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El desesperado intento por mantener el bipartidismo en torno al PSOE y el riesgo de los populismos.

Abren hoy sus ediciones multitud de medios, de papel y digitales, con la noticia de que el juez Garzón o el rector de la Universidad Complutense de Madrid, José Carrillo, junto con  militantes de IU, como Gaspar Llamazares, participarán activamente en la Conferencia Política que el PSOE celebrará la próxima semana con el objetivo, como señalan en una carta dirigida a los medios, de “derrotar a la derecha que está aprovechando la crisis para empujar al desempleo y a la marginación a amplias capas de la sociedad y, especialmente, a los sectores más frágiles”. El colectivo se hace llamar Espacio Abierto y ya cuenta con el visto bueno de la dirección del PSOE para participar en los debates de la Conferencia Política.

La iniciativa parece un intento desesperado de mantener el bipartidismo y dar a la vez una alternativa de izquierdas (?) frente al riesgo que supone el surgimiento de partidos populistas que en futuros comicios podrían tener la llave del Gobierno y ser a final una especie de engañabobos desesperados en los que caerán electores hartos de un bipartidismo que, en los treinta y ocho años de pseudodemocracia, no ha supuesto cambios reales en la política de este país con su alternancia.

Aunque, si se observa bien a esas nuevas alternativas, exceptuando a IU, partido que sube notablemente en las encuestas de intención de voto, no son sino sucedáneos de una derecha escondida en el viejo aserto de que ‘no son de derechas de ni de izquierdas’, pero cuyo ideario real dista mucho de políticas progresistas, como sucede, entre otros, con el partido catalán Ciutadans que quiere extenderse por todo el Estado con el mismo mensaje que utiliza en Catalunya, de falsa progresía, pero afín a la derecha, incluso, extrema, si se escucha a algunos de los integrantes de esa formación.  

Es posible que en los actúales tiempos con los partidos políticos atrincherados en una ley electoral que prima el bipartidismo, la única alternativa real de cambio sea un PSOE al que se sumen personalidades y grupos de izquierda que eviten que en el futuro, si regresa al poder, vuelva a experimentar las veleidades neoliberales que le aquejaron  en el pasado.

Mas de momento, y a la vista de las propuestas que hacen los socialistas para su Conferencia Política, las aspiraciones no parecen ir a satisfacer a un electorado harto de los abusos del sistema capitalista y al que el PSOE sigue sin dar la impresión de ir a enfrentarse con medidas ya no socialistas, sino ni siquiera socialdemócratas.

Ofrecen los socialistas una serie de cambios constitucionales para que se introduzca en la ley de leyes el derecho fundamental a la salud y a la protección social, la existencia de una Renta Básica de Ciudadanía que garantice que nadie se vea sin prestaciones sociales, la introducción también de un Principio de Estabilidad Social que asegure el nivel de los servicios públicos básicos.

No menciona, sin embargo, la posibilidad de revocar o modificar el artículo 135, aprobado en 2011 sin consulta previa a la ciudadanía y que supuso el robo de los derechos del pueblo al anteponer, por imposición de la UE o por cobardía del Gobierno de Zapatero, el compromiso de hacer frente a la Deuda Externa antes que atender a las necesidades de los ciudadanos.

La modificación constitucional realizada a traición, y pactada entre PSOE y PP, fue una de las razones por las que el PSOE perdió millones de votos y da la impresión de que en tanto siga manteniendo ese compromiso, poco pueden fiarse los electores de su voluntad de garantizar un estado del bienestar que viene destrozándose desde entonces.

Hablarán, explica la dirección del PSOE, en la Conferencia Política de llevar a cabo un Pacto de rentas negociado con sindicatos y empresarios, de realizar un Gran Plan contra el fraude fiscal y la creación de un impuesto que integre IRPF y Patrimonio, así como de aumentar la contribución del sistema financiero a las cuentas públicas, y se compromete a, si vuelve al Gobierno, destinar más del 5% del PIB a Educación y un 7% a Sanidad y la recuperación de la cobertura universal del derecho a la atención sanitaria.

Los asuntos que dice el PSOE que estudiará en su Conferencia Política dan pocas razones para el optimismo, porque no habla, como aspiran muchos ciudadanos, a una Reforma Fiscal progresiva que permita que paguen más quienes más tienen, ni de unos efectivos controles de la banca, ni de la nacionalización de las entidades que se han salvado con el dinero de todos los ciudadanos, ni de acabar con la Escuela Concertada, ni del control de las abusivas compañías eléctricas, ni de acabar con los privilegios de la secta católica; en suma, de aplicar unas políticas más cercanas al socialismo que al neoliberalismo que le ha llevado a hundirse electoralmente.

Como dice el dicho popular, para este viaje no necesita el PSOE alforjas, no se atisba en sus intenciones que vaya a dar un giro de ciento ochenta grados en sus políticas económicas, que son la base de cualquier cambio social.

Cierto es que el PSOE no obrará nunca en relación con las libertades públicas como lo hace el PP, vulnerando los derechos de manifestación con brutales intervenciones policiales o con leyes que permitan encarcelar a quienes protestan, ni volverá a las mujeres al gineceo y a la supeditación al dogma católico a la hora de decidir sobre su maternidad.

Mas aparte de esas cuestiones, que siendo importantes son tan solo una pequeña parte de los problemas que se sufren en este país, no parece proponer cambios diametralmente opuestos a la hora de aplicar correcciones al capitalismo salvaje impuesto por la oligarquía financiera ni empresarial.
El hecho de que vayan a participar en esa Conferencia Política algunos empresarios hace sospechar que el PSOE seguirá con su política de paños calientes con el poder del dinero, sin atreverse a plantar cara a quienes son los causantes de la brutal crisis que padece el pueblo.

Este país necesita una larga cambiada por la izquierda, pero no como aquella de la que hablaba Alfonso Guerra en los años ochenta y que se quedó en políticas neoliberales que pusieron las bases para que se desarrollara, sin trabas y sin contención, una oligarquía salvaje que todo lo controla en el presente.

Contarle a los posibles electores que internamente elegirán a sus candidatos por primarias, o que modificarán el reglamento del Congreso, no son sino disparos con pólvora mojada, porque a los electores, al pueblo que sufre la crisis, la falta de cobertura sanitaria, los abusos impuestos por el PP en aplicación de una economía ultraliberal y cruel que tan solo beneficia a la oligarquía, le importa muy poco como elige el PSOE a sus dirigentes o como se trabaja en el Congreso; lo que quiere es un dirigente comprometido con sus necesidades y que no esté marcado con el estigma de los anteriores gobiernos socialistas, sometidos al poder del dinero y de la UE.

Si el PSOE, y algunas gentes que se autoproclaman de izquierdas, quieren de verdad dar un giro ideológico a la política del PSOE no tienen que recurrir a pensar mucho e inventarse nuevas opciones económicas. Bastaría con que regresase a las fuentes del socialismo, a la filosofía marxista que Felipe González se dio tanta prisa por abandonar, desubstanciando al partido creado por Pablo Iglesias de su verdadera ideología.

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