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Rato y la sandalia: El concepto desviado de la prensa sobre la degradación.


Los periodistas de este país parecen haber perdido la vergüenza, el sentido de la dignidad y la justicia y hasta el oremus, si se atiende a sus reacciones ante algunos actos que deberían parecer de justicia, pero que ellos, al servicio del poder y sin un ápice de ética y dignidad, critican porque consideran que quienes los llevaron a cabo ‘perdieron las formas’, cuando estas las perdieron los políticos, los banqueros, y ellos mismos por dar la espalda a los problemas del pueblo para justificar las tropelías de los poderosos.

Esta reflexión viene a cuento a propósito de críticas de la prensa que se produjeron después de que el pasado lunes, y en una sesión del Parlament de Catalunya a la que acudió Rodrigo Rato a dar explicaciones sobre Bankia en la comisión de investigación de las cajas de ahorros, un diputado de CUP –Candidatura d’Unitat Popular-, David Fernández, le mostrase al expresidente de la entidad que tantos millones ha costado a los ciudadanos y tantos abusos perpetró, una sandalia a modo de protesta, como hacen en los países árabes con los políticos que consideran impresentables o abusivos, para preguntarle si conocía el significado de esa acción.

Fernández fue duro con Rodrigo Rato, pero nada que no se mereciera quien tiene la desfachatez de confesar que desconocía que Bankia hubiese desahuciado a ochenta mil familias, como si para él fuese un asunto baladí. El representante de CUP no ahorró palabras ásperas a Rato, al que dijo esperarle el mismo infierno que él causó a muchas familias, lo llamó gánster y le preguntó si no tenía miedo de caer en la desdicha económica en la que cayeron cientos de miles de ciudadanos a causa de su intolerable, fraudulenta y desaprensiva gestión al frente de Bankia.

La actitud del diputado de la Candidatura d’Unitat Popular no tendría que haber extrañado a la prensa, y mucho menos ser objeto de críticas, dadas las atrocidades cometidas por Rato en Bankia que dieron lugar a la ruina de cientos de miles de familias que vieron cómo sus ahorros se esfumaban con las fraudulentas acciones preferentes y subordinadas, o que perdieron sus casas, entre otras cosas por las abusivas condiciones de una entidad que, igual que todas, abusó, defraudó y estafó a los hipotecados, hasta el extremo de que tuviese que intervenir la UE para poner freno a los abusos de unas entidades cuyos procedimientos fueron propios de piratas o de gánsteres.

Mas la reacción de la prensa, siempre complaciente con el poder financiero, fue la de criticar al diputado de CUP acerbamente, con unas palabras que tendrían ser de censura para los dirigentes de Bankia y del resto de entidades causantes de la crisis y la pobreza a la que se enfrentan en la actualidad en este país más de dieciséis millones de personas.

Porque si se piensa en la situación económica de este país provocada por los latrocinios de las Cajas de Ahorro, el diputado trató suavemente a Rato, más, si se tiene en cuenta su comportamiento presuntamente delictivo que, es de esperar, acabe con los huesos del exgerente del FMI en la cárcel, al igual que con todos los banqueros causantes de la crisis, del dolor de millones de familias, y responsables de un latrocinio sin precedentes que políticos sin vergüenza obligan a pagar al pueblo.

Algunos de esos voceros de la oligarquía del dinero, junto con los políticos conniventes con los ladrones de la banca, se rasgaron las vestiduras por el trato que dio el diputado catalán a Rodrigo Rato, calificando su actitud de enarbolar la ya famosa sandalia, de ‘degradante’, ‘falta de ética’, ‘antiestética’ y otros calificativos, todos ellos esperables, si se considera la actitud de la prensa en general.

Resulta curioso que esas mismas palabras no las hayan empleado quienes se rasgaron las vestiduras al ver a un diputado agitar una sandalia frente al encorbatado y exteriormente pulcro Rodrigo Rato pero por su comportamiento y el del resto de directivos de las Cajas de Ahorro. 

Degradante no es mostrar a un delincuente de guante blanco y sin alma una sandalia, lo verdaderamente degradante es el trato que la entidad presidida por Rodrigo Rato y sus sucesores dieron a ochenta mil familias, expulsándolas de sus casas.

Falta de ética es haberse enriquecido a costa de pequeños ahorradores, vendiéndoles con engaños un producto financiero que solo beneficiaba a los vendedores que lo usaron para tapar una gestión tramposa que les permitió enriquecerse con un dinero que no les pertenecía.

Antiestético es que aún se paseen esos delincuentes por el mundo con aires de señores importantes, sin reconocer sus muchos errores, y haciendo alarde de su posición privilegiada y de los millones que atesoraron robando a al gente, sin que se les caiga la cara de vergüenza ni hayan restituido todo lo robado.

Falta de ética, antiestético y degradante es que esos tipos de la banca, como Rato, que estafaron a cientos de miles de personas, que se llevaron el dinero de todos, que no lo devuelven y que son los causantes del elevado déficit que sufre este país, de los recortes y de una crisis que está costando vidas a los ciudadanos, al haber tenido que rescatar las entidades que ellos hundieron, anden por la calle en libertad y, además, existan políticos y periodistas que se atreven a escandalizarse porque alguien le muestre a uno de ellos una sandalia preguntándole si conoce el significado de arrojarla. 

Cuando lo justo sería que se les persiguiese por las calles –si es que las pisaran- haciendo caer sobre ellos una lluvia de piedras. Es lo menos que se merecen.   


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Comentarios

  1. Espléndido artículo, como siempre.

    Un cordial saludo, Luisa.
    Y muchos ánimos!

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