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Las mentiras de una ‘Transición’ que no fue: Casi cuarenta años después, el franquismo sigue impune.


El diario digital Público sacaba a la luz ayer, en la sección Memoria Histórica, unos datos que en su momento apenas se conocieron porque la prensa y las fuerzas que controlaban lo que supuestamente estaba siendo la 'Transición', tuvieron buen cuidado de que no conociéramos: http://www.publico.es/486049/el-tribunal-internacional-contra-el-franquismo-trato-de-frenar-una-transicion-basada-en-el-olvido

En 1978, pocas semanas antes de que se aprobase la Constitución, las fuerzas de seguridad del régimen detenían a los integrantes del Tribunal Cívico Internacional Contra los Crímenes Franquistas, integrado por políticos de la Segunda República, jueces, abogados, jóvenes militantes, periodistas, profesores, escritores y artistas. El propósito de aquel Tribunal era edificar una democracia que no olvidara a los desaparecidos en las fosas comunes del franquismo y que juzgara a los responsables de los delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

La respuesta del establishment fue detenerlos, tras la celebración de un acto celebrado en Barcelona. No podían consentir las fuerzas franquistas, las que controlaban el supuesto cambio de régimen, que alguien pusiera en peligro la impunidad que le garantizaba el lavado de cara llamado 'Transición', que no fue sino un cambio de vestimenta, un ponerse la piel de cordero las alimañas asesinas.

Al cabo de treinta y seis años de haberse aprobado una Constitución que consagra la permanencia en la Jefatura del Estado de un personaje designado por el dictador fascista, el general Franco, la evidencia de que la 'Transición’ no fue sino un engañabobos que permitió a los sucesores del dictador seguir en la impunidad, e incluso nadando en la abundancia adquirida por el latrocinio perpetrado contra los republicanos, empuja a los colectivos de la Memoria Histórica y a los organismos internacionales a empezar a plantarle cara a los que perpetuaron el régimen franquista disfrazándolo de pseudodemocracia.

La impunidad de los integrantes del franquismo es aún hoy, al cabo de treinta y ocho años de la muerte del dictador genocida, absoluta. Nadie ha investigado quienes causaron la muerte de más de las 150.000 personas desaparecidas que yacen en fosas olvidadas, ni a quienes se entregaron los entre 30.000 y 300.000 niños arrancados de las manos de sus madres ‘rojas’.

La impunidad de los asesinos y los torturadores del franquismo sigue abofeteando la dignidad de los demócratas, que ven con indignación e impotencia incluso cómo mantienen sus puestos policías torturadores del régimen que, no obstante, siguen ejerciendo sus funciones, como el Comisario Jefe de la Comisaría de Leganés, Jesús González Reglero, denunciado en la causa que la jueza argentina María Servini sigue contra el genocidio franquista.

No es el único. Porque el exjefe Superior de Policía de València, que dirigió la violenta represión contra los estudiantes del Lluis Vives cuando reclamaban condiciones dignas para su centro, Antonio Moreno, aquel que calificó a los adolescentes que protestaban como ‘el enemigo’, comenzó su carrera durante el franquismo y nadie lo apartó de ella al llegar la supuesta democracia.

Algunos dirigentes del PP nunca ocultaron sus simpatías franquistas; así, Mayor Oreja, quien calificó la dictadura como ‘época de placidez’, el senador Juan Van Hallen, que ofendió con sus mentiras sobre el Valle de los Caídos a muchos castigados por la dictadura y a sus descendientes, asegurando que en el siniestro Valle de Cuelgamuros no hubo presos políticos sino presos comunes que allí trabajaban por propia voluntad, o más recientemente, cuando el descarado portavoz adjunto del PP en el Congres, Rafael Hernando, manifestó en una tertulia televisiva que ‘algunos solo se acuerdan de buscar a su padre cuando hay subvenciones que cobrar’ ¿Existe un adjetivo para valorar estas palabras?

Manifestaciones semejantes se producen porque esta pseudodemocracia no puso coto alguno a los franquistas. Rafael Hernando, como otros integrantes del PP, inició su andadura política en la extrema derecha de Blas Piñar, Fuerza Nueva, grupúsculo que llegó a contar con un diputado en el Congreso porque, a pesar de contar entre sus filas con criminales convictos de asesinatos de militantes de izquierdas, nunca fue prohibida, como no lo está en la actualidad Falange Española Tradicionalista y de las JONS, la única organización política permitida por el franquismo, a la que muchos historiadores atribuyen los más siniestros y violentos actos de represión durante la dictadura, con cientos de miles de asesinatos en su haber.

Esa permisividad con los responsables de los sucesores de los crímenes del franquismo, como la Asociación Francisco Franco que se ríe de la democracia protagonizando homenajes al dictador, el reconocimiento legal de Falange, o las provocadoras declaraciones de políticos admiradores del régimen fascista se producen porque en la historia de la democracia a ninguno de los partidos que vienen gobernando desde 1977 se les pasó por la cabeza jamás ilegalizar a esos grupos que, en cualquier otro país de Europa, estarían en las cloacas de la clandestinidad.

Echando la vista atrás no se entiende cómo personajes como Felipe González o Santiago Carrillo, haciendo uso y abuso de las siglas de partidos cuyos militantes sufrieron los crímenes de la dictadura, hicieran tragar tanta mentira y tanto conformismo, conformismo que se vuelve en la actualidad contra el pueblo español, obligándolo a pagar las consecuencias de aquella falsa transición.

Partidos políticos dirigidos por líderes acomodaticios, una prensa colaboracionista que silenciaba noticias que podrían haber clarificado qué se estaba llevando a cabo bajo las apariencias, qué manejos se traían unos y otros para dar a la dictadura y sus integrantes el marchamo de demócratas de toda la vida, engañaron y maniobraron para que aceptáramos las migajas de una falsa democracia que perpetuó los intereses de la oligarquía, el silencio de los vencidos y la impunidad de los asesinos.

La crisis, los abusos del Gobierno de Raxoi, o la insistencia de los colectivos que no se dejaron vencer a pesar de todas las trabas puestas por un régimen falsamente democrático, están poniendo de manifiesto a diario que lo que nos vendieron como ‘Transición’ no fue sino un baile de disfraces de la dictadura, y gracias a la colaboración de unos dirigentes políticos que traicionaron sus ideales y al pueblo al tiempo, vendiéndose al régimen franquista por un plato de lentejas, por unos escaños o unas prebendas.

El hartazgo y el cansancio por la impunidad, la tenacidad de quienes nunca se dejaron vencer ni pactaron con el poder y los regímenes democráticos están recuperando energías y hay un clamor internacional contra la impunidad del franquismo que se evidencia en las resoluciones de la ONU o en el proceso que lleva a cabo la jueza argentina Servini de Cubría, que actúa decidida a aplicar el principio de Justicia Universal -al que se resistieron y se resisten los sucesivos gobiernos de este país- y a encargarse de aquello que una judicatura de derechas, en connivencia con el partido en el que militan hijos y nietos de las familias de la dictadura, el PP, impidió hacer al juez Garzón.

El repudio ante tanta impunidad trasciende nuestras fronteras y los países democráticos, incluidos aquellos que durante los años de la guerra generada por el golpe de los fascistas contra la República permanecieron indiferentes al drama de los republicanos, toman conciencia de lo insostenible que resulta que en un rincón de la Europa, teóricamente democrático, pervivan impunes los integrantes de una dictadura fascista jamás condenada.

Los ecos de la impunidad del franquismo resuenan en todo el mundo, y hasta el diario americano The Wall Street Journal –el mismo que paga a Aznar millonarias cantidades por ser consejero, a modo de agradecimiento Rupert Murdoch, su propietario, a los servicios prestados en los tiempos previos a la guerra de Iraq- denunció en sus páginas que, ‘El legado de Franco resuena en España’. El rotativo hizo una radiografía de los últimos acontecimientos acaecidos en España y protagonizados por ultras, que considera podrían ser el caldo de cultivo, junto a la crisis, para un resurgir de la extrema derecha.

El reportaje comienza refiriéndose a varios miembros del PP y de Nuevas Generaciones que, durante el verano pasado, mostraban sus fotos con banderas fascistas o haciendo el saludo nazi en las redes sociales, lo que traduce como “las contradicciones que acosan a España y al PP en la actualidad, sobre todo por el hecho de que, tras la muerte de Franco, muchos españoles que simpatizaban con él fueron absorbidos por el PP".

The Wall Street Journal recuerda que “monumentos a Franco y sus seguidores todavía salpican el paisaje español, pese a una ley de 2007 que impulsó a la Administración a que iniciara su eliminación”. “Este es el único país donde se puede ser demócrata sin ser antifascista”, lamenta Rafael Escudero Alday, profesor de derecho en la Universidad Carlos III de Madrid, uno de los españoles que intervienen en el reportaje del periódico norteamericano.

Mas la prensa extranjera no es la única que se escandaliza por la permisividad de la supuesta democracia con el fascismo: en el Reino Unido la Cámara de los Lores se celebró hoy mismo una sesión para abordar los problemas de la Memoria Histórica en España que el Gobierno de Raxoi se niega a abordar y para impulsar la creación de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación en nuestro país, iniciativa que también reclamaron diferentes partidos de la oposición y familiares y víctimas de la dictadura allí donde los escucharan.

Resulta dramático que tengan que ser organismos internacionales como la ONU, parlamentos extranjeros o jueces de otros países los que aborden un problema que los supuestos representantes de este pueblo jamás se molestaron en solucionar. Y más dramático aun que, durante los trece años de Gobierno de Felipe González y los ocho de Zapatero, no fueran capaces de obedecer la resolución de la ONU que considera que ha de derogarse la ley de Amnistía de 1977, impidiendo así la impunidad de los asesinos del régimen franquista que aún viven.

Es para preguntarse de dónde salieron esos dirigentes socialistas o comunistas que se plegaron cobardemente a las exigencias de la dictadura y de un rey que impuso la impunidad para la familia de Franco como condición para devolver al pueblo una democracia que, en puridad, aún sigue sin ser devuelta.

Si Felipe González, Santiago Carrillo y tantos otros dirigentes de la supuesta izquierda se hubiesen opuesto al compadreo que significó la falsa Transición, es muy posible que, con la ayuda internacional, se hubiesen recuperado la democracia y la libertad de que carecemos treinta y seis años después de haberse votado una Constitución pactista.
Porque lo que nos vendieron como ‘Transición’ se llevó a cabo con represión de los en verdad antifranquistas y sobre la sangre de más de seiscientas personas, de cuyas muertes rara vez dio cuenta una prensa colaboracionista con la monarquía, los cobardes políticos y los fascistas disfrazados de demócratas.

Es tiempo es de exigir que desaparezca para siempre todo lo relacionado con la abyecta dictadura y que sus representantes dejen de campar por sus respetos con total impunidad.

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