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Latrocinios, corrupción y desprestigio de la profesión periodística: La punta del iceberg del cierre de la RTVV

El cierre de la televisión pública del País Valencià, Nou, Canal 9 o Canal NO-DO, como era conocida por una gran mayoría de valencianos que dejaron de verla ante la desfachatez de sus informativos y la escasa calidad de su programación, no es sino el estallido de una forma de gestionar las televisiones públicas por parte del PP, no solo en el PV sino en todo el Estado. Y lo sucedido con esa televisión el paradigma de la falta de dignidad y profesionalidad de quienes en lugar de comprometerse con la imparcialidad y la obligación de informar verazmente contribuyeron al desprestigio de la profesión periodística que, en la actualidad, ha perdido el respeto y la estima de la ciudadanía.

La endémica corrupción en el País Valencià, protagonizada por los gobernantes del PP en esos territorios, que ha dejado las arcas públicas en estado de coma, se está llevando por delante todo aquello de lo que hace unos años alardeaban los prebostes valencianos. Desde las construcciones megalómanas encargadas al desprestigiado Santiago Calatrava a los eventos deportivos que vendían como el paradigma de la felicidad de un pueblo que, supuestamente, gozaba de innumerables actividades para su solaz, pasando por el contradios de la gestión de una televisión nacida para fomentar la lengua propia -que, sin embargo, esencialmente, emitía en castellano- y ofrecer programas de calidad, todo fue corrupción, negocios sucios, manipulación y falacias.

La responsabilidad del PP del País Valenciano en el desmán de la RTVV es la misma que en el resto de desmanes del PP en todo el país, aunque hay que preguntarse qué papel jugaron los trabajadores que ahora claman contra el cierre de esa televisión  que ahora se proclaman víctimas del Govern, porque durante años fueron colaboracionistas del régimen, cumplían escrupulosamente las órdenes que ninguneaban a todos. Los docentes, los sanitarios, los desahuciados, cualquier colectivo social víctima de la política del PP que participaban en huelgas que no existían, sufrieron las consecuencias del modo de hacer de unos periodistas que los ocultaban porque no salían en la tele, tergiversaban esa realidad, cualquier realidad que no fuera la locura megalómana insoportable de los amos.

Los valencianos se desesperaban al constatar que todo se diseñaba para servir al enloquecido Govern del PP, que se entregaban con ardor a 'formar' a sus votantes, haciendo pedagogía ex profeso para ello, votantes a los que nunca les importó estar desinformados, o la corrupción de los que dicen ser nuestros representantes políticos, siendo nuestros hematófagos y verdugos. A las manifestaciones para exigir la dimisión de Camps, muchos años antes del juicio dispuesto para declararlo inocente, acudían en ocasiones sus parejas para decir que fulanita o menganito no había acudido porque se jugaba el puesto de trabajo.

El 'trabajo' de aquellos supuestos profesionales de la comunicación consistía en silenciar, tergiversar, desamparar a la ciudadanía y proteger de la opinión pública als lladres, participar en programas nauseabundos, hablar una lengua inexistente, ni la popular ni la estándar, ni la variedad barceloní, ni la valenciana digna, la inexistente, la que se rechaza porque es la de nadie.

Años de lucha sin fruto,  porque lo que no sale en los medios de comunicación no existe. ¿Tenían mala conciencia tan dignos trabajadores? De haber continuado las cosas como hasta hace unos días, seguirían haciendo su papel encantados. Ahora andan en la calle mostrando sus 'llagas' como víctimas: 'Mirad lo que me obligaban a hacer'... 'Compadeceos de nosotros'... Mas ellos no se compadecieron de tanta gente que protestaba, que se manifestaba, que era perseguida.  Ni pensaron que, cuando se obliga a participar en un ágape fascista y corrupto, hay que largarse a casa, jamás seguir colaborando.  

Todos los ciudadanos quieren una televisión pública, pero libre y digna –igual que la educación o la sanidad y todo lo demás-, pero la mayoría renuncia a la parodia, al NO-DO, a pagar por lo que, no solo no informa, educa o entretiene, sino que manipula, embrutece y aburre, crea un clientelismo ignaro y atroz. Quienes colaboraron con su silencio y su pasividad con la corrupción, la manipulación y el latrocino no merecen otra cosa que irse a su casa, a estudiar la lengua que debieron saber y utilizar, y rudimentos de ética y dignidad, imprescindible para ejercer el oficio del periodismo. 

Todos esos profesionales que ahora aparecen en las pantallas de Canal NO-DO denunciando en el presente todo lo que muchos valencianos sabían y muchos profesionales sufríamos, fueron durante años colaboradores del régimen de manipulación y aislamiento de los profesionales que no estábamos dispuestos a callar.

Esos profesionales que ahora claman por la libertad de prensa y solicitan la solidaridad de la ciudadanía a la que mentían, a la oposición a la que ignoraban, o difamaban descaradamente, son los mismos que miraban para otro lado cuando veían como el PP valenciano represaliaba y expulsaba de la profesión a compañeros de otros medios.

No hubo en ninguno de ellos un atisbo de solidaridad con los colegas perseguidos, por el contrario, aquellos que no éramos cómodos al poder nos encontrábamos con su vacío, con el trato de ‘apestados’ que ordenaban, y siguen ordenando, los políticos corruptos para con aquellos que intentábamos mantener la dignidad profesional y personal.

Los periodistas que han logrado subir la audiencia de Canal NO-DO en veinticuatro horas con el sencillo modo de informar verazmente podían haberse puesto de acuerdo, como en el presente, para protagonizar una rebelión como la actual en muchos momentos de la historia del País Valencià. Como en el cuento de 'El traje nuevo del emperador' de Andersen, más conocido con el nombre de 'El rey desnudo', de haber gritado lo mismo, lo que estaba pasando, el Consell, los políticos del PP, se habrían encontrado ante la imposibilidad de tomar represalias si la protesta se hubiese generalizado.

Sin embargo, prefirieron colaborar en mantener en el poder a un partido de sinvergüenzas que han dilapidado el dinero público en caprichos y dislates, contando con la colaboración de unos profesionales manipuladores que se avenían hacer campaña al PP con sus falacias.  

Canal 9, la televisión pública valenciana ha contribuido como pocos medios al desprestigio de la profesión periodística, aunque no ha sido la única. Si todos lo periodistas se negasen a obedecer las órdenes de políticos puestos a dedo en puestos de dirección –como en RTVE en Cuenca, donde acaban de nombrar jefe de Informativos al Secretario Ejecutivo de Comunicación del PP de esa provincia- el PP nada podría hacer.

Mas a cada profesional con ética que se niega a ser manipulado y mentir a sus lectores o telespectadores le corresponden cuatro o cinco cobardes sin ética y sin dignidad dispuestos a hacer su papel de corifeos al servicio de un partido político, el PP, que usa los medios de comunicación como arma de propaganda, con la misma efectividad de un Goebbels.

El cierre de la televisión pública de los valencianos es una cacicada más de un Govern de fascistas corruptos que no se merece la ciudadanía. Aunque los periodistas que fueron sus portavoces y colaboradores no son dignos de compasión después de haber contribuido durante años al saqueo de las arcas públicas al silenciar latrocinios y propalar mentiras.
Porque de no haber disfrazado la realidad tan descaradamente es posible que hoy no estuviese gobernando el PP en el País Valencià,  ellos no estarían al borde del despido, y los valencianos no estaríamos sufriendo a decenas de políticos corruptos en el poder.

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