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Las cuchillas de la valla de Melilla: Una metáfora del Gobierno del PP.

Las cuchillas de la valla de Melilla, crueles y hasta letales, son la metáfora de la política de Raxoi que anda poniendo cuchillas en la vida de los ciudadanos, ya sea criminalizando las protestas, elaborando una ley que dejará a los trabajadores sin el arma de la huelga porque la desubstanciará con un exceso de servicios mínimos impuestos por la tremenda o los recortes aplicados en la Sanidad y la Educación, los primeros cuestionados por la OCDE, que cree que están causando graves problemas de salud en personas que no pueden acceder a la medicación que requieren.

La decisión de colocar esas cuchillas que han dado en llamar concertinas – qué cosas tiene la lengua, el DRAE solo reconoce con ese nombre un ‘acordeón de forma hexagonal u octogonal, de fuelle muy largo y teclados cantantes en ambas caras o cubiertas’, un simpático instrumento musical que produce agradables sonidos, nada que ver pues con el sangrante, en todos los sentidos, ingenio de tortura- son calificadas desde el Ministerio del Interior como mecanismos ‘disuasorios’.

El Ministro del Interior, Jorge Fernández, ha manifestado que piensa mantenerlas a pesar de las críticas, no solo de la oposición sino de hasta la Conferencia Episcopal, que él, tan creyente y tocado por la fe divina cual Pablo de Tarso, según confesó en una entrevista, debería respetar y acatar su mandato, dado que tan fervoroso cristiano se dice. Mas su violencia y ansia represora parece que es más fuerte que su devoción religiosa.

Las salvajes cuchillas –lo de llamarlas ‘concertinas’ parece una maniobra para quitarles el significado de arma ofensiva y letal- causan profundos cortes en los cuerpos de los inmigrantes que saltan la valla de Melilla, huyendo de un mundo de miseria y hambre a la búsqueda de una sociedad presuntamente rica y civilizada.

Al llegar a la frontera son tratados con saña persecutoria por este Gobierno xenófobo, racista y fascistoide como si fuesen delincuentes en lugar de personas honradas que solo buscan tener una vida mejor en un mundo del que les han contado que no se pasa hambre.

Sordo a cualquier petición de la oposición, de la ciudadanía o de la secta religiosa en la que ellos militan, y a la que regalan dinero público y exagerada obediencia cuando se trata de legislar sobre Educación o sobre los derechos de las mujeres a decidir sobre su maternidad, se rebelan a sus indicaciones cuando les llaman la atención por su crueldad.

El Ministro Fernández, el más nefasto y fascistoide de todos los Ministros del Interior que se han sufrido en la etapa pseudemocrática, dice cínicamente que ha de esperar a un informe sobre las lesiones que causan las siniestras cuchillas, como si no se supiera ya de sus consecuencias, seguramente más grave de lo que nos cuentan, puesto que a un Guardia Civil entrevistado por una cadena televisiva se le escapó afirmar que ‘hay muchos heridos y hasta muertos’ por las heridas que causan esos alambres de muerte y dolor que usa este Gobierno, al que solo le falta recurrir a las ollas de aceite hirviendo arrojadas sobre quienes pretenden superar la valla de la vergüenza, dado su gusto por instrumentos de tortura que retrotraen al pasado.

Cerrar el paso a la inmigración que intenta cruzar la valla de Melilla -tras una travesía del desierto que, en ocasiones, dura años- con las cuchillas asesinas resulta una infamia y un atentado a los derechos humanos que tendría que ser juzgado por el Tribunal de la Haya.

El alambre provisto de pequeñas y cortantes navajas, colocado con la característica crueldad del Gobierno de Raxoi,  resulta toda una metáfora de la política del PP que recorta y corta derechos y libertades con similar crueldad a la empleada para frenar el paso de la inmigración, a la que maltrata igualmente cuando consigue atravesar las fronteras, al perseguirla como si de delincuentes se tratase, confinándolos en lugares peores que cárceles o echándolos del país sin respetar las normas, como denunciaba hace unos días el diario El País, que explicaba que expulsan, incluso, a los menores de edad, sin respetar derechos humanos o la propia legislación española que, seguramente, no tardarán en cambiar para poder aplicar su saña con todas las de la ley, aunque, como en tantos otros asuntos, sin razón y sin decencia.

Mas la crueldad del Gobierno del PP no se limita a los inmigrantes. Es cruel con todos los sectores que sabe débiles, colocando cuchillas en sus vidas, como a los parados, a los que criminaliza con sus decisiones y declaraciones, y en relación a los cuales justificó retirarles millones en subvenciones con el falaz argumento de que muchos de ellos no trabajaban porque preferían vivir gratis del Estado; también colocó concertinas en la vida de los jubilados, de los enfermos crónicos, de los dependientes, hirientes y cortantes cuchillas con el argumento de que despilfarraban en gasto farmacéutico o solicitaban ayudas que no necesitaban.

El Gobierno de Raxoi, tan sádico en su conjunto como el siniestro señor (?) Fernández, usa y abusa de las cortantes cuchillas para recortar libertades y derechos, con el sadismo propio de los dictadores psicópatas.

Debería cambiar el logo de la gaviota por un logo de concertinas. Representaría mucho mejor las políticas del PP y su sadismo.

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