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De bastardos y putas: El drama de la prostitución y la trata de personas.

¿Qué buscan los hombres que recurren a la prostitución? Según explica un estudio de la organización Prostitution Research & Investigation “Los factores que llevan a un hombre a convertirse en cliente asiduo son muy variados: desde experiencias traumáticas que llevan a una supuesta incapacidad para mantener una relación sentimental, como la búsqueda de una mujer dispuesta a entregarse al acto sexual sin miramientos”, y añade que “uno de los datos más impactantes es el hecho de que algunos hombres consideren que "necesitarían" violar si no tuvieran la opción de la prostitución”.

En nuestro país el número de defensores y usuarios de la prostitución es numeroso y, preocupante, porque en los últimos años ha aumentado el número de jóvenes, incluso menores de dieciocho años, que recurren a ella. Para ese sector de clientes la prostitución es un divertimento más de fin de semana. Ninguno de ellos, ni viejos ni jóvenes –el INE señala que la franja de edad de los usuarios de la prostitución está entre los 18 y 49 años- se plantean lo que hay detrás de la prostitución: trata de personas, abusos de menores, violencia y en ocasiones, crímenes.

Por mucho que los usuarios de la prostitución nieguen que acuden a esclavas sexuales, maltratadas por mafias, aterrorizadas e indefensas ante los abusos de los tratantes de personas, que ven a las mujeres como ganado a explotar, en España, el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución no son españolas: de las 19.027 que contabilizó hace algunos años la Guardia Civil en 1.070 moteles de carretera, solo 374 eran españolas. El resto, 18.655, procedía de Europa Oriental (34%), América Latina (58,5%) y África (7%). Prácticamente ninguna tenía permiso de trabajo, y la mayoría de ellas viven aterrorizadas por las amenazas de los proxenetas, que juegan con temores nacidos de la superstición o por la vida de sus familias.

Nada de eso parece importar a los usuarios de la prostitución, aquellos que defienden la legalización de lo que llaman ‘el oficio más antiguo del mundo’, aunque de lo que se trate sea de la explotación más vieja de la tierra, la que se ejerce contra las mujeres. Y contra niñas, cada vez con más frecuencia, porque entre los usuarios de la prostitución hay un gran número de depravados paidófilos que buscan en los prostíbulos, donde tienen secuestradas a menores de edad, la sublimación de sus aberraciones sexuales.

Hace unas semanas la Guardia Civil descubrió a una niña rumana de quince años, que huía despavorida de un club de alterne donde la tenían secuestrada y propinaban constantes palizas. “En los clubes las chicas nos cuentan que, cada vez más, los clientes les piden que se vistan de colegialas. Hoy es lo que se demanda: lolitas, carne fresca; cuanto más fresca mejor”, explicaba Carmen Lago, presidenta de la Asociación Faraxa de Vigo contra la explotación sexual.

Para Águeda Gómez, socióloga de la Universidade de Vigo, que acaba de concluir con Silvia Pérez Freire y dos investigadores más, por encargo del Instituto de la Mujer, un estudio de tres años, con entrevistas a clientes, proxenetas y trabajadoras de burdeles de nueve comunidades, sobre el Consumo de prostitución en España, “la mayoría de los hombres ni se plantea salir con remordimientos; no ven a las prostitutas como personas, sino como objetos de consumo, una forma más de ocio que se les ofrece y compran, ni siquiera buscan sexo de calidad. Para ellos es como ir a McDonald’s, los burdeles son el McSexo. El 20% de los clientes entran en el perfil del misógino: de la mujer, solo les interesa la vagina. Y otro 40% son lo que clasificamos como consumistas: alguno llegó a decirnos que las prostitutas son como máquinas tragaperras”.

El debate de la ilegalización de la prostitución surge periódicamente en nuestra sociedad, con una división de opiniones muy clara, de un lado están las feministas que consideran que la prostitución es una esclavitud sexual intolerable, de otra los usuarios y los proxenetas, aquellos que ven a las mujeres como un objeto de consumo, y a los que no les importa que aquellas a las que recurren sean carne de palizas y represión.

El asunto ha vuelto a ponerse de actualidad, a raíz de que un grupo de intelectuales (?)franceses -Frédéric Beigbeder, Nicolas Bedos, Philippe Caubère, Marc Cohen, Jean-Michel Delacomptée David Di Nota, Claude Durand, Benoit Duteurtre, Jacques de Guillebon, Basile de Koch, Alain Paucard Jerome Leroy, Richard Malka, Gil Mihaely, Ivan Rioufol, Luc Rosenzweig, François Taillandier, Eric Zemmour, entre otros-, firmasen un manifiesto contrario a la penalización del uso de la prostitución que plantea el Gobierno de François Hollande.

Entre los firmantes está el abogado defensor de Dominique Strauss-Kahn, el exgerente del FMI, procesado por varios actos de acoso y abuso de mujeres. Y en nuestro país, otro infame impresentable, el escritor (?)Fernando Sánchez Dragó dijo sumarse a la iniciativa de los franceses, para defender el ‘oficio más viejo del mundo’ para, haciendo gala de su obsesión de octogenario impotente, criticar a las feministas acusándolas de ‘reprimidas sexuales’.

Los defensores de la existencia y uso de la prostitución explican que no les gusta la violencia, la explotación o la trata de seres humanos, aunque consideran que no es una razón para prohibir que la gente pueda vender libremente sus encantos para que otros los compren. “Amamos la libertad, la literatura y la intimidad”, explicaban los firmantes del manifiesto francés, que añadían que “cuando el Estado se hace cargo de nuestros traseros las tres están en peligro”.

 “La prostitución es la forma de violencia de género y esclavitud más antigua del mundo’ afirman los autores de un estudio monográfico publicado por la revista Nuestra Bandera, del PCE. Esa formación considera, al igual que los grupos feministas, que la prostitución "es una de las manifestaciones más extremas de la violencia de género y de la esclavitud". 


Algo muy similar piensa Enrique Díez, profesor de la Universidad de León, y líder de la plataforma Hombres por la Abolición de la Prostitución, que recuerda que cualquier regulación de la prostitución "equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, que supone avalar el control patriarcal".

Los firmantes del manifiesto francés ‘No toques a mi puta’, se hacen llamar salauds –bastardos- y ciertamente lo parecen.  Porque resulta inadmisible que en el siglo XXI existan seres tan disminuidos que necesitan de la sumisión de otra persona para realizarse sexualmente. Y que son delincuentes cuando, además, buscan el sexo con menores de edad.

En el asunto de la prostitución, como en el de la pederastia, no cabe hablar de libertad de quienes quieren recurrir a ella. Hasta que no se considere delincuentes a quienes contribuyen al comercio de seres humanos y la sociedad deje de mirar para otro lado cuando de ese problema se trata se estará perpetuando un modo de esclavitud que, necesariamente, repugna a las personas con ética.

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Comentarios

  1. Fernando Sánchez-Dragó, menudo personaje. Pero no hay que hacerle ni caso. Hay libros mucho más interesantes como la Historia de las mujeres, en Occidente, en Oriente, o donde se quiera. Mucho más interesantes que los libros que haya podido escribir el tal Dragó.

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  2. Se sugiere leer estos libros, muy duros, Esclavas del poder, los amos de la prostitución en España, si quieren leer los libros del escritor Dragó que los lean, esta en su derecho a opinar lo que quiera, y a escribir los libros que quiera. Pero, está claro quien ha investigado de verdad sobre la prostitución, y quien no.
    Después mejor ver películas de humor.
    Buen año.

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