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Dos años de Gobierno del PP: Represión, desigualdad y escándalos (1)

Aunque los dirigentes del Gobierno de Raxoi se empeñan en culpar de todo lo negativo que sucede en este triste país al anterior Gobierno socialista, la realidad es que los dos años de Gobierno de Raxoi se han caracterizado por políticas represivas, de fomento de la desigualdad y escándalos de corrupción que ponen en evidencia que detrás de la crisis no solo estuvieron la burbuja inmobiliaria y la crisis internacional de los bancos, sino un escandaloso robo de dinero público por parte de las Comunidades gobernadas por el partido ahora en el Gobierno.

Calibrar cuántos ciudadanos se están literalmente mesando los cabellos por haber votado al PP es difícil, sobre todo porque las encuestas que suelen aparecer sobre intención de voto parecen excesivamente cocinadas. O si realmente los ciudadanos, después de todo lo que vienen sucediendo desde que llegó el PP al poder, piensan en seguir votando a ese partido o bien carecen de dignidad o bien son masoquistas.

Porque si por algo se caracterizó el actual Gobierno desde que llegó a La Moncloa no fue solo por el incumplimiento de su programa electoral, que también, sino por llevar a cabo medidas e iniciativas legislativas que no anunciaron en su día y que parecen únicamente enfocadas a hacer daño a la ciudadanía.

El último ejemplo de su afán represivo, de fomento de la desigualdad, de crueldad contra los débiles, es la nueva ley de penalización del aborto que alarma no solo a las mujeres de este país, que sufrirán las consecuencias de una ley represiva y retrógrada, sino incluso de organizaciones como la OMS o en los países europeos, como Francia, cuya ministra de Derechos de las Mujeres y portavoz del Gobierno francés, Najat Vallaud-Belkacem se dirigió por carta al Gobierno de Raxoi para expresarle su ‘honda preocupación’ por una ley que supone ‘un retroceso’.

Porque, como expresó en un encuentro con periodistas, "es terrible ver que en un país como España, que en estos últimos años se había convertido en una referencia para quienes luchan contra la violencia contra las mujeres vaya a disponerse a conocer un retroceso en materia de derecho a disponer del cuerpo propio".

Y es que la ley de Gallardón que prohíbe a las mujeres decidir sobre su maternidad y su propio cuerpo está enfocada a castigarlas con la pena de sufrimiento perpetuo en el caso que engendren un feto enfermo. La prohibición de abortar en el caso de anomalías fetales hará que nazcan niños dependientes en un país en el que el actual Gobierno ha dado la espalda a las personas con ese tipo de problemas, recortando las partidas destinadas a Dependencia en un 47%, dejando sin prestaciones a 400.000 personas, ha suprimido la Seguridad Social de sus cuidadores y esperan ayudas 600.000 dependientes reconocidos a los que no abona lo que por ley tendrían que recibir.

La OMS –Organización Mundial de la Salud- ha mostrado su preocupación porque las limitaciones al aborto harán que muchas mujeres acudan a clínicas clandestinas en las que la falta de asepsia y profesionalidad puede dar lugar a una alta mortalidad. La  que sufrieron las españolas a lo largo de cuarenta años de dictadura naZionalcatólica que parece haber vuelto de la mano de un ministro que, como cualquier ayatola talibán, impone sus creencias en forma de legislación a todas las mujeres, participen o no de sus creencias.

Mas no es solo la ley de penalización del aborto en lo que demuestra el actual Gobierno que es de extrema derecha, absolutamente fascista y represor, la ley de Seguridad Ciudadana, en la que se leen términos que se pensaban olvidados en  este país, como lo están en cualquier democracia, ha vuelto al Código Penal y a los reglamentos: ‘orden público’ ‘desacato a la autoridad’, ‘desobediencia a los agentes de la autoridad’ o ‘ultraje a España y su bandera’ son términos que muchos creíamos olvidados en este triste país en el que un Gobierno de extrema derecha con mayoría absoluta está protagonizando un deleznable regreso a la dictadura criminal del genocida Franco.

En los dos años que lleva gobernando el PP ha profundizado la brecha social hasta extremos inconcebibles. Desde su llegada al poder el número de personas bajo el umbral de la pobreza alcanza al 28% de la población. La supresión de prestaciones a cuatro de los seis millones de parados y las bajadas salariales producidas gracias a una infame Reforma Laboral, hecha a la medida de un empresariado feudal y una OCDE que quiere hacer de los países del sur sus esclavos, han convertido a la mayoría de los ciudadanos en clase empobrecida y sin derechos, sufriente y acobardada, como lo estaba cuando la bota del dictador pisaba la dignidad del pueblo.

A esas situaciones de opresión social y económica hay que sumar el latrocinio organizado, perpetrado por los políticos de la derecha en las comunidades donde gobierna y a nivel nacional, dados los indicios que se van descubriendo de las investigaciones de los casos Gürtel y Bárcenas. A lo que hay que sumar el escandaloso asunto de Bankia, o Caja Madrid, cuyo rescate cuesta al erario público más de 22.000 millones de euros y que, por lo que se conoce a través de los correos que su presidente, Miguel Blesa de la Parra, se cruzaba con unos y con otros, se pone al descubierto un entramado de intereses creados que dejan a Leonardo y Crispín convertidos en meros aprendices.

La corrupción campa por sus respetos en este triste país, donde el Gobierno de Raxoi –de extrema derecha y carente de cualesquiera principios éticos- utiliza a la Fiscalía anticorrupción como defensora de ladrones, corruptos, mangantes, estafadores y pendolistas de toda laya siempre que tengan en su bolsillo el carné del partido. Y cuando ni con las buenas gestiones de los fiscales sus amigos se libran del peso de la ley ahí está el Ministro de Justicia (?) para indultar a toda clase de delincuentes siempre que tenga relaciones políticas o familiares con los dirigentes del PP o con él mismo.

Es curioso que algunos ingenuos analistas se congratulen inconscientemente de que en este triste país de países no existan partidos de extrema derecha en auge como está sucediendo en toda Europa donde, al socaire de la crisis, surgen como setas en otoño, proclamando la superioridad de la raza blanca, el odio al extranjero pobre o a otras razas. Curioso porque no se dan cuenta de que aquí no es que no existan grupúsculos de extrema derecha, racistas, integristas e intolerantes, es que el partido en el Gobierno aglutina en su seno a los integrantes de las más abyectas ideologías.

Xenófobos que han dejado a los inmigrantes sin sanidad, que los encierran en centros de internamiento como si fuesen delincuentes cuando su único delito es huir de la pobreza y carecer de papeles; represores fascistas que están anulando con leyes inconstitucionales derechos inalienables como los de reunión o manifestación o la igualdad entre hombres y mujeres, dejándonos en un estado de sometimiento parecido al que imperaba en el Derecho Romano, en el que las mujeres eran consideradas imbéciles, al no poder decidir sobre ellas mismas.

El balance de los dos años de Gobierno de Raxoi se pueden resumir en muy pocas palabras, pero que ponen el acento en el dolor de todo un pueblo que, inexplicablemente, no se rebela contra un Ejecutivo talibán y fascistoide: Pobreza, represión, escándalos de corrupción y mentiras.

Lo que muchos no podemos explicarnos es cómo aún queda algún ciudadano tan masoquista como para volver a votarlos.

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