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Provocaciones de la Conferencia Episcopal: persiste en imponer el nacionalcatolicismo y celebrar actos de exaltación franquista

Los tiempos que añora la Conferencia Episcopal
En cualquier democracia seria que se precie, las religiones forman parte del ámbito privado de cada persona y, ni los políticos hacen alardes de sus creencias, ni los clérigos intentan influir en las leyes civiles. Mas, como este triste país dista mucho de ser una democracia seria, la jerarquía eclesiástica impone su dogma en las leyes civiles y, después de setenta años, persiste en la querencia hacia el fascismo que mostró en los años treinta, durante la guerra civil, y en los duros años de la postguerra. 

Si el espíritu democrático hubiese alcanzado a la secta católica – que hizo el paripé de fe democrática durante la transición, del mimo modo que lo hicieron los franquistas que ahora gobiernan bajo las siglas del PP-, haría mucho tiempo que hubieran pedido perdón por su actitud beligerante y conspirativa durante el periodo republicano, su apoyo sin fisuras al bando de los rebeldes y su colaboración inicua con la dictadura.

Como no fue así, y la secta católica sigue enquistada en el filofranquismo que tanto poder le dio, y tristemente sigue otorgándole a través de un Gobierno de ultraderecha, la Conferencia Episcopal no cesa en provocar a una ciudadanía que en buena parte está harta de esa secta y considera intolerable su apoyo a ceremonias franquistas y su persistencia en mantener incólume la prepotencia de los vencedores sobre los vencidos.

No otra cosa, es la beatificación de 522 personas a las que llama ‘mártires de la guerra civil’, en un acto de provocación organizado para remover viejas heridas, porque entre esos mártires están solos los que murieron en el bando republicano, pero no los asesinados por el dictador Franco, que se apoyaría en un clero ultramontano y cruel para cometer muchos de sus crímenes y felonías.

Porque no hay que olvidar –ya que la secta católica no olvida-, que el clero español jugó un sucio papel represivo durante toda la dictadura, bendiciendo las ejecuciones sumarísimas de régimen genocida y colaborando activamente en el robo de niños a las mujeres republicanas, entre otras maldades.

Las beatificaciones, programadas para el próximo domingo en Tarragona, han suscitado la queja no solo de los laicos o ateos, sino y también, las de muchos cristianos de base que, han reprochado a la Conferencia Episcopal que “ignoren a los miles y miles de republicanos asesinados por los franquistas y cuyos restos siguen en las cunetas de nuestros caminos o en fosas comunes nunca abiertas”.

Así, la organización Cristianos de Base de Madrid, que ha publicado un artículo titulado ‘El escándalo de una beatificación sectaria’, reprocha a la Conferencia Episcopal la celebración del acto partidista que se celebrará en Tarragona y afirma que la Iglesia “dio apoyo explícito a la dictadura con la que colaboró de forma decisiva desde los primeros momentos del golpe de Estado”.

La organización de Cristianos de Base exige a la Conferencia Episcopal que aproveche la celebración “para pedir perdón a la ciudadanía”, y lo hace  por el papel de la Iglesia “como impulsora” de la contienda y por “su colaboración en la muerte o asesinato de miles de inocentes, ofreciendo incluso listas de feligreses ‘sospechosos’,  a los pelotones de la muerte”. “Olvidar los miles de obreros, maestros, intelectuales, e incluso sacerdotes, asesinados por el franquismo por motivos de fidelidad al pueblo —y a menudo también a su fe— no solo es una injusticia, sino que hace imposible una verdadera reconciliación” reprochan.

Y si los cristianos de base están indignados con la Conferencia Episcopal, mucho más lo están cientos de miles de agnósticos y ateos que consideran un insulto esas beatificaciones que, además, contarán con el apoyo de los manifestantes de ultraderecha de diversas organizaciones que pretenden tomar parte de una manifestación violenta contra los catalanes independentistas, como han anunciado en la convocatoria de la plataforma ‘España en marcha’, formada por los grupos ultraderechistas Falange, Nudo Patriota Español, Alianza Nacional, Movimiento Católico Español y Democracia Nacional.

La secta católica, provocadora, fascista y de ánimo vengativo, recibe del muy reaccionario Gobierno de Raxoi la friolera de once mil millones de euros al año, precisamente para organizar saraos filofranquistas como el que se celebrará el sábado en Tarragona. Porque faltan a la verdad, o mienten descaradamente, los que justifican que se otorgue esa enormidad de millones a una organización religiosa al tiempo que se priva del derecho a la salud, a la educación y a la dignidad a millones de ciudadanos, en función de su ‘papel social’.

Argumentan, quienes pretenden justificar esa lluvia de millones a una determinada religión, que esta lo emplea en atender a los más desfavorecidos a través de Cáritas, que algunos consideran hace un papel imprescindible de ayuda a los más castigados por la crisis, cuando estos lo que necesitan no son ‘obras de caridad’, o que una ONG les proporcione galletas o arroz o asistencia alimentaria en un comedor social, sino una prestación del Estado, para mantener su dignidad y no estar sometido a los caprichos de una organización dirigida, la más de las veces, por ignaras beatas o sectarios religiosos, que tan solo ayudan a quienes comparten sus creencias.

Mas resulta una falacia, porque la tendenciosa organización caritativa se nutre de fondos públicos y de ayuda de particulares, ya que la Conferencia Episcopal contribuye a esa ONG bajo su férula con tan solo cinco millones de euros, un 2%, pese a recibir del Estado más de once mil millones de euros. El resto, hasta los 207.7 millones de los que dispuso en 2011, lo aportaron donantes particulares, un 63.3%, 161.2 millones de euros, o las subvenciones estatales que alcanzaron la cifra de 84.5 millones de euros, el 33.7% de lo que recibe esa entidad.

Cabría preguntarse en qué emplea entonces la iglesia española las elevadas sumas de dinero que recibe de las arcas del Estado, esto es, de todos los ciudadanos, incluidos los fieles de otras religiones o los ateos. Y la respuesta está a la vista, lo emplea en hacer campañas ultraderechistas, ya sea manifestándose, como en la pasada legislatura, contra el Gobierno socialista, o en el presente, organizando actos de exaltación del franquismo.

El Gobierno de Raxoi, en cuyas filas hay sectarios de Opus o de los Legionarios de Cristo, la secta del pederasta Marciel Maciel, deja en manos de la iglesia católica la gestión de lo que deberían ser prestaciones sociales en lugar de míseras  y sectarias limosnas, del mismo modo que aplica las consignas de la secta, como la inclusión de la religión en la Enseñanza obligatoria, que puntuará igual que las matemáticas o la lengua, o la canallesca anulación de los derechos de la mujer, haciendo desaparecer la ley de plazos y obligando a las mujeres a gestar fetos, incluso sin posibilidades de llevar una vida sana, al imponer la mística del sufrimiento con el sadismo habitual de la religión católica.

La imagen del dictador genocida bajo palio, acompañado de santones de ropajes recamados en oro, haciendo el saludo fascista es la que gusta a los representantes religiosos españoles que, despreciando la democracia, el respeto hacia las personas de toda ideología, y la dignidad humana, siguen añorando la etapa del nacionalcatolicismo, y, en la medida que el Gobierno filofranquista de Raxoi se lo permite, se aprovecha de ello.  

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