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Aznar, Blesa, Caja Madrid, 22.424 millones del rescate: Paradigma de la corrupción.

Obra de Gerardo Rueda a  la venta en Artinvestia por 14.520 euros
El rescate de las cajas de ahorros cuesta a los españoles 61.366 millones de euros que no recuperaremos nunca. Esas astronómicas cantidades son las que han dado lugar a que a los ciudadanos les hurten la gratuidad de la sanidad, de la enseñanza, las becas universitarias, las prestaciones del paro, las de la dependencia, las de renta básica de subsistencia y todo cuanto conformaba el desaparecido Estado del Bienestar.

La factura final del rescate bancario, mejor dicho del rescate de las Cajas de Ahorro, equivaldrá a 6.1 puntos del Producto Interior Bruto-PIB-, la mitad de lo que le cuesta al Estado pagar la prestación por desempleo a seis millones de personas, -26.993,7 millones-  tres veces lo que se le niega a dos millones de parados en el presente sin prestación y cinco veces el presupuesto de Sanidad de las comunidad de Madrid y del País Valencià juntas o siete del de Catalunya.

Los responsables de ese sinsentido, que está dando lugar a suicidios por desesperación, a muertes prematuras por falta de medicación, al sufrimiento de millones de personas tienen nombres y apellidos. Porque por mucho que digan algunos políticos de dudosa honestidad que la crisis de las entidades financieras tiene su origen en que la ciudadanía vivió por encima de sus posibilidades es una gran falacia ofensiva que se suma al latrocinio organizado del que ha sido víctima los pobladores de este triste país llamado Ejpañistan.

Quienes vivieron por encima de sus posibilidades y de su honradez fueron los directivos bancarios y los políticos que los apoyaban y que se beneficiaron de sus gestiones opacas, fraudulentas y delictivas.

La crisis de las Cajas de Ahorro no ha sido sino la explosión del latrocinio perpetrado por los integrantes de asociaciones de malhechores disfrazados de gestores o políticos. La formada por quienes eligieron la política como modus vivendi para forrarse a costa de sus conciudadanos, robándoles a mansalva para satisfacer sus ambiciones y vicios personales.

Los correos que estos días van revelando algunos medios procedentes de Caja Madrid -la entidad transmutada en Bankia y que fue la que se llevó la parte del león del rescate, 22.424 millones de euros-, y que cruzaba su expresidente, Miguel Blesa de la Parra, con políticos como Aznar o con sus empleados, pone en evidencia el gran latrocinio que se sufrió en este país y que, dada la complicidad de algunos jueces y fiscales, parece que acabará con la impunidad de los sinvergüenzas o incluso con la expulsión del juez que quiso castigar el atraco, Elpidio José Silva, procesado por haber mandado a Blesa a la cárcel.

Todo lo sucedido en Caja Madrid desde que Aznar nombrara a su compañero de oposiciones a inspectores del Estado presidente de Caja Madrid, nada más llegar a la Moncloa, pone en evidencia la sospecha de que el PP más que partido político se asemeja a una  asociación de malhechores, gente puesta de acuerdo para atracar sin piedad las arcas del Estado.

Personajillos que creyeron ser como el Rey Midas, que todo cuanto tocaba se convertía en oro, aunque al final se vieron convertidos en aprendices de brujos, ahogados en su incontrolable podredumbre, por mucho que cuenten con la pasividad complaciente de algunos jueces y fiscales.

Detrás de los correos cruzados entre Aznar y Blesa se adivina algo más que la petición de favores entre amigos, en los dolidos correos de Aznar y su familia por le fallido asunto del museo de Gerardo Rueda todo huele a uso de información privilegiada y alteración del precio de las cosas.

Cuesta creer que los cuadros de Gerardo Rueda, que se cotizan en la actualidad entre los 14.000 y los 100.000 euros, pudieras suponer un desembolso de 59 millones de euros para hacer un museo a capricho del señor Aznar, solo porque el artista ‘era su amigo’. Como cuesta aceptar que, dada su ideología, al colaborador de G. W. Bush en la guerra de Iraq, al comerciante de armas en las dictaduras de las que tanto abominaba en apariencia, fuese un admirador del arte del creador, junto con Zóbel y Torner, del Museo de Arte Abstracto de Cuenca.

Detrás del inmenso cabreo que revelan los correos en los que los Aznar reprochaban a Blesa la negativa a comprar la obra de Rueda, se puede sospechar que hubo algo más que aficiones artísticas. Es lógico pensar que detrás del enfado de quien enchufó a Blesa al frente de Caja Madrid, estaba la rabia por un negocio millonario frustrado. Uno de tantos de los que parece hizo el expresidente del Gobierno a costa de su rentable cargo. Porque nunca a lo largo de la historia moderna un Presidente del Gobierno amasó tamaña fortuna tras su presidencia. 

El timo de las preferentes, del que Blesa y sus empleados alardeaban, riéndose de los compradores descaradamente y de los sindicatos que se opusieron a la comercialización de esas acciones- ‘si los sindicatos se oponen habrá que pensar que son buenas’ dijo un subalterno de Blesa, entusiasmado por el éxito de la venta fraudulenta y tramposa de esas acciones a ingenuos ahorradores, prácticamente analfabetos-, fue tan solo la punta de un iceberg de corrupción y latrocinio que en el presente tiene sumido a este país en la miseria.

Concesión de créditos que se sabía que no se cobrarían, como los concedidos a Gerardo Díaz Ferrán, amiguismo, nepotismo, gorronería sin tasa a cuenta del dinero público, con la celebración de Consejos de Administración en lujosos hoteles a cargo de los contribuyentes, regalos caros y caprichosos a los accionistas, caviar, Ferraris, mansiones, yates, cacerías, negocios ruinosos para la entidad pero rentables para quienes los llevaban a cabo. Dinero público y beneficios privados. Como la compra de un banco en Florida, o una mansión en el mismo lugar para uso de los directivos de la entidad.

Bankia, o Caja Madrid, es el paradigma de un estilo de vida, la de los criminales que descapitalizaron entidades públicas en su beneficio y en el presente hay que reflotar con el dinero de los expoliados ciudadanos, porque no se sabe por qué capricho de los financieros no se podía dejar quebrar esas Cajas saqueadas por ladrones de la peor especie que transitaron impunemente por este triste país llamado Ejpañistan.

Si existieran decencia y Justicia a partes iguales, quienes saquearon lo público de manera tan descarada estarían en prisión y embargados, con todo lo robado de vuelta a las cuentas públicas.

Mas, sin embargo, el único procesado es el juez que quiso meter en la cárcel a Blesa, porque quienes no permiten preguntar en una vista judicial a Blesa por sus manejos, por sus relaciones con Aznar o por todos sus negocios fraudulentos, permanecen en su juzgado, acompañados complacientemente por fiscales llamados anticorrupción, que más parecen abogados de los corruptos.

Lo sucedido en Caja Madrid, en el pasado y en el presente, es el paradigma de esa Ejpañistan gobernada por quienes no tenían más planes de futuro que esquilmar al Estado hasta dejarlo en el esqueleto, parte de una asociación de malhechores que lleva demasiados años robando a los ciudadanos como para que no acaben ante el Tribunal de la Haya, no solo por robo sino porque los recortes aplicados para paliar las consecuencias de sus latrocinios están costando las vidas de muchos ciudadanos.  

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Comentarios

  1. Han vaciado las arcas del Estado y ¿aquí no pasa nada?, pero que es este el casrecis

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    1. No, no pasa nada,es increíble la indiferencia del pueblo a que lo roben sin piedad. No lo puedo entender

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