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Acabar con la imagen conformista: Manifestarse todos el mismo día, a la misma hora y en la misma ciudad

Había una vez un país llamado Ejpañistan, gobernado por dictadorzuelos corruptos, a los que los que unos ciudadanos con alma de súbditos pensaban, según algún medio sometido al poder, volver a darle su voto cuando se celebrasen elecciones. Así podría comenzar el relato de lo que acontece en este país llamado Ejpaña si se atiende a los titulares del periódico de mayor tirada, después del Marca, el diario deportivo que más vende en un país desnortado donde la gente, empobrecida por un gobierno que solo favorece a la oligarquía –acaba de regalar otros 30.000 millones de euros a los bancos- y entretiene sus ocios leyendo prensa deportiva, viendo una televisión que se dedica a emitir programas de la víscera y los mas insubstanciales reality’s shows como T5.

La prensa y las encuestas dan la imagen de un país desnortado en el que, a pesar de la que está cayendo en materia de represión gubernamental, considera que la institución más prestigiosa del país es la Guardia Civil, una fuerza policial de condición militar que, entre otras cosas, le cuesta al erario millones de euros por las multas que impone la UE que condena esa modalidad de policía por considerarla antidemocrática. Y en el que la política más valorada es una señora tránsfuga, chaquetera, con tufillo fascistoide, a la que dice admirar el ultraderechista delincuente Sainz de Inestrillas, como es Rosa Díaz.

 Ese panorama que presentan los medios da la imagen de una sociedad en la que es muy difícil que se salga de la insufrible situación en la que vive este país llamado Esjpañistan, en el que una dirigente falaz, presuntamente corrupta y comprobadamente estúpida, como Dolores de Cospedal, se permite decir que su partido “no va a consentir que quede en manos de personas que siempre protestan pero nunca proponen absolutamente nada", dando muestras del pensamiento dictatorial de los integrantes del actual partido de Gobierno, el PP, que considera, como siempre lo hizo la derecha ultramontana de este desdichado país, que son los dueños del pensamiento, las vidas y las haciendas de sus pobladores por gracia de su particular Dios.

Las palabras de Cospedal son consecuencia de la rabia que le produce al PP que las calles se llenen a diario de gente que protesta contra sus arbitrarias, injustas y represoras medidas porque, a pesar de la imagen que da la prensa, el país está poblado por millones de personas que, evidentemente, saben muy bien lo que quieren y proponen: principalmente que dimitan, que se vayan porque llegaron al poder mintiendo y haciendo una campaña electoral tramposa en todos los sentidos, desde su discurso a la financiación, son unos corruptos, injustos y dictadorzuelos.

El PP niega esa evidencia argumentando que es más nutrida la mayoría silenciosa que acata con la cerviz baja todas sus decisiones. Se trata de una más de las muchas falacias de un Gobierno que miente sobre todo, pero en cierto modo, tienen la culpa los manifestantes que, en lugar de unirse en una manifestación multitudinaria, celebrada en Madrid por todos los colectivos a un tiempo, llegados de todos los rincones de esta maltratada Esjpañistan, colapsaría la capital del país y mostraría la fuerza del rechazo al PP.

¿Con cuánto millones de personas contaría una manifestación formada por las Mareas Verde y Blanca, los maltratados dependientes, los científicos a los que se ahoga por falta de subvenciones, los valencianos hartos de la corrupción del Govern; los trabajadores de todo el país con sus particulares preocupaciones como los mineros asturianos, los de los Astilleros de Ferrol, los de las lavanderías sanitarias privatizadas y otros tantos colectivos de trabajadores explotados gracias a una Reforma Laboral inicua; el Nunca Maís, al que ha repugnado la sentencia que absuelve a los responsables de la tremenda catástrofe ecológica que arruinó Galicia, los contrarios a la ley de ‘patada en la boca de la democracia’, los estudiantes universitarios a los que se han subido tasas y reducido becas, para sacar de la Universidad a los hijos de la empobrecida clase trabajadora; los abuelos a los que se hace repagar su medicación y les bajan las pensiones, los afectados por las preferentes, los desahuciados por los abusos bancarios y, en fin, todos los perjudicados por las decisiones de un Gobierno fascistoide, ultraliberal e injusto?

Si todos los colectivos se pusiesen de acuerdo para manifestarse juntos, un solo día y en la misma ciudad, a la misma hora, llegados de todos los puntos del país, ¿Qué fuerza policial iba a contenerlos? ¿Qué controles iban a impedirles llegar al centro de la capital?

¿Cómo podrían mostrar los medios afines al régimen del PP una imagen de ciudadanos conformistas o hasta satisfechos con la política de recortes para la mayoría y prebendas para la oligarquía financiera y empresarial? ¿Qué argumento utilizarían para vender esas encuestas cocinadas en las que aseguran que la mayoría volverá a votar al PP?

Si todos los contrarios a lo que viene haciendo el PP desde que ganó las elecciones, escandalizados por su corrupción y hartos de sus injusticias, saliesen juntos  al calle, el Gobierno de Raxoi tendría que darse por enterado.

Posiblemente no tendría la vergüenza y la dignidad de dimitir, pero no podría seguir negando que la ciudadanía de esta Ejpañistan que los medios pintan conformista no lo es en absoluto. Y que puede hacerlos caer.


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