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La obsesión por la unidad de España, un trágala para Catalunya

El pasado día 11, fiesta nacional de Catalunya, una manifestación convocada por la Assemblea Nacional de Catalunya congregó a más de un millón seiscientas mil personas que, cogidas de la mano y con camisetas amarillas, se enlazaron a lo largo de todos los territorios catalanes, desde El Pertús, localidad francesa fronteriza con La Jonquera, hasta la castellonense población de Vinarós, en una cadena de ochocientos kilómetros, en la que los independentistas catalanes reclamaron su derecho a decidir. Tras el éxito de la Vía Catalana, convocada por la Assemblea Nacional y no por la Generalitat, desde todas las instituciones de Catalunya esperaron que el Gobierno de Raxoi tomase en cuenta la reivindicación de una consulta sobre la independencia.


La respuesta del Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, fue una carta de folio y medio en la que no responde en absoluto a las ansias de independencia de buena parte del pueblo catalán, en la que lo único que hace es reafirmarse en la obsesión por la unidad de España. Algunos analistas han asegurado que en la misiva Raxoi ofrece diálogo sobre viejas reivindicaciones económicas de los catalanes, pero basta leerla para entender que no existe tal ofrecimiento sino un trágala que ha sido constante a lo largo de 299 años, desde que las tropas del duque de Berwick entraron en Barcelona, tras catorce meses de asedio, durante la Guerra de Sucesión española.

Los catalanes resistieron durante siete largos años de guerra la intención del rey Felipe V, nieto de Luis XIV, de acabar con los fueros de la Corona de Aragón, del que formaban parte los reinos de Valencia, Aragón, Iles Balears, y el Principat de Catalunya. El Decreto de Nueva Planta, que ponía fin a las peculiaridades legislativas de esos territorios, supuso la unidad de España que, desde la derecha se empeñan en asegurar que cuenta con mil años de historia. Falsedad que viene calando en muchos españoles carentes de conocimientos históricos que, asiéndose a ese argumento, consideran inamovible la unidad de un Estado plurinacional que cuenta con territorios de lenguas y leyes propias.  

La obsesión por la unidad de la patria fue impuesta desde el régimen fascista de Franco, con el mismo concepto de imperio que movió a Mussolini a reivindicar las tierras de Abisinia, y con la similar sinrazón. Ofuscados por esa obstinación de unidad se quiera o no por parte de quienes la integran, los actuales gobernantes siguen imponiendo el criterio de una ‘sacrosanta unidad’ que no existe más que en las mentes de quienes quieren imponerla a cualquier precio.  

Al deseo de independencia del pueblo catalán, que va más allá de las reivindicaciones políticas del Gobierno de CiU, mucho más cercano ideológicamente al PP de lo que intenta aparentar Artur Mas, se oponen las declaraciones de los líderes políticos centralistas que se reparten por todo el arco parlamentario, dado que el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, propone, como mal menor, un Estado Federal que no es lo que quieren los catalanes, que llevan casi trescientos años deseando librarse de lo que muchos ven como una ocupación por parte del centralismo.

Cuando políticos como Esteban González Pons pronuncian alegatos tan fuera de la lógica como que si se plantea un referéndum sobre Catalunya tendrían que votar todos los ciudadanos del país, pensando seguramente tan solo en el voto de los valencianos blaveros, o de los castellanos nacionalistas centralistas, porque si votasen también los vascos, los galegos o los mallorquines, tal vez el resultado no sería el esperado por él, está ignorando un derecho reconocido por la Carta de las Naciones Unidas o los Pactos Internacionales de Derechos Humanos, como es el de libre determinación de los pueblos o derecho de autodeterminación.

La derecha agita fantasmas estúpidos contra un referéndum en el que los catalanes se pronuncien sobre si desean seguir integrados en España o no, con fantasmas inquietantes como el vaticinado por el ultraderechista portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja, que, con su habitual tremendismo, dijo temer que las aspiraciones de los catalanes produzcan una balcanización de España, o dicho de otro modo, que acabemos matándonos entre todos como sucedió en la antigua Yugoslavia.

Bien podría el señor (?) Mayor, tener en cuenta otros antecedentes europeos, como el pacífico ejemplo de Chekia y Eslovaquia, la antigua Checoeslovaquia, que se separaron tras lo que se conoce como el ‘Divorcio de Terciopelo’, sin que se produjeran situaciones de violencia. Ambos países pertenecen en la actualidad a la Unión Europea, nunca existieron problemas económicos, sociales o de cualquier otra índole a consecuencia de la separación.

El obsesivo empeño en mantener la unidad de un país que, hasta 1707 fue un conjunto de reinos, cada uno con sus fueros y sus lenguas, supone un error que no hace sino invocar los fantasmas de la dictadura, fomentar lo más ruin e intolerante de una ultraderecha que quiere retornarnos a un pasado doloroso y sin libertades. Si los catalanes quieren celebrar un referéndum para pronunciarse sobre si quieren seguir formando parte de una unidad impuesta, resulta absurdo que se les impida invocando unas leyes que pueden modificarse en cuanto se pongan de acuerdo los dos partidos mayoritarios.

Si lo hicieron para anteponer los intereses financieros de los especuladores al bienestar del pueblo, con una reforma constitucional exprés, en la que no se consultó a la ciudadanía, bien pueden hacerlo para modificar dos artículos de una Constitución redactada bajo la presión de los espadones de los milicos fascistas y la secta católica.

Si los catalanes quieren expresar su voluntad, o incluso si desean independizarse del resto de los territorios que conforman el país, resulta difícil entender que en el siglo XXI aún sigan imponiéndose unos criterios obsoletos de una unidad que se impone en nombre de una ideología determinada, y a la que se suman, no se sabe si por complejos o por estupidez, partidos como el PSOE, que bien haría en dejar de beber en las fuentes ideológicas del fascismo, para respetar el derecho de autodeterminación que tiene cualquier pueblo.


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Comentarios

  1. Buena entrada Luisa pero... desde 1707? y antes? No doy por sentado que todos deseen la independencia ni que todos quieran la unidad. La mayoría no sabe realmente lo que quiere y se monta al burro que más le interesa para culpar al otro de todos los males. ¿Desde cuándo está esa unidad de España? España, lo que quiera que sea esa España es lo que es desde hace treinta años, dos cientos, quinientos... Se trata de una unión lógica y madurada pero la actuación de mandatarios imbéciles lleva a esas pretensiones de independencia. España tiene una cultura muy rica por los pueblos y naciones que la conforman.

    Creo que como se plantea una salida de España debería ser España la que decida sobre ello. Para ello creo que debería ser todos los españoles lo que deberían votar. Creo que no me equivoco si saliera la mayoría dando esa independencia. España tiene muchos ciudadanos de izquierda internacionalista y están a favor de ello. Aunque le pese a estos retrógrados de la derecha.

    Ahora bien, todo eso no es más que económico. Todo es económico. Todo es por el dinero y luego lo venden vistiéndolo como lo desean para lograr arrastrar a las masas, apelando a las vísceras. Si España fuera lo que debía ser que es lo que era desde un principio, un estado formado por reinos todo estaría más tranquilo. Ya sea una federación o confederación. Del mismo modo que debería ser la Unión Europea. Una confederación de territorios independientes. De manera que los juegos de poder variarían y mucho.

    Espero haberme explicado bien, no sé si lo he logrado.

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  2. Pues lo cierto es que, en mi caso, no he entendido una palabra, Víctor, sí a la bloguera, en cambio. ¿No será porque tienes algunas contradicciones por resolver? Dices: "Si España fuera lo que debía ser que es lo que era desde un principio, un estado formado por reinos todo estaría más tranquilo." ¿Lo que era desde un principio? ¿Un estado formado por reinos? ¿Todo estaría más tranquilo? Ah, sí, en efecto, empiezo a recordar.... ¿Te acuerdas tú de Castilla? Era apenas nada, territorios de paso, despoblados, no de fortificaciones -castella, nominativo plural de castellum-, pero muy cerca, mucho, ya se hablaba el romance de ahora, el castellano o español, que es lo mismo y no. Y sin embargo, Castilla, durante su Reconquista, nos 'enseñó' a las gentes de otros reinos a hablar ¡por cojones! -observa el recio castellano- ese mismo romance del que ella se había apoderado en un momento determinado, en realidad, en razón de que, sin más y sencillamente, Alfonso X el Sabio lo 'había tomado' para ordenar en qué romance del latín prefería que se redactara su obra, de la que él trazaba el plan y corregía después, excepto en el caso de la lírica, las Cantigas, la única redactada de su puño y pulso, para la que se reservó el gallego-portugués. Esa Castilla dura y sedienta y ambiciosa fue empujando a codazos a los hablantes del resto de dialectos del latín -unos cinco, seis que fueron, si incluimos el castellano, consideramos el mozárabe un único dialecto y prescindimos del vasco, muy anterior al latín en la Península-, y empujó tanto, y tan sangrientamente, que los gallegos y los catalanes tuvieron que 'cederle' una parte enorme de sus propias lenguas maternas, y así, no por casualidad, se habla gallego o portugués en Brasil, como catalán en las Islas Baleares y no solo. Castilla abriendo los codos, empujando y empujando y a empellones para hacerse sitio, desalojó a pueblos infinitamente más pacíficos. Es lo que tiene que en la infancia se nos escatime el agua y el pan... que, al hacernos mayores, queremos para nosotros el pan y el agua de todos los demás, es un hambre jamás saciada. En fin... se trata de una brevísima introducción, algo traidora, sí, en razón del espacio y de las circunstancias, pero podrías seguir buscándote la vida por esos libros de Dios, están llenos de datos, y la izquierda debe ser culta en lo posible; la que pace es la derecha, estúpida e ignorante, y ello explica, no justifica, sus actos, 'ideas o ideología' y todo lo demás. Salut

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