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EL PP se despeña: La ciudadanía vuelve a inclinarse a la izquierda

Aunque haya muchas maneras de decir las cosas, la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Esta máxima se la podría aplicar el diario El País que hoy, en un artículo sobre la intención de voto, señala que ‘dos de cada cuatro’ electores consideran que el PP no colabora con la justicia. Si ese periódico no fuese pusilánime a la hora de describir los datos de una encuesta de Metroscopia, hecha para ese diario, expresaría claramente que la mitad de los otrora votantes del PP están convencidos de la implicación del equipo de Raxoi, y del propio Raxoi, en el mal llamado ‘caso Bárcenas’, que no es sino el ‘caso de la financiación ilegal del PP’.

La encuesta de Metroscopia, que en esta ocasión el diario de Prisa no publica para esconder a saber qué demoledores datos para el Gobierno, recoge que si hoy se celebrasen elecciones generales las ganaría el PSOE por apenas un punto y medio sobre el PP. Aunque si a los resultados del partido liderado, es de esperar que solo de momento, por Rubalcaba, se sumasen los de IU, que sube hasta los 11.6, una coalición de ambos partidos tendría una amplia mayoría, dado que el PP, ni con el apoyo de su marca blanca, UPyD, la alcanzaría, puesto que la formación de Rosa Díez tan solo cuenta en intención de voto con el 7.7 de los sufragios.

La encuesta de El País revela algo que los medios llevan meses intentado ocultar, como hizo la Ser la pasada semana al publicar una encuesta de intención de voto de septiembre del pasado año, y es que el PP, y sobre todo el presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, ha perdido por completo la credibilidad ante una ciudadanía más que harta de falacias.

La táctica del Gobierno de negarse a hablar del fétido caso corrupción que le afecta –ya nadie cree que el dinero de Bárcenas sea solo suyo y todo el mundo espera a que el extesorero se decida a revelar la verdadera propiedad de los millones de euros que, seguramente, viene acumulando el PP durante lustros-, la obstinación en no dar explicaciones en sede parlamentaria, al oponerse a cualquier iniciativa de la oposición o la cínica manera de esquivar a la prensa que tienen todos los dirigentes de esa formación, con su presidente a la cabeza, hacen que la ciudadanía esté convencida de que el PP oculta datos a la justicia porque algo, o mucho, tiene que esconder.

Las inverosímiles afirmaciones sobre la economía que viene haciendo el Gobierno, y que alcanzaron niveles de bufonada con las palabras del Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en la Escuela de Verano celebrada el pasado fin de semana en Gandía, al afirmar que la recuperación económica de este país asombra al mundo, no son aceptadas por una ciudadanía que vive y sufre la realidad de unos índices de paro insoportables, una bajada de salarios que lleva a los trabajadores a situaciones de esclavitud y unos alarmantes datos sobre el consumo que ponen de manifiesto la pobreza en la que está sumida la población.

Ante la corrupción innegable del partido en el Gobierno, su nefasta e injusta gestión de una crisis que viene ejecutando con la mirada puesta tan solo en la satisfacción de la oligarquía financiera y empresarial o sus políticas represivas, lo insólito sería que la ciudadanía siguiera siendo fiel a un Ejecutivo que no ha hecho, desde que ganó las elecciones, sino gobernar en contra del electorado.

Lo que sorprende es que con la situación en la que está el PP, inmerso en un escándalo de corrupción como no se había conocido en toda la historia de esta pseudodemocracia heredada del franquismo, es que el partido mayoritario de la oposición no recupere a manos llenas el descontento del electorado. De lo que se deduce que el PSOE sigue siendo visto como una pobre alternativa al PP. Sería ahora, cuando hay indicios de que puede remontar mínimamente, cuando los líderes socialistas tendrían que ponerse a trabajar con el fin de elaborar un discurso creíble, una verdadera alternativa en este sistema bipartidista que impide la consolidación de fuerzas alternativas, para recoger las inquietudes y aspiraciones de la mayoría de una ciudadanía harta del bipartidismo que no escucha al electorado.  

Si el PSOE abandonase con credibilidad las políticas que ha venido llevando a cabo en lo económico en los últimos años, en los que adoptó errónea y torpemente, los postulados del neoliberalismo y se comprometiese a derogar todas las abusivas leyes que ha sacado adelante el PP con su aplastante mayoría absoluta, es posible que lograra pactar con IU y así poder formar una mayoría contundente, dado que, según reflejaba este blog, a propósito de una encuesta publicada igualmente por El País, la mayoría de los ciudadanos se inclinan por políticas de izquierdas, aplicadas por un Estado fuerte que controle los abusos del poder financiero.

Mas para concitar la aprobación de la ciudadanía lo primero que tendría que hacer el PSOE es buscar un líder distante a las políticas aplicadas por el anterior gobierno socialista. Alfredo Pérez Rubalcaba, del que no cabe duda que sea una persona honesta, no hará sino torpedear un ansiado cambio en el Gobierno y en el seno de su propio partido, si sigue enrocándose en su posición de no abandonar la Secretaría General y optar a la presidencia del Ejecutivo. Porque, en el caso de que el PSOE continúe en la actual posición de inmovilismo, cualquier posibilidad de alcanzar el Gobierno quedará frustrada.

Ahora que parece que el PP se hunde sin remisión aunque, como se teme, el mal llamado ‘caso Bárcenas’, que es en realidad el ‘caso PP’ quede en nada, y judicialmente todos los latrocinios de asalto al dinero público presuntamente perpetrados por ese partido durante veinte años queden impunes, el PSOE tiene la obligación de dar un giro de 180º a la política que ha venido llevando a cabo desde la mal llamada transición, y volver a las esencias socialistas.

Tendría así la oportunidad de oro de encabezar un cambio en los partidos socialistas de toda Europa, en la actualidad sin fuerza ni capacidad para retornar a políticas más humanas, las que ha arrasado el neoliberalismo salvaje. El abandono de sus principios ideológicos, su dejarse caer en brazos de las economías liberales ha hecho que la socialdemocracia europea haya perdido toda credibilidad y, como decía hace unas semanas Iñigo Adurez, en un artículo del digital Público, se haya convertido en una fuerza política ‘gafada’.

Si el PSOE se comprometiese a llevar a cabo el control del poder financiero, la restitución de todos los derechos arrasados por el PP, una reforma fiscal progresiva, la resolución del Concordato, una reforma Constitucional, con referéndum sobre la Monarquía incluido y el compromiso de una reforma de la ley electoral que permita que el voto de todos los ciudadanos valga lo mismo, tendría la victoria asegurada si, además, se comprometiese ante notario a llevar a cabo todo cuanto prometiera, o en caso contrario, dimitir y convocar nuevas elecciones.

Mas si el PSOE sigue manteniendo posturas pusilánimes y cobardes, como las que protagonizó en la última etapa de Gobierno de Zapatero, por temor a la Troika, a Merkel, o a la oligarquía nacional, podría darse la tragedia de que un partido corrupto, ultraderechista y sin el menor aprecio de la ciudadanía, ganase las elecciones por culpa de la abstención o de la orfandad de un electorado que no sabría que mal menor elegir.


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