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La muerte de la libertad de información: De las ruedas de prensa sin preguntas al cierre de RTVV.

La última imagen de RTVV. Foto de Luisa Sánchez


Tras el golpe de estado del cierre de la televisión pública valenciana –RTVV, Nou, o Canal NO-DO como se conocía a causa de su manipulación partidista a favor del PPCV-, podría recordarse a los miles o cientos de miles de periodistas que lo son en este triste país los conocidos versos atribuidos por muchos a  Bertolt Brech, pero que en realidad son de un clérigo alemán perseguido por el nazismo: Martin Niemöller: "Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista./Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío./Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista./Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante./Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

La prensa, el derecho a informar y a ser informados padece en este país desde hace mucho tiempo una persecución y una manipulación que ha hecho perder prestigio al periodismo ante los ciudadanos; el sentimiento por parte de la mayoría de que los medios manipulan y engañan.

Quienes sufren el drama de ser periodistas y parados, incómodos para el poder del PP del País Valenciá, es frecuente que oigan frases como ‘tú no publicas en este periódico ni pagando’. Son las que pronuncian directores de periódicos que mantienen con los jefes de prensa municipales de ciudades y pueblos estrechísisimas y nunca limpias relaciones; aquellos que hacen con los medios de papel lo mismo que hicieron durante años los directivos de la RTVV, supuesta televisión pública que desde que el PP llegó a la Generalitat en los años 90, no fue otra cosa que un boletín propagandístico del poder político.  

En el País Valencià –Comunidad Valenciana por orden expresa del Consell, que prohibió designar como País a los territorios valencianos a causa de su obsesión anticatalanista- la presión y manipulación de los medios no se limitó nunca a tan solo la televisión pública: el PPCV la impuso en todos los medios. Como, por otra parte, hace en el presente con la práctica totalidad de medios de papel, radios y televisiones, públicas y privadas, en toda la nación.

La pasada noche, durante la larga agonía de la televisión pública valenciana, sus trabajadores estuvieron acompañados por políticos de la oposición, los mismos que estuvieron vetados durante años en Canal NO-DO porque los directivos impuestos por el PP -que además de recibir sueldos millonarios robaron con el pretexto de las retransmisiones de la visita del Papa Natzinger o acosaron sexualmente a trabajadoras-, nunca permitieron que pisaran los estudios de la televisión supuestamente pública, porque la consideraban suya, la de ellos, del PP.  

El cierre ignominioso de RTVV debiera alarmar a todos los periodistas y servir de lección: tendrían que asumir que el silencio y la obediencia no sirve de nada porque un día, por las razones que se le pasen por la cabeza al político de turno, pueden acabar en la calle y, además, sin dignidad.

Es muy posible que si la rebelión que protagonizaron los periodistas de RTVV desde el momento en que se anunció su liquidación la hubiesen llevado a cabo desde el primer día en el que un directivo impuesto por el PP dio indicios de las intenciones de ese partido, si desde el primer momento en el que Zaplana comenzó a adueñarse de la televisión pública valenciana lo hubiesen denunciado, las cosas no habrían acabado tan mal como lo han hecho.

¿Podrían haber puesto en aquellos momentos, en los que los dirigentes del PP presumían de la riqueza de las arcas públicas valencianas, el pretexto de la financiación para cerrar la televisión pública? No habrían podido hacerlo, no había motivo, ni caldo de cultivo contra todo lo público, como en el presente.

Mas callaron atemorizados por el poder, transigieron con las imposiciones y la manipulación. Y el resultado fue que, en un verdadero golpe de Estado dado desde el poder, se ha silenciado la libertad de expresión, la voz pública de una televisión en la lengua de una comunidad que, como decían políticos y trabajadores, al quedarse sin el único medio que la hablaba, vuelve a los tiempos del franquismo, del idioma único, del que hay que hablar por ‘Dios y por el Imperio’, como decían los fascistas.

El cierre de la televisión pública ha puesto en pie de guerra a todos los periodistas valencianos que, con la catarsis del cierre de la RTVV, parecen haber tomado conciencia de que callando, doblando la rodilla y bajando la cerviz ni tendrán el puesto de trabajo asegurado, ni mantendrán su dignidad. Por eso hoy, por primera vez en la historia del País Valencià, los periodistas dieron plantón al Vicepresidente del Consell, José Ciscar, en represalia por el cierre de RTVV.

Es lo que tendrían que haber hecho todos los periodistas de todo el país la primera vez que un alto cargo convocó una rueda de prensa sin preguntas. Porque se empieza por limitar el ejercicio periodístico y se acaba cerrando un medio público que tendría que haber sido la voz de los valencianos y fue exclusivamente el destino laboral de mil enchufados, amigos beneficiados por el dinero público, con muchos millones de ese dinero que el Consell ha puesto como pretexto para cerrar la televisión pública.

El silencio impuesto en los informativos de RTVV sobre las manifestaciones contra la guerra de Iraq, de censura a las políticas de aquel nefasto Conseller de Educación que fue Font de Mora, las de las víctimas del metro de València tenía su contrapartida en los programas de gente como Sánchez Dragó, Pilar Sansebastían, Curry Valenzuela, Miguel Ángel Rodríguez, o Jesús Mariñas, que recibieron millones de euros públicos por hacer propaganda del régimen del PP o por hablar con zafiedad en frívolos programas del corazón, como aquel infame ‘Tómbola’.

El cierre de Canal Nou no es solo el cierre de una televisión mal gestionada, asaltada por el PP, robada y prostituida por la derecha, es un ataque a lo público, tan denostado por la derecha. Es el principio de fin de la autonomía del País Valencià.

Mas que no crean los periodistas que andan aplaudiendo la desaparición de las televisiones públicas que ellos no están en riesgo, que tienen su puesto de trabajo asegurado y la capacidad de informar libremente intacta. Porque el argumento de que ‘en las televisiones públicas se manipula’ que esgrimen algunos para justificar el cierre no tiene validez en tanto que en el presente, excepto algunos medios digitales, están tan manipulados y sometidos al poder como las televisiones públicas.

Si los periodistas quieren seguir manteniendo sus puestos de trabajo y ejerciendo su oficio habrán de recordar el poema de Martin Niemöller. Porque se empieza por aceptar ruedas de prensa sin preguntas, el cambio de una línea en un artículo, el borrado de un total en una información audiovisual y se acaba como los trabajadores de la RTVV, víctimas de una ignominia y un golpe de estado contra la libertad de información y contra los medios públicos.

Imprescindibles en una democracia, siempre que sean como lo es la BBC: independiente a cualquier presión de los políticos.

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