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Apuntes a vuelapluma sobre el PP: La prensa un elemento extraño, la opaca Ley de Transparencia y las patochadas de Botella.

A diario la lectura de la prensa da cuento de barrabasadas, dislates, desafueros, abusos y torpezas del partido en el Gobierno, del que no se entiende que siga en el poder dado su deriva autocrática unas veces, cínica en muchas ocasiones y risible con frecuencia. 

Resulta curioso, por su coincidencia en el tiempo, que el mismo día que ha aprobado en el Congreso Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno que no es ni una cosa ni otra, pidiera al juez que iba a ver el caso de la demanda de algunos dirigentes del PP contra el extesorero Bárcenas, que no entrase la prensa en la sala de vistas porque se trataba de un ‘elemento extraño’.

Para los miembros del PP, partido que en el Congreso estaba presentando para su aprobación la Ley de Transparencia y Practicas del Buen Gobierno, la prensa es ‘un elemento extraño’ ¿Extraño a qué o quiénes? ¿Extraño tal vez a los intereses de la ciudadanía por conocer los sucios manejos de corrupción que se desarrollaron durante veinte años en el seno del partido que sustenta al Gobierno? ¿Extraño  los intereses de los dirigentes del PP, que no soportan que la prensa dé cuenta de lo que se pueda oír en una sala de vistas sobre el caso de corrupción más escandaloso de toda la democracia? ¿Extraños porque para los miembros del PP la libertad de información es un agente extraño, como el muñequito de plástico que se traga un niño y constituye un riesgo para su salud?

A ningún dirigente europeo, por muy loco o acosado por casos de corrupción que estuviese, se le ocurriría la locura de tachar a la prensa como ‘elemento extraño’ y en ningún país europeo la prensa renunciaría a las críticas más feroces, aireando además tal información como objeto de verdadero escándalo y afrenta a la democracia.  

Sin embargo, aquí, escasos han sido los medios que han comentado tal afrenta a la democracia y la libertad de información; la apreciación del PP sobre el papel de los medios de comunicación ha pasado desapercibida, tal vez porque, tanto los medios como la ciudadanía, tienen asumido que la información es algo peligroso para el PP y encuentran lógico que quiera librarse de ella. Sin que ni unos ni otros sientan vergüenza por unas declaraciones que deberían ser objeto de los máximos reproches.

Ese partido, el que considera que la prensa es ‘un elemento extraño’ en una sala de vistas donde se dirimen flecos de un caso de corrupción que tendría que haber dado lugar, ya hace meses, a la dimisión del Gobierno aprobaba una Ley de Transparencia ineficaz, fútil y que no traerá transparencia alguna a la vida política de este país, sino que se hace para cubrir el expediente ante Europa, porque todos los países democráticos cuentan con esa norma legal necesaria para que cualquier ciudadano pueda conocer detalles de los gastos del Gobierno o cualesquiera instituciones que reciban dinero público.

Una Ley de Transparencia que facilitan a cualquier periodista o ciudadano particular conocer cómo se gasta el dinero público permitió detectar en el Reino Unido los abusivos gastos de algunos diputados y ministros que dimitieron nada más conocerse el uso inapropiado que hicieron de partidas públicas del Parlamento.

Mas la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno aprobada hoy en el Congreso, con solo los votos del PP, PNV y CiU y la oposición del resto de partidos que ven en la aprobación de la ley por parte de un partido inmerso en la corrupción una tomadura de pelo, tiene tantas limitaciones que es no es otra cosa que papel mojado, una pantalla más de las muchas que pone el actual Ejecutivo a la realidad.

Porque la ley de Transparencia aprobada hoy limita la información en casos que supongan un perjuicio para la seguridad nacional, la defensa, las relaciones exteriores, la seguridad pública, la prevención, investigación y sanción de los ilícitos penales, administrativos o disciplinarios y la igualdad de las partes en los procesos judiciales y en la tutela judicial efectiva.

Tampoco se facilitarán datos sobre aquellas informaciones que  perjudiquen a las funciones administrativas de vigilancia, inspección y control; los intereses económicos y comerciales; la política económica y monetaria; el secreto profesional y la propiedad intelectual e industrial; la garantía de la confidencialidad o el secreto requerido en procesos de toma de decisión y la protección del medio ambiente. 

¿Quedará algo sobre lo que los ciudadanos, o la prensa, puedan recabar información a los poderes públicos? Si a eso se suma la falta de transparencia que seguirá mostrando la Casa Real, o el hecho de que los poderes públicos podrán sencillamente guardar silencio cuando no quieran dar la información solicitada, la aprobada norma legal queda en un mero papel que no servirá para nada.

Además, el órgano creado para vigilar el cumplimiento de esa ley, el Consejo de la Transparencia y Buen Gobierno, estará formado por un presidente y una comisión de siete personas: un diputado, un senador, un representante del Tribunal de Cuentas, otro del Defensor del Pueblo, otro de la Agencia Española de Protección de Datos, un representante de la Secretaría de Estado de Administraciones Públicas y otro de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal. Todos serán elegidos por la mayoría de Gobierno en el Parlamento.

Otro detalle que pone de relieve la ineficacia de la recién aprobada ley es que no entrará en funcionamiento hasta dentro de dos años en las Comunidades Autonómicas y los Ayuntamientos, las administraciones donde más casos de corrupción se detectan.

El panorama del dislate nacional lo completó hoy la señora (?)Botella, Alcaldesa de Madrid, designada a dedo por su antecesor, que la colocó en las listas municipales para congraciarse con su entonces jefe, José María Aznar, esposo de la citada, que cada vez que habla da lugar a una verdadera conmoción en quienes la escuchan por la torpeza de sus declaraciones, cup of coffee whit milk aparte.

Porque hoy, Ana Botella, que no se encomienda a un buen libro de historia antes de hablar y lanza las mayores estupideces que se le ponen por delante, aseguró, en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid y cuando se hablaba de la huelga de basuras que "la huelga se ha solucionado gracias a las medidas de la reforma laboral, que permite que se rebaje el coste laboral con unas medidas de flexibilización, y que son las que más progreso han traído en la historia la Humanidad, hagan un recorrido por el mundo".

La alcaldesa de Madrid, que tendría que conocer algo mejor la historia, ya que se supone que quien ha cursado estudios de bachillerato y una licenciatura suele tener conocimientos, al menos básicos, de la historia de la civilización occidental, no debió de recordar, o cegada por su fanatismo ideológico nunca se ocupó de informarse, que la jornada de ocho horas, el derecho de huelga, las vacaciones pagadas, las pensiones, o la gratuidad de la enseñanza y la sanidad, progresos para la humanidad, se deben, no al neoliberalismo salvaje sino al socialismo cuando este lo era de verdad.

Entre el ‘la prensa es un elemento extraño’ ‘usted con quién se cree que habla’ del Ministro del Interior al portavoz socialista Eduardo Madina cuando este criticaba la ley de patada en la boca de la democracia, también conocida como Ley de Seguridad Ciudadana, o las aseveraciones falaces y torpes de la impresentable regidora de la Villa y Corte, el PP se manifiesta tal cual es, aunque no lo pretenda: dictatorial, inculto, falaz y prepotente.

Los ingredientes propios de los gobiernos totalitarios.

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