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La implacable decisión de empobrecer al pueblo del Gobierno del PP

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

Este conocido poema, atribuido erróneamente a Bertolt Brech, pero cuya autoría corresponde a Martin Niemöller, clérigo protestante alemán encarcelado de 1937 a 1945 por el gobierno de Hitler, debiera abrir los ojos a todos los ciudadanos que aún justifican las acciones de un Gobierno, el de Mariano Raxoi, decidido a llevar a los ciudadanos a la absoluta ruina, y al país a unos índices de pobreza de los que será muy difícil salir si no se logra parar la sangría económica que está llevando a cabo un Ejecutivo que tiene puesta la vista tan solo en reforzar el poder de la oligarquía industrial, financiera y especuladora.

Primero fue la Reforma Laboral, que tan solo sirvió para reducir los salarios a niveles de pobreza según denunciaba no hace muchas fechas la ONG Intermon Oxfam y que, según reconoce en un informe el Banco de España, no ha servido sino para bajar los índices salariales, ya que ni ha frenado los despidos ni ha evitado que la mayoría de los contratos sean precarios.

Al empobrecimiento de la clase trabajadora, consecuencia de la inicua reforma laboral, hay que sumar la bajada de pensiones del 28% en unos años. La reforma del sistema de pensiones, a partir de la aprobación que el Gobierno tiene previsto ratificar mañana, supondrá una substancial pérdida del poder adquisitivo por parte de los pensionistas de alrededor del 20%, precisamente cuando esas pensiones constituyen el único sostén económico de cientos de miles de familias que, a consecuencia de los brutales índices de paro cercanos al 27%, sobreviven gracias a la pensión de los abuelos.

La reforma de las pensiones, que abandona el sistema de aumento según los índices del IPC, como venía haciéndose desde hace años, cuenta con el rechazo del Consejo Económico y Social, los sindicatos, PSOE e IU, con el argumento de que no garantizará el poder adquisitivo de los jubilados y no se ajusta "ni en la formulación concreta ni en el plazo previsto para su entrada en vigor" a lo establecido en la Ley 27 de 2011, al criticar que la esperanza de vida sea el único parámetro utilizado en su cálculo.

En su implacable persecución de la clase trabajadora el Ejecutivo de Raxoi ha acordado también mantener el salario congelado a los funcionarios, miles de personas que trabajan en el sector de la Sanidad, la Educación, la Función Pública, los cuerpos de seguridad o bomberos. Sin embargo, el Ejecutivo no aplicará esa congelación a los miles de asesores con los que cuenta el PP en todos los niveles de la administración, muchos de ellos carentes de formación académica alguna, como reconoció el propio Ejecutivo a una pregunta parlamentaria en cuya respuesta  informó de que de los 850 asesores con los que cuenta Raxoi, 68 de ellos carecen  de la titulación de Graduado Escolar.

Pareciera como si el actual Gobierno estuviese decidido a mermar el poder adquisitivo de todos los ciudadanos, excepto de aquellos que son afines a su clan, secta o ideología, desmintiendo así la afirmación que ha propugnado desde hace años de que no existe la lucha de clases, del mismo modo que viene manteniendo la idea del ocaso de las ideologías, tan cara a personajes fascistas como el fallecido González de la Mora, autor de un pesado ensayo con ese título, publicado en 1965.

No obstante, nunca como en el presente se pone de manifiesto la existencia una dura lucha de clases, que por el momento está ganando la oligarquía, como reconoció en un artículo publicado en el New York Times, el multimillonario Warren Buffet, que afirmó que “la lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando“.

La pérdida de poder adquisitivo por parte de la clase trabajadora, que se produce no solo por la bajada de los salarios, sino también por el exponencial encarecimiento de servicios como el suministro eléctrico, que ha subido en pocos años cerca de un 70%, y que aumentará las facturas en otro 3% en los próximos meses, supone un constante empobrecimiento de la mayoría de la población que viene sufriendo un expolio por parte de la clase dirigente que se traduce en que las rentas del trabajo hayan descendido un 66% mientras que las del capital superaron el 72% de subida.

La política económica del Gobierno de Raxoi hace que nunca como en la actualidad se haga presente el conflicto capital-trabajo, del que ya hablaba Marx a mediados del siglo XIX, porque es a esa época a la que están llevando las políticas económicas del Ejecutivo sostenido por la mayoría parlamentaria del PP.  La diferencia que existe con los tiempos en los que se planteó en toda Europa la lucha de clases, que culminaría con la Revolución Rusa de 1917, es que en la actualidad los trabajadores de este país no parecen tener conciencia de la necesidad de oponerse organizadamente a los abusos de una oligarquía financiera especuladora y un empresariado esclavista, a los que el Gobierno sirve unívocamente, sin contemplar los derechos de la mayoría de la ciudadanía.

Aquellos que miran para otro lado, aceptando las tesis gubernamentales, resignándose a las bajadas de salarios y todo tipo de recortes, pensando que a ellos no les afecta, acabará pasándolos factura, porque, parafraseando el poema de Niemöller “para entonces, ya no quedará quien diga nada"

Si la clase trabajadora, los jubilados, los estudiantes, los funcionarios, en resumen todos aquellos que no viven de las rentas del capital, siguen aceptando recortes y bajadas de salarios, terminarán convertidos en los esclavos de la oligarquía que el Gobierno de Raxoi pretende convertirlos.

Mañana puede ser tarde para evitar que este país se convierta en un erial económico para la mayoría de la población, en tanto una reducida clase privilegiada se enseñorea en su riqueza. Todo el mundo debiera tomar conciencia de que, efectivamente, la lucha de clases existe y no hay que permitir que la ganen los millonarios como Warren Buffet.


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