis con políticas de austeridad que sirvan para crear empleo; el 'círculo virtuoso' de la recuperación económica, pasa por bajar, sí, por bajar -subrayaba- el Impuesto de Sociedades, no por subir impuestos, porque de esa manera no se ha salido nunca de ninguna crisis". Lo que calló la señora Cospedal, quizá porque desconsidera sus consecuencias, es que lo que no se logra jamás bajándolos es mantener el estado del bienestar, ese que permite que los parados y los más débiles reciban ayudas de gobiernos que llevan a cabo una política de redistribución de la riqueza y que el PP se ha hartado de proclamar que no practicará, al anunciar, de paso, que terminará con la Ley de Dependencia.

Con la reducción de impuestos, el PP destruirá los dos pilares del Estado del Bienestar, recurriendo a las privatizaciones, poniendo en manos de empresas o sociedades la atención sanitaria, la salud de todos nosotros; y en devotas manos católicas la educación de nuestros niños y adolescentes, a quienes se les cambiará la educación que les corresponde en democracia, Educación para la Ciudadanía, por credos religiosos del medievo encaminados a hacer de ellos borregos en lugar de personas libres y críticas.

El PP pretende sin éxito revestirse de piel de cordero moderado y demócrata, pero cuando gane las elecciones, si es que llega a ganarlas, se mostrará como es, un lobo de extrema derecha, decidido no solo a devorar el Estado del Bienestar, sino las libertades ciudadanas. Así, los derechos adquiridos por los homosexuales, que vieron reconocido el de poder contraer matrimonio con quien les place, no con quien les ordena la Iglesia, la ley de plazos del aborto, que podrán derogar, volviendo a considerar a la mujer un ser menor necesitado de tutela masculina y cuyo destino esencial sea la maternidad. Porque, en suma, el PP limitará tantos derechos ciudadanos como le ordene la Conferencia Episcopal, de la que ese partido es correa de transmisión, dispuesta a retrotraernos al pasado añejo y represor del nazionalcatolicismo.

Otra actitud escasamente democrática del PP se percibe en su afán de manipular la justicia. Ahí está la trama Gürtel con todas sus ramificaciones, el caso de Camps y de tantos que debieran haber sido juzgados ya, pero que se van escapando con la complacencia de los jueces más que amigos, gracias a las argucias legales y presiones de las que acostumbra a echar mano este partido que, por más que haya cacareado sobre la independencia de la judicatura, tiempo ha que olvidó a Montesquieu. Si lograron zafarse del peso de la ley estando en la oposición, qué impunidades no lograrán estando en el gobierno. Miedo da responderse a qué sucederá con una justicia ya de por sí inclinada a ideologías conservadoras, si llega a caer en manos de un gobierno ultraconservador y con mayoría absoluta.

Tampoco conviene olvidar, a la hora de temer la llegada al poder del PP, un asunto sumamente delicado respecto al cual no queremos consecuencias imprevistas; me refiero al problema de ETA. Es verdad que, cuando la banda terrorista anunció el cese de la violencia, Raxoi hizo unas moderadas declaraciones, pero faltó tiempo para que sus huestes más ultraderechistas dieran indicios de cómo pueden tratar asunto tan sensible con manos de muy ruda gente. Con su intolerancia, la que pone al servicio de sus intereses políticos, el PP puede dar al traste con la eficaz labor del gobierno socialista, muy en especial la del candidato Rubalcaba. Porque este partido se inclina a la humillación y a la venganza, más que a solucionar este asunto con el tino y la diplomacia exigibles, lo que podría llevarnos a sufrir de nuevo los embates de los cafres etarras, a los que conviene tratar con el palo en una mano y la zanahoria en otra. Y el PP solo entiende de palos.

En resumidas cuentas, el PP es el partido de la patronal, de la Iglesia, de los descendientes del fascismo, de quienes confunden la ley con la venganza, solicitando penas inadmisibles o inhumanas, como la cadena perpetua, de la persecución a los periodistas libres, los decididos a convertir cualquier medio en un órgano de propaganda. Ahí están las amenazas a la periodista de RTVE Ana Pastor por haber mostrado su desacuerdo con Cospedal, o las televisiones que controlan, como Telemadrid, o Canal NO-DO (RTVV).

El domingo, los trabajadores, los parados, los estudiantes, los jubilados y los dependientes, todos aquellos que necesitan una sanidad pública que funcione y que sus hijos se eduquen en libertad para ser personas críticas en lugar de borreguillos, las mujeres que quieran ser dueñas de su destino, los homosexuales que exigen ser tratados en pie de igualdad, quienes precisen protección social, justicia independiente y eficaz, libertad de información... es decir, una democracia madura, deben considerar que, si votan al PP, perderán aun los derechos adquiridos.

Para terminar, insistiremos: el partido de Mariano Raxoi, por muy contemporizador y moderado que intente mostrarse en campaña es defensor del neoliberalismo salvaje en lo económico, de una ideología ultraconservadora descendiente del franquismo, y practicante de las moralinas dictadas por la secta católica. Votar al PP es votar la regresión al pasado, la renuncia a los derechos, la orfandad de justicia y la ausencia de libertad. Salvo desinformación por parte de alguno, dudo mucho que sea esto lo que quieren los españoles.



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