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Cómo se ve el crecimiento económico puertas afuera de La Moncloa.

El pasado viernes las pantallas de las televisiones dieron la imagen de un Presidente del Gobierno satisfecho, exultante de los resultados económicos, como si este triste país fuera de verdad, como dijo su extravagante ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ‘el asombro del mundo’. No habló de ‘brotes verdes’ porque esa frase está maldita por haberla utilizado Zapatero, pero lo hizo de recuperación económica, de crecimiento. Se mostró convencido, encantado de haberse conocido, de que el país está saliendo de la crisis y que crecerá económicamente el próximo año, que todo va ir a mejor y que las cifras del paro se reducirán. Aunque no dijo cómo.

Fuera de La Moncloa, lejos de sus mullidas alfombras, de los cuadros de Patrimonio que cuelgan de sus paredes, de los muebles caros, la temperatura confortable y los jardines paradisiacos existe un mundo real, amargo, duro, frustrante y lleno de dolor que no ve para nada esa recuperación económica de la que hablan, desde sus calientes despachos con hermosas vistas, los Botín, los Montoro, el Presidente Raxoi y todos cuanto tienen bien forrados sus bolsillos y sus espaldas.

Mas la realidad puertas afuera de La Moncloa, de los despachos de alto nivel, de las casas de los barrios caros protegidos por esa seguridad privada a la que el Gobierno quiere dar funciones de agentes de la ley es muy otra. ¿Dónde está la recuperación para los millones de parados de larga duración?

¿Dónde está esa maravillosa recuperación económica para quienes desesperados recorren los despachos de las Concejalías de Bienestar Social de mil lugares, suplicando ayudas que nunca se conceden, enfrentados a las agrias miradas de la mayoría de trabajadores sociales que miran con aire de superioridad, como si reprochasen que se necesite ayuda, como si al dolor de no tener ingresos tuviesen que sumar, como si de una maldición divina se tratase, la humillación y el maltrato de unos funcionarios que, con la reforma que planea el Gobierno de Raxoi, es posible que en unos meses se vean en las mismas condiciones de quienes ahora desprecian?

¿Se le puede hablar de recuperación a quienes no saben cómo repartir escasos 426 euros, porque si pagan el alquiler y los recibos de luz y agua no comerán, y si optan por dar de comer a sus hijos algo más que pan con pan se verán abocados a convertirse en unos sintecho , o a vivir muertos de frío y sin poder lavarse?

¿De qué recuperación se le puede hablar a esos miles de jóvenes que han tenido que abandonar sus estudios universitarios, que ven asesinado su futuro y sus sueños porque el Ejecutivo niega becas, sube tasas, y paga sueldos de hambre a sus progenitores, que no podrán seguir asumiendo el coste de la carrera de sus hijos?

¿Recuperación? ¿La de los trabajadores con sueldos menos que mínimos, contratados por días y hasta por horas, cuyos nombres y desgracias aprovecha un despiadado y cínico Ejecutivo para jugar con las cifras del paro y asegurar que desciende, a la vez que unos empresarios sin alma hacen su agosto a costa de la desesperación de los trabajadores al ofrecerles trabajos de esclavos?

¿Mejora de la economía, crecimiento? El de las grandes fortunas, las de los corruptos que con las privatizaciones de lo público, de los bienes del pueblo, se enriquecen haciendo negocios millonarios a costa del dolor de la gente. Y no solo de dolor social, sino de dolor físico, del que experimentan los pacientes que no quieren ser derivados a la privada, a los que les niega las anestesias que facilitan en las empresas sanitarias privatizadas que tantos dividendos proporcionan a sus propietarios y a los políticos corruptos que las hurtaron a la ciudadanía.

¿De qué recuperación se atreve a hablar un Presidente cuyo partido ha desmantelado la Sanidad y la Escuela Pública poniéndolo en manos privadas, ya sean empresas sanitarias o sectas religiosas, como la católica?

Hablar de recuperación económica resulta un sarcasmo o un humillante insulto cuando el 28% de la población de un país vive por debajo del umbral de la pobreza, donde el salario mínimo es uno de los más bajos de Europa, por debajo incluso de países rescatados como Portugal o Irlanda, donde miles de jóvenes han tenido que exiliarse para poder trabajar, donde los parados de larga duración, esos a los que se dice que deberán trabajar hasta los setenta años, se les niega la posibilidad de acceder al mercado laboral si tienen más de treinta y cinco años.

La recuperación económica de Raxoi, sus brotes verdes, su crecimiento no son más que bofetadas a los parados, a los dependientes sin prestaciones, a los desahuciados, a los jubilados que han de prescindir de sus tratamientos farmacológicos porque han de dar de comer a sus hijos y a sus nietos, a los millones de personas que no reciben prestación alguna del Estado, a los estudiantes sin becas, a los que enferman o incluso mueren por no calentar sus casas, a quienes no tienen ni techo porque los bancos se lo robaron.  

Para esas personas, a las que el Gobierno no ve ni piensa en ellas ni como cifras, los brotes verdes son ramas secas, como las de esos árboles de las películas de dibujos animados de antaño que tanto miedo daban a la gente de mi generación, que nunca imaginó que se harían, por mor de las políticas de un Gobierno de ultraderecha en lo ideológico y salvajemente neoliberal en lo económico, en una amenaza real, en los verdugos de cualquier expectativa o posibilidad de vivir como personas dignas.

Habría que sacar a Raxoi y a todos cuantos ven recuperación y crecimiento a la calle, a la vida real, y ponerlos a vivir como tantos millones de ciudadanos, para que se enterasen dónde está la recuperación o los brotes verdes, o el crecimiento del que hablan con el insultante desprecio de los necios. O de los malvados.


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