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El gran éxito económico de Rajoy: 31 parados menos, casi 100.000 afiliados menos a la Seguridad Social.


Mariano Raxoi y la secretaria general de su partido, Dolores de Cospedal, aparecieron ayer en el Comité Ejecutivo y en rueda de prensa para alardear de unos magníficos datos económicos que, según dejaron translucir, iban a suponer una gran noticia, la prueba palpable de que la economía se está recuperando y que de eso, y no del escándalo de corrupción que, según Cospedal, no responde a nada más que al deseo de ‘desestabilizar al PP’, sería de lo que se tendría que hablar. Pues bien, la gran noticia del descenso del paro que anunciaba el Ejecutivo se limita la irrisoria cifra de treinta y un parados menos, y uno solo de esos treinta y uno con contrato indefinido, porque el resto es trabajo en precario, contratos de tres meses, o incluso por horas. Que dan lugar a abusos como el que un camarero trabaje veinte horas diarias por un sueldo de 450 euros al mes.

El argumento utilizado por el Presidente Raxoi es el de que esos treinta y un parados menos rompen una tendencia en la situación económica, porque el mes de agosto del presente año es el que mejores resultados obtuvo en los últimos trece años. Aunque silencia el hecho de que, sin embargo, hubo 73.000 parados más que en agosto de 2012. No mencionó Raxoi que, además, el número de afiliados a la Seguridad Social descendió en casi cien mil personas, lo que pone de manifiesto que, o hay cien mil parados más, o cien mil trabajadores que perciben su salario en negro y por sueldos misérrimos, que es lo que quiere el empresariado feudal y abusivo de este triste país.

El afán por destacar esos datos, tan poco indicativos de una mejora en la economía, puesto que, a pesar de haber sido este verano una de las mejores temporadas turísticas desde hace años, no se ha reflejado en una subida de empleo que se hubiese correspondido con tal circunstancia, no revela sino la intención de distraer a la ciudadanía y la prensa dócil con un caramelo de pega, con una falacia más a las que tiene acostumbrados a los ciudadanos este Gobierno que, afortunadamente, cada día toman menos en serio. 

La realidad es que las alharacas del Gobierno quedan en nada cuando se revisan los fríos datos. Porque si a comienzos de verano las huestes de Raxoi aseguraban que se estaba creando empleo, el INE ha acabado con el optimismo que quiere vender el Ejecutivo, al diferenciar la creación de empleo fijo con el empleo estacional, y señala que los cerca de 150.000 puestos de trabajo creados entre abril y junio se deben, única y exclusivamente, a la temporada alta del turismo y a las campañas agrícolas en marcha. Cuando la estadística se limpia de los efectos estacionales que provoca el calendario, los datos se dan la vuelta y la creación de empleo se torna en destrucción. En concreto, la caída fue de un 0,29%.

Algún ingenuo que no conozca bien la idiosincrasia de este Gobierno y del partido que lo sustenta podrá, tal vez, preguntarse a qué tanta mendacidad. Mas la respuesta es bien clara: en el PP no saben qué datos proporcionar para distraer a los medios y a la ciudadanía de la realidad de cuanto acontece. Y lo que sucede es que cada día que se conocen nuevos detalles de la instrucción del caso del PP se puede constatar que nos hallamos ante el más escandaloso asunto de corrupción que se ha registrado en este país en los treinta y pico años de pseudodemocracia, porque, además de las escandalosas cifras que se manejan en el sumario, se trata de una corrupción consolidada en el tiempo, desde veinte años atrás. Hoy se ha confirmado, al conocerse la declaración del exgerente Cristóbal Páez, que Bárcenas y Lapuerta manejaban billetes de quinientos euros, con los que le pagaron en sobres, en dos ocasiones, seis mil euros. El enigma que a tantas preguntas dio lugar, cuando muchos inquirían sobre la razón de por qué en este país había tanto billete de quinientos euros y en poder de quiénes estarían, se ha resuelto: estaban en la caja B del PP.

Ni Mariano Raxoi ni ningún otro miembro del Gobierno, o de la dirección del PP, ignoran que su partido está inmerso en un lodazal de corrupción, de ausencia de ética y honradez, que está llevando a que la ciudadanía se aleje de él, además de por las mentiras de su campaña electoral y los recortes. A los trabajadores les cabrea mucho saber que, en tanto Raxoi pedía moderación y reducciones salariales para complacer a sus amigos empresarios, él y otros miembros del PP, cobraban sobres de dinero negro con cantidades que un trabajador normal, de los que se ven obligados a trabajar en precario con contratos basura, o sin contrato, no perciben ni en varios años de explotación laboral.

Ante las evidencias innegables de un estado de corrupción inaceptable en las filas del PP, el Presidente Raxoi ha impuesto más silencio y más falacias, convencido, o quizá engañado por el gurú Arriola, de que la tormenta pasará en cuanto la economía se recupere. Con lo que no debe contar Raxoi es que, por mucho que las cifras macroeconómicas experimenten una leve mejora, el estado de pobreza de los trabajadores no va a mejorar, porque ya se encargó su Ministra de Trabajo, Fátima Báñez, de poner las bases inamovibles –al menos hasta que llegue otro Gobierno y las cambie- para cualesquiera abusos que deseen perpetrar los codiciosos patronos, la mayoría de los cuales no invierten el dinero que ganan en mejorar sus empresas, o en pagar más a sus trabajadores, sino en especular con Deuda Pública, de esa que los bancos españoles reciben de Europa al 1% y los especuladores la hacen pagar al 5%, al 6%, e incluso, al 7%, ahogando las arcas del Estado.

La satisfacción por las cifras del paro, con ese crecimiento ridículo de 31 parados menos, no le va a servir al Gobierno, ni a su Presidente, para nada. Los porcentajes de paro siguen siendo insufribles, los escasos contratos que se firman son precarios –solo 6 de cada 100 corresponden a contratos fijos- y los sueldos son cada día más bajos. La población pierde capacidad adquisitiva continuamente, lo que conlleva que la economía esté lejos de recuperarse, por mucho que Raxoi sueñe con ello, no desde luego por amor al pueblo, sino por tener con qué tapar toda la inmundicia ética que rodea a su partido.

Obsesionado por la idea de que no se hable de la corrupción, el PP no se limita a intentar ofrecer caramelos de buenas noticias a la ciudadanía, además, tapa la boca de la oposición, cerrándose en banda ante cualquier iniciativa que tome para que se aclare, en la sede de la supuesta soberanía nacional, todo lo que es necesario saber, y que el Presidente explique públicamente por qué mintió en el Congreso. Raxoi fía en una hipotética recuperación económica la posibilidad de ganar las próximas elecciones, sin contemplar la idea de que puede que no llegue a 2015 sentado en la Presidencia del Gobierno.

Si este país fuese de verdad una democracia, haría tiempo que se habría visto obligado a abandonarla, justa y precisamente, el día que se constató que mintió en sede parlamentaria. Mas como no estamos en un país civilizado, Raxoi sigue instalado en La Moncloa, gracias a las maneras dictatoriales de su Grupo Parlamentario y la colaboración de un Presidente de las Cortes que ejerce tan solo de presidente del grupo del PP, cerrando el paso a cualquier comisión de investigación,  con el fin de burlar la posibilidad de dar explicaciones.

Y como el pueblo no parece capaz de hacerle abandonar el sillón que obtuvo con falacias y una campaña ventajista, tendría que ser la Justicia la que lo removiese. Habrá que invocar a cuantos santos de palo existen para que se dé ese milagro.


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