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De cuando la prensa no presta atención a manifestaciones multitudinarias como la de la XII Marea Blanca.

Tras muchos, muchísimos años, siendo periodista –en paro ahora, aunque no dejaré de serlo hasta que muera- aún existen decisiones de la prensa que se escapan a mi entendimiento y provocan una mezcla de estupor y rabia; y no pocas preguntas. La principal del caso al que voy a referirme es por qué la prensa, incluida la más progresista, dejó en un segundo, tercer o cuarto término, la información sobre la Marea Blanca que recorrió ayer las calles de Madrid, para centrarse en la noticia de la manifestación ultraderechista contra la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La manifestación en contra de la privatización de la Sanidad en la Comunidad de Madrid no solo afecta a los madrileños, puesto que la voluntad del partido que la gobierna, el PP, es implantar el mismo modelo en todas partes. Los manifestantes, que recorrieron las calles de Madrid–tres multitudinarias columnas que partiendo de la calle de Alcalá, Atocha y Plaza de Colón se reunieron en la Plaza de La Cibeles- fueron, sin duda, muchos más que los ultras que clamaban contra la decisión del TDH.

Los manifestantes de esa multitudinaria protesta que defendían un derecho básico e imprescindible en una sociedad justa, como es el de la Sanidad Pública y gratuita, defendían el interés de todos, no el sesgado deseo de venganza de quienes no aceptan las leyes democráticas, como hacían los que, manipulando a las víctimas,  con banderas inconstitucionales y de falange exigían lo irrazonable.

Sin embargo, los medios, desde El País a Público, desde El Plural a Infolibre abrieron sus webs dando cuenta de la manifestación celebrada en la plaza de Colón convocada por una de las asociaciones de víctimas del terrorismo más reaccionarias, la AVT. Qué criterio informativo llevó a los directores de esos medios a opacar la multitudinaria Marea Blanca, que congregó, sin duda alguna, a muchos más que los doscientos mil que supuestamente se reunieron en la Plaza de Colón, resulta un arcano para esta periodista.

¿Qué criterio pudo llevar a esa decisión, seguida por todos los medios, desde los diarios a las televisiones? No sería el número de manifestantes, muy superior entre los que defendían la Sanidad Pública, ni tampoco la importancia del asunto que defendía, de haber tenido las suficientes luces para entender que es mucho más importante la defensa del derecho a la salud de los todos los ciudadanos, antes que la voluntad irracional de unos extremistas que pretendían no aceptar una decisión judicial que obliga a su cumplimiento.

¿Consideraron los directores de medios, o los editores, que tienen derecho a más voz las víctimas del terrorismo que las posibles víctimas de una privatización sanitaria que, de producirse, puede causar miles de muertes, como sucedió en el Reino Unido, tras la privatización de hospitales decidida por Margaret Thatcher en los años ochenta?
Así lo denunciaba una participante en la manifestación de la Marea Blanca de ayer, la doctora Mar Noguerol, que advertía de que “en Gran Bretaña se están devolviendo a manos públicas los hospitales privatizados, en los que se calcula que se produjeron 200.000 muertes evitables’.

Los manifestantes denunciaban hechos que, pese a ser alarmantes, suelen tener poco eco en la prensa, como el que el desmantelamiento de algunos hospitales públicos está dando lugar a problemas asistenciales, e incluso de salubridad e higiene, al prescindir o limitar la Consejería de Sanidad el servicio de limpieza, a la vez que se desvía ya, descaradamente, a muchos pacientes a una sanidad privada que, reiteradamente, ha mostrado su intención de utilizar esos hospitales para hacer negocio con turismo sanitario procedente de otros países, en detrimento de los pacientes de la Seguridad Social. 

Negocio que podría frustrarse de perder el PP la mayoría en Madrid, porque ya ha anunciado el PSOE que en el mismo momento que deje de gobernar ese partido, los hospitales privados volverán a ser públicos.

El asunto, grave y alarmante, y que supone un hachazo más al Estado del Bienestar, tendría que haber concitado una mayor atención por parte de unos medios que, sin embargo, dejó relegada la XII Marea Blanca al cuarto o quinto lugar en sus columnas de salida y a escasos minutos en los informativos televisivos, igualmente en tercer o cuarto lugar.

¿Por qué causa actúan así los medios, incluidos los más progresistas? ¿Se dejan llevar por la inercia de seguir el proceder de aquellos claramente al servicio del poder o, quizá actúan de esa manera por inconfesables intereses de gratitud a empresas privadas? Porque cuesta entender que todos los directores de medios sean tan sumamente torpes y dejen en un lugar secundario algo tan importante como que cientos de miles de ciudadanos manifiesten su negativa a que se privatice la Sanidad Pública.

Sobre todo en el presente, cuando, tras varios fallos judiciales contrarios a la privatización, el caso ha caído- ¡miren que casualidad!-, en manos de un juez, el presidente de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), Gerardo Martínez Tristán, que está casado con la consejera de Fomento de Cospedal en la Junta de Castilla-La Mancha, Marta García de la Calzada. El magistrado ha ordenado que todos los recursos presentados contra la privatización sean analizados por una instancia judicial que él controla. 

Esa noticia -sumamente escandalosa y preocupante para los denunciantes, como la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid, y el PSM, que recusaron al juez por considerar que la decisión del magistrado ‘no es una manera nada habitual de actuar’- tampoco concitó el interés de los medios que, se limitó a la lectura de una frase en los informativos de las televisiones más progresistas, si es que hay alguna y unas líneas en la prensa digital. 

El resto guardó un ominoso silencio sobre una decisión judicial arbitraria que puede dar la razón, incluso sin los fundamentos legales suficientes, a un fallo decidido no por el sentido de la ley, sino por el interés político de quienes, como el PP, usan del poder en contra de los ciudadanos, para hacer rentables negocios.

Habrá que sugerir a la próxima Marea Blanca que cuando acuda a futuras manifestaciones lo haga con banderas de ultraderecha y agitando ataúdes para que la prensa le preste el necesario interés… O que vapuleen e insulten acremente a los políticos del PP, para que les presten atención mediática.


Claro que esto último tal vez les resulte imposible, porque el PP no es nada solidario con la gente que muere por falta de atención sanitaria. Eso, al fin y al cabo, solo es una forma de terrorismo capitalista que no concita la repulsa del poder.  

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