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Escándalos y ridículos acosan a un Gobierno sobreprotegido por los medios nacionales y cuestionado en el extranjero.

Cercado por los problemas, cuestionado por la prensa internacional, criticado por algunas de sus medidas hasta en la nacional, aun con toda la presión que ejerce sobre los medios patrios, al Gobierno de Raxoi se le acumulan los problemas, no solo por el escándalo Bárcenas, del que por mucho que él y sus fieles servidores de la tribu mediática quieran que no se hable no cesa de proporcionar datos que concitan el interés mediático, porque se confirma que sí existieron donaciones ilegales y caja B. Pero es que, además, la judicatura viene proporcionando no pocos disgustos al partido del Gobierno.

Por una parte, algunos de sus más señeros representantes se ven cercados por imputaciones de diversa índole, la última, hasta el momento, ha sido la de Rita Barberá y Francisco Camps, debido al pago de millones de euros, sin justificación posible, al Instituto Nóos, ese entramado tan bonito que se inventó el real yerno y que, acabe o no en la cárcel, hace por la III República mucho más que los propios republicanos. Y, cuando no se trata de imputaciones, la Justicia también pone en notables bretes al PP, como ha hecho el togado Carlos Gómez Iglesias, del juzgado nº 4 de lo Contencioso Administrativo de Madrid, que ha suspendido cautelarmente la privatización de la sanidad de esa comunidad, vista por muchos como el banco de pruebas del PP para seguir el modelo privatizador en todo el Estado y que ha echado por tierra Gómez Iglesias.  

Además, la Audiencia Nacional proporcionó al PP más motivos para el sufrimiento, o al menos, para que tomen un buen berrinche: por una parte, el juez Fernando Andreu, echó un rapapolvo de consideración a la CNMV, presidido por Elvira Fernández -exministra de Aznar y expresidenta de la cámara madrileña-, por no expedientar a la cúpula de Bankia. Y si con eso no hubiera sido suficiente, la Sala de lo Penal, también de ese alto tribunal, se opuso al indulto del inefable Ángel Carromero –asesor del Ayuntamiento de Madrid, y correveidile de NNGG en Cuba-, condenado en ese país por un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte, por el accidente de tráfico en el que murió el opositor Oswaldo Payá. La Audiencia señaló al Gobierno que no ha lugar a tal indulto porque los hechos juzgados en Cuba son, asimismo, delitos en este país y recordó que Carromero sufrió el accidente cuando ya había perdido todos los puntos de su carné de conducir.

Estos acontecimientos son vistos por la prensa internacional con no poco estupor porque, libre de expresarse en los términos que considera oportunos, sin que sus gobiernos jamás osen decir a un medio qué ha de opinar o contar, los corresponsales extranjeros están perplejos por el comportamiento del Gobierno español, no solo por el escándalo Bárcenas y sus consecuencias, que vienen comentando reiteradamente, desde la sorprendente aparición de Raxoi en un plasma, para evitar preguntas y que fue objeto de numerosas chanzas. 

El comportamiento del Presidente en las ruedas de prensa, en las que, o pacta las preguntas con algún medio afín o, o directamente evita convocarlas- como la que tendría que haber celebrado tras la visita de Evo Morales, seguramente por temor a que algún periodista extranjero lo pusiera en una situación incómoda al preguntarle por el caso Bárcenas, como hizo, el pasado mes de julio, el corresponsal rumano Ciprian Baltoiu-, no deja de causar estupor en aquellos profesionales acostumbrados a apretar a los políticos de sus propios países, sin que estos hagan otra cosa que responder educadamente a sus punzantes preguntas.  

Tan chocante resulta para los corresponsales extranjeros la actitud del Presidente del Gobierno español que hasta es objeto de comentarios en redes sociales, como el del corresponsal de la BBC, Ton Burridge, que colgó en Twiter, tras la rueda de prensa en la que La Moncloa pactó con ABC una pregunta sobre el caso Bárcenas para evitar la intervención de periodistas no afines, en el que señalaba que ‘Rajoy rechazó preguntas de El Mundo y El País, en lo que parece un desdén intencionado’.

Mas el escándalo Bárcenas no es el único objeto de análisis y críticas por parte de los corresponsales extranjeros que, por mucho que el Gobierno quiera que lo que él llama ‘La marca España’ brille con esplendor, no cesan de mostrar su sorpresa, e incluso desagrado, por asuntos que suceden en este país.

Uno de los que más irritación causó, sobre todo en Alemania, fue el homenaje a la División Azul -las tropas fascistas de Franco que fueron a luchar en Rusia al lado del ejército nazi de Hítler-; para medios como Der Spiegel, el acto, que el ministro del Interior, Jorge Fernández, defendió en los medios nacionales, resultaba ‘intolerable e inaudito’, sobre todo, porque como hizo notar ese rotativo ‘con la excepción del conservador Partido Popular (PP) del primer ministro de España, Mariano Rajoy, y otra pequeña formación, todas las partes cercanas al Parlamento catalán han censurado el homenaje y han pedido la destitución de la Delegada del Gobierno’.

La economía española, siempre objeto de atención europea, es contemplada por la prensa extranjera con no poco estupor, debido al optimismo del Gobierno, o incluso, por asuntos privados que no entienden que sucedan en un país endeudado y empobrecido, con unas tasas de paro que son las más altas de toda la eurozona.

Así, tras la fichaje del jugador de fútbol Gareth Bale por el Real Madrid, la  prensa internacional mostró su sorpresa por el contraste entre la solvencia del club blanco, capaz de gastarse alrededor de cien millones de euros en un futbolista, y la grave situación económica española. El diario alemán "Bild" fue el que con más contundencia reprobó una operación que calificó como perversa al afirmar que ‘cuando uno sabe que en España el paro juvenil está en el 50 por ciento y al mismo tiempo Real Madrid paga por Bale, de 24 años, 100 millones de euros eso no puede ser calificado de otro modo que absurdo, perverso y sin medida’, decía el director de deportes del citado periódico, Alfred Draxler.

La CNN también se ocupó de ese asunto para opinar que, ‘mientras la recesión continúa golpeando a España, el Real Madrid ha fichado a Gareth Bale, uno de los jugadores más caros del mundo, si no el más caro’. ‘En una época en la que la casi nadie en España tiene ni dos euros, cabría pensar que los niveles de gasto del Real podrían irritar incluso a los madridistas, pero no ocurre nada de eso’ se sorprendían en la CNN. Igualmente The Guardian, aludía al millonario traspaso del jugador, para calificarlo de ‘insultante para muchos jóvenes españoles que no tienen trabajo’.

Mas si hay un asunto que irrita a los extranjeros, sobre todo a los europeos, son las corridas de toros, una tradición que consideran debe desaparecer y que, durante todo el verano, ha sido objeto de críticas por parte de los medios de medio mundo, como el The Guardian británico, o el  Washington Post, que no entienden el espectáculo de la crueldad. Desde el ‘la tradición no puede justificar esa crueldad’, al ‘esa fiesta cruel y dolorosa que tiene que desaparecer’, medios de toda Europa y de USA critican la mal llamada fiesta como un residuo de barbarie, que critican con superioridad moral, tachando a los ciudadanos de este país como de cafres, sin saber que la barbarie taurina complace tan solo al 30% de la población y a un Gobierno reaccionario.

La resistencia de Mariano Raxoi a presentar su dimisión ante las evidencias de cobro de sobresueldos - que en cualquier país civilizado ya habría provocado la caída del primer ministro-, el despilfarro de entidades privadas o públicas, en un país con una crisis que no se resolverá en poco tiempo por muchos alardes de optimismo que haga el Gobierno, los sobrecostos de obras subvencionadas por la UE, que mira con lupa el destino de los millones facilitados por los fondos FEDER, o que The Economist, al hacer un repaso sobre el caso Bárcenas desde 2009, relacione a España con Italia y Grecia como ‘naciones corruptas’, son indicativos del escaso respeto que siente la prensa extranjera por este país.

La barbarie de las corridas de toros, o el torpe tratamiento de asuntos como el de Gibraltar, concitan el interés, pero también el asombro, cuando no acerbas críticas de unos medios acostumbrados a juzgar con libertad a sus Gobiernos, y que ven, con no poco estupor cómo en una nación supuestamente democrática, el Ejecutivo amordaza a la prensa nacional o manipula a las audiencias -como hizo ayer mismo RTVE con las cifras del paro, presentando gráficos que distaban mucho de la realidad-, lo que hace que los más tengan  el convencimiento de que, efectivamente, Spain is different. 

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