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Caso Bárcenas: Cuando los corruptos cuentan con la colaboración de la Fiscalía y la connivencia mediática.

Cuando hace unos meses el Frankfurter Allgemeine Zeitung comentaba ante el escándalo Bárcenas que -por mucho que el PP lo niegue, y la mayoría de la prensa lo silencie,  es en realidad el caso de la financiación ilegal del PP-, ‘En España no dimite ni Dios’ no explicaba, seguramente porque no se le pasó por la cabeza al redactor del editorial del citado periódico que, además de no dimitir ni Dios, los corruptos políticos del país hispano cuentan con la obediencia de una Fiscalía que toma decisiones al dictado de los implicados y una prensa complaciente que nunca entra en profundidad a explicar la realidad de lo que sucede y se limita, como mucho, a narrar las decisiones de la Fiscalía, sin explicar el porqué de unas actuaciones que no se dan más que en los países en los que la democracia existe tan solo en apariencia. 

En los dos últimos días, el sometimiento de la Fiscalía a los deseos del Gobierno del PP, y de su presidente, Mariano Raxoi, se pusieron en evidencia con dos autos que debieran sonrojar a cualquier letrado o juez verdaderamente independiente del poder. El hecho de que al Fiscal General del Estado lo nombre el Ejecutivo, y que todos los fiscales estén sometidos jerárquicamente a quien nombra el Gobierno hace imposible que se investiguen libremente los casos de corrupción que atañen al Ejecutivo, y así se está demostrando con el escándalo Bárcenas.

Primero, el fiscal anticorrupción Antonio Romeral se opuso a que, como solicitaba la acusación popular de la Asociación de Abogados Demócratas de Europa, Raxoi declarara sobre los apuntes de la contabilidad secreta de Bárcenas, que le imputan la recepción 12.600 euros de dinero negro en enero y junio de 2008, así como dos pagos de 20.000 y 25.000 euros que Bárcenas aseguró haber entregado al Presidente y a Dolores Cospedal en 2009. 

El fiscal arguyó en su escrito que se trataba de una “diligencia de conveniencia” orientada “más a un interés extraprocesal que a la averiguación del delito y sus partícipes”. Para señalar, también, para mayor escándalo ético, que “en la investigación de los papeles de Bárcenas no se han acreditado hasta el momento hechos de trascendencia jurídico penal”.

Dos días después, el representante de la Fiscalía que supuestamente combate la corrupción, mostró su oposición a que sean examinados los contratos con las administraciones públicas logrados por doce de los empresarios que figuran como supuestos donantes de dinero negro al PP entre 1990 y 2008, como solicitaban las acusaciones populares. 

Según Romeral esa diligencia resulta “además de inútil e impertinente, perjudicial para el desarrollo de la instrucción”. Porque según afirma más adelante, si se llevase a cabo la investigación de tan ingente documentación comportaría el empleo de numerosos funcionarios y el retraso en la instrucción por un tiempo desde luego superior a un año en el mejor de los casos”. Y es claro que a la Fiscalía, y a sus amos del PP, lo que les conviene es dar carpetazo cuanto antes al caso, con un sobreseimiento que diga que no hubo delito alguno, dado que la Fiscalía se opone a que se investigue si los hubo.

El juez Ruz tendría que tener la última palabra sobre las solicitudes de las acusaciones populares, tiene potestad para admitirlas aun con la oposición de la Fiscalía, mas ya se está viendo a lo largo de toda la instrucción, que el pusilánime togado no está dispuesto a poner en riesgo su futuro profesional, porque es consciente de que, en este triste país, quienes se enfrentan al poder del PP, que tiene tentáculos bien potentes en todos los ámbitos jurídicos, acaban expulsados de la carrera judicial, como le sucedió a Baltasar Garzón.

Al tiempo que la Fiscalía pone todos los palos precisos en la rueda de la Justicia, para que no se investigue a fondo el caso de corrupción más escandaloso de toda la historia de la actual pseudemocracia, la prensa siempre pasa de puntillas sobre esos asuntos, y, cuando no se congratula de las decisiones de la Fiscalía, al aplaudir su ‘sentido común’ al tiempo que carga contra las acusaciones populares como reiteradamente hacen medios como La Razón, el ABC, RTVE o las aún más cavernarias como Intereconomía o la Cope, recurre a eufemismos manipuladores como el de no mencionar al PP sino a ‘la formación conservadora’, para evitar nombra a ese partido, o directamente a Mariano Raxoi.

Resulta muy curioso ver cómo los medios evitan señalar lo que hay tras el escándalo de financiación ilegal del PP, por mucho que se intente hurtar la verdad, que es que al financiarse ilegalmente, hizo uso de medios fraudulentos para acceder al poder de forma torticera y nada democrática, que hacen ilegítimas sus victorias.

Mas aún sorprendente resulta la cobardía de la mayoría de informadores, incapaces de hacer preguntas incómodas al Presidente en sus escasas apariciones, siempre controladas por sus cancerberos mediáticos. Ninguno de ellos se atreve a preguntar directamente si recibió dinero negro, o por qué no se plantea dimitir cómo hacen en toda Europa los políticos a los que roza el escándalo. Ninguno se atreverá en el futuro a preguntar qué significado tuvo su respuesta a la periodista Sara Eisen, que le entrevistó para la cadena norteamericana Bloomberg, cuando afirmó que ‘Hay cosas que no se pueden demostrar’, en relación con el caso Bárcenas.

Al presidente debió traicionarle el subconsciente, o tuvo un ataque de sinceridad, al manifestar, con la desfachatez de un delincuente, que la financiación ilegal de su partido y el cobro de dinero negro ‘no se puede demostrar’. Afirmación que resulta casi una confesión, y la chulería de quien sabe que, aunque existió el delito, cuenta con la colaboración de la Fiscalía y un juez pusilánime para ocultar lo que se tiene la certeza de que se produjo.

Tan consciente fue el PP de que el Presidente Raxoi se puso en evidencia con esa respuesta que, en un vano intento, quiso ocultarla pidiendo a la cadena Bloomberg que no emitiese las preguntas relacionadas con el caso Bárcenas. Acostumbrado a controlar a la prensa nacional, a ponerla de su parte con el argumento de que tanto el Gobierno como la prensa ‘han de remar en la misma dirección’, y si no lo hacen los medios y trabajadores desobedientes sufren el riesgo de ser perseguidos hasta la desaparición, pensó que podía hacer otro tanto con los medios y profesionales de otros países.

En la entrevista concedida a Bloomberg TV, Raxoi se vio sorprendido por la contundencia de la periodista Sara Eisen, acostumbrada, como el resto de profesionales de los países democráticos, a apretar a los políticos sin que estos hagan otra cosa que responder como pueden, pero jamás amedrentando a los periodistas. Molesto e incómodo, Raxoi no supo comportarse como sus homólogos europeos, y quiso escapar a la insistencia de Eisen, sin hacer otra cosa que ponerse en evidencia.

Ante la torpeza de Raxoi, al PP no se le ocurrió mejor cosa que pedir a la cadena Bloomberg que no emitiera las preguntas incómodas y las torpes respuestas, cayendo en un estruendoso ridículo, porque la prensa de los países democráticos no es como la de aquí, atemorizada una parte y comprada la mayoría, ya sea con campañas publicitarias institucionales, ya sea con abultados sobres o prebendas a indecentes pseudoprofesionales.

Bloomberg TV dió a conocer las presiones del PP, y al bochornoso espectáculo de Raxoi, dando unas respuestas que traslucieron la certidumbre de la culpabilidad del PP en el caso de la financiación ilegal, y la suya personal como receptor de sobre sueldos, por mucho que ‘no se pueda demostrar’, sumó el ridículo de intentar presionar a un medio, como acostumbra hacer en su país.

Poniendo así en evidencia en EEUU que España, gobernada por el PP, es más parecida a una república bananera que a un país democrático.


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