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ETA reconoce el dolor causado, sería conveniente que los responsables de otras muertes hiciesen lo mismo.

Estrategia política o un paso más hacia la paz, el comunicado de ETA pidiendo perdón implícitamente por sus casi mil asesinatos –aunque a efectos de Código Penal su comunicado no le servirá de nada al no hacerlo explícitamente-, debería tomarse como una buena noticia aunque las reacciones hayan sido tan variadas como cuando anunció el cese definitivo de la violencia.

Quizá en aquel momento no se los tomó en serio, sobre todo no lo hizo a un sector de la sociedad, el vinculado al PP, así como otras formaciones y medios de comunicación reaccionarios, a los que no convenía hacerlo porque, de aceptar la sinceridad de la banda, hubieran tenido que reconocer el éxito de Zapatero y Rubalcaba en su determinación de acabar con el drama del terrorismo, totalmente eclipsada por sus errores en la crisis económico, aunque, con el paso de los años o tal vez siglos, los libros de historia reconocerán que fueron los Gobiernos de Zapatero los que acabaron con tan dramático asunto.

El que los presos de ETA reconozcan que causaron dolor, y mucho, es un paso. Que no pidan perdón explícitamente un escollo o una torpeza por su parte para conseguir sus fines de optar a una política penitenciaria un tanto cuestionable desde el punto de vista de los Derechos Humanos a los que, en un Estado civilizado, también los delincuentes tienen. Cosa que, desdichadamente, cuesta que entre en la cabeza de buena parte de la ciudadanía empeñada en que se aplique antes la Ley de Talión que esos principios.

La reacción del PP al comunicado de ETA ha sido la de siempre, la de exigir más en una actitud que parece buscar no que se acabe definitivamente con la pesadilla etarra sino tensar la cuerda y provocar reacciones desfavorables en una banda que necesita poco para ese tipo de respuestas agresivas. Una vez más a lo largo de la historia de la existencia del terrorismo etarra pareciera como si al PP le molestase el fin de su violencia.

Javier Arzallus, político del PNV, reprochó en una ocasión a Jaime Mayor Oreja que su intolerancia y negativa a cualquier solución negociada con la banda tenía orígenes espurios porque él prefería la violencia etarra que le proporcionaba beneficios económicos por mor de su participación en empresas de seguridad.

Mayor denunció a Arzallus por difamación y perdió en todas las instancias judiciales porque se demostró que, efectivamente, tenía esos intereses y los tiene en el presente. Pensar que esa puede ser una de las causas por las que el PP prefiere una total confrontación con l a banda armada es suponerle muy rastrero, más, teniendo en cuenta que todas las acciones del PP –privatizaciones, recortes, imposiciones-, tienen siempre detrás las motivaciones económicas y de lucro cualquiera sabe.

La solución al problema etarra, prácticamente inexistente desde que dejó de asesinar y extorsionar, debiera pasar en el futuro por unas ciertas concesiones por parte de los demócratas. El ejemplo del IRA, con el que acabó Tony Blair hace años, es el que se debería seguir. Aunque a Blair le fue más fácil llegar a esas decisiones al contar con la aquiescencia de todas las fuerzas políticas y de la sociedad británica, mucho más pragmática y en consecuencia mucho menos visceral, que la de este país de países, tan inclinado a las posturas maximalistas.

En cualquier caso, sea sincero o no el arrepentimiento implícito de los etarras, el reconocer el dolor causado tendría que considerarse una buena noticia. No estaría mal que quienes también han causado muchas más muertes que la banda etarra pidiesen también perdón.

Porque han transcurrido treinta y ocho años desde que murió Franco, dictador genocida,  y hasta ahora ni sus descendientes genéticos o ideológicos han pedido perdón al pueblo por los muchos crímenes cometidos tras acabar la guerra civil. Solo el número de desaparecidos durante la dictadura -143.353- supera con mucho el de asesinados por ETA. Si a ellos se sumasen los ajusticiados hasta un mes antes de la muerte del tirano, o el de aquellas personas que murieron por las terribles condiciones de las cárceles franquistas, el número de víctimas del holocausto franquista convierte a la banda etarra en unos meros aficionados del crimen.

Mas no hay que irse tan lejos en la historia, porque bien podría acusarse directamente a los responsables de la estafa llamada crisis de un estudiado genocidio contra los más débiles. En este triste país llamado, donde por mor de un Gobierno ultraliberal en lo económico y sin alma en lo social, se produjo una media de 9.3 suicidios diarios a consecuencia de los desahucios y otros problemas derivados de la pobreza absoluta, también cabria exigir que los responsables de tanta desesperación pidiesen perdón.

Algunas fuentes cifran en 3.158 las personas que se suicidaron por problemas económicos –entre los que el factor más determinante fueron los desahucios-,  a esa siniestra relación habría que sumar también las 2.000 muertes prematuras producidas a causa de la pobreza energética, como señalaron diversas ONG’s el día que se anunció una subida de las tarifas eléctricas del 12%; o las registradas a causa del abandono de tratamientos crónicos por no pagar las medicinas, o las producidas por la negativa a atender en la Sanidad Pública a los inmigrantes, de las que ya hay dos víctimas constatadas, más los que no se hicieron públicas, como sucedió igualmente con algunos suicidios, sobre los que la información se hurtó a los medios, o los que siéndolo se computaron como accidente, como acaeció con la mujer que se quemó a lo bonzo en la sucursal bancaria de un pueblo alicantino.

Grosso modo podría decirse que la crisis ha dejado en este sufrido país cerca de seis mil víctimas. Seis veces más que las causados por ETA, a la que con razón se tilda de banda terrorista. La sinrazón es no reputar de terroristas a quienes, con sus políticas económicas ultraliberales han causado la muerte a cerca de seis mil personas.

Igual que a los etarras bien podría exigírseles a los franquistas y a los responsables de la crisis y los recortes que pidiesen perdón por sus crímenes. Porque no hay mucha diferencia entre unos y otros.

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