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Los sorprendentes ofrecimientos de Rajoy y las declaraciones ofensivas de sus correligionarios

La capacidad para sorprender del Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi Brei, solo es comparable con su cinismo o su ingenuidad, que cualquier cosa podría pensarse del ofrecimiento de pacto que le ha hecho al PSOE, proponiendo llegar a un acuerdo para tipificar como delito la financiación ilegal de los partidos.

Que el líder de un partido que lleva financiándose ilegalmente desde hace veinte años ofrezca un pacto para legislar sobre ese asunto resulta verdaderamente sorprendente,  por lo que es de esperar que el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, le dé con la puerta en las narices, después de indicarle que lo que debe hacer antes de legislar nuevas sanciones a la financiación ilegal, lo que, por decencia  está obligado a llevar a cabo es el reconocimiento del delito perpetrado durante largos años  y, cumpliendo la legislación actual, devolver, como marca la actual normativa, el doble de lo ingresado desde que, en los años ochenta su partido comenzó con esas prácticas ilícitas. Señala la normativa actual que el partido que se financiare ilegalmente tendrá que devolver a la Hacienda Pública el doble de las cantidades ingresadas de forma fraudulenta.

Si hiciese lo que debiera el PP, antes de plantear pactos para una nueva tipificación del delito de financiación ilegal, sin duda daría para abonar muchas becas a los estudiantes a los que su ministro Wert dejará fuera de la Universidad, para costear proyectos de I+D+i, o para pagar innumerables prestaciones sociales. Eso contabilizando tan solo lo que ya se ha descubierto a través de los informes policiales y la investigación judicial, porque si se puede demostrar que las fortunas de Bárcenas y Sanchis no son de los mencionados, sino todo ello de lo recaudado por el PP a lo largo de veinte años, se podría, holgadamente, hacer frente al pago de buena parte de la deuda que este Gobierno se prestó a firmar para salvar de la quiebra a sus amigos los banqueros y dar un buen empujón a la bajada del déficit que evitaría mucho martirio de los ciudadanos. 

No se sabe si el ofrecimiento de pacto del Presidente del Gobierno, que lo es también del PP, oculta alguna intención torcida -la de trasmitir a través de los medios de comunicación, todos en su poder, que la oposición no quiere legislar contra ese delito porque es ella la que se financia ilegalmente- o habrá que pensar que su ingenuidad raya en la bobería. ¿Cómo puede esperar el señor Raxoi, Don Mariano, que se preste a pactar con él y su Gobierno partido de oposición alguno, teniendo en cuenta que si lo hacen darán legitimidad a un Ejecutivo que ganó las elecciones con engaños y, además, financió tramposamente y con ventaja, sus campañas electorales? Y, sobre todo, ¿cómo puede Raxoi esperar que político alguno con una mínima vergüenza pacte con un partido cuyos dirigentes padecen una incontinencia verbal que los lleva a ofender y humillar a la ciudadanía continuamente, cuando no a inventar falacias e insidias contra el resto de partidos?

La relación de groserías, humillaciones y falacias que vienen saliendo de la boca de mucho dirigentes del PP daría para llenar folios, porque de remontarse al pasado, todavía se pueden recordar las declaraciones de Mayor Oreja diciendo que la dictadura franquista fue una época de placidez, cuando en esos años perdieron la vida muchos españoles a manos de unas fuerzas de seguridad brutales que se ensañaban con los detenidos, políticos o comunes, y en la que el pueblo pasaba incontables miserias –las que ahora quiere imponer el PP- y sufría la humillación constante de una censura que impedía la libre expresión y la libertad de cátedra.

Mas no hace falta irse muy lejos en el tiempo para destacar lo irrespetuoso de las declaraciones de algunos dirigentes del PP, porque no hace muchos días el alcalde de la localidad galega de Baralla afirmaba que los asesinados por Franco se lo merecían, humillando así, tanto Mayor Oreja como Manuel González Capón, que así se llama el regidor aludido, a todas las víctimas de una dictadura sangrienta y fascista.

Aunque la costumbre de humillar al pueblo, adquirida durante siglos por la clase dirigente de un país que tuvo la desgracia de no llevar a cabo una revolución como las que existieron en Inglaterra o Francia en los siglos XVII y XVIII, aflora a los hábitos de los populares, que tienen una educación democrática similar a la de los zares rusos. La muestra más reciente de esa ausencia de respeto por la ciudadanía la dio la esperpéntica alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez que, indignada por el hecho de que en las redes sociales se expresen ideas que el PP impide que tengan eco en los medios de comunicación - a base de comprar todos y cada uno de ellos-, manifestó que ‘la gente va a pedir comida a los comedores sociales, pero luego tienen Twiter que cuesta dinero’. Aparte de hacer un alarde de ignorancia, porque el uso de la red social es gratuito, y es muy fácil acceder a través de la wifi pública, sin gastar un duro, la señor (?) Martínez considera que ‘los pobres’ no tienen derecho a expresar su opinión, si necesitan que la administración supla lo que no proporcionan los puestos de trabajo, que su partido se ha encargado de lograr que pierdan muchos millones de ciudadanos a causa de la inicua reforma laboral. Lo que ha de hacer el parado, además de no contar con las prestaciones sociales con las que se cuenta en los países civilizados, y que no son una limosna sino un derecho, es callarse y bajar la cerviz, según la alcaldesa de Cádiz.

La señora (?) Martínez, que no soporta la libre expresión de las redes sociales, en las que, generalmente con mucho humor, se critica al Gobierno del PP, por sus decisiones y, sobre todo, por sus ya más que demostrados latrocinios a través de redes corruptas, cuando se enteró de que no se paga para expresar libremente opiniones en Twiter, quiso rectificar, ofendiendo de nuevo, al decir que ‘gente de Cádiz que viene al Ayuntamiento a pedir y luego manejan teléfonos de última generación con conexión a Internet, que es, cuanto menos, llamativo’. No se ha debido plantear, la regidora de la Tacita de Plata, que esas personas que acuden a ‘pedir’ a su Ayuntamiento –y alguien debería recordarle que la gente no ‘pide’, sino que tiene derecho a prestaciones sociales- posiblemente tenían esos peligrosos cacharros que permiten cuestionar, e incluso burlarse, de su Gobierno y del PP, mucho antes de que la crisis, que ellos han hecho insufrible, las llevaran a la penuria absoluta.

Aunque tal vez la equivocación es de quienes no teniendo para comer se limitan a colocar mordaces frases en Twiter y Facebook, porque tal y como está la situación, la respuesta del pueblo a tanta iniquidad tendría que ser algo más contundente que la simple chanza o la crítica por muy sangrante que sea. Tendría que dar gracias a su dios, la muy beata gente del PP, de que existan redes sociales que canalizan el descontento del pueblo porque, de no existir, igual reaccionaban como los sans culottes de la revolución francesa.

Y puestos a dar gracias a ese dios en el que tanto se refugian, y de cuya religión tan obsesivamente quieren imponer sus dogmas en la sociedad española, legislando al capricho de sus sacerdotes, tendrían que darlas también por la moderación, desconocimiento, despiste o pusilanimidad de los dirigentes del PSOE a la hora de responder a las chulerías de algunos de sus portavoces, que tienen mucho por qué callar. Entre otras cosas, respecto al accidente ferroviario de Santiago, sobre el que el portavoz adjunto en el Congreso, Rafael Hernando, tuvo la desfachatez de afirmar que el juez que instruye la causa por el accidente de tren Alvia, en Angrois, deberá determinar si tuvo algo que ver en el siniestro: “el hecho de que el proceso inicial se modificara para acabarlo antes y cortar una cinta, llevado a cabo bajo el mandato de José Blanco como ministro de Fomento”, haciendo hincapié en que “el juez tendrá que determinar si tuvo algún efecto el hecho de modificar el trazado y de adelantar la apertura de ese tramo”. Cuando la realidad es que el tramo en el que se encuentra la fatídica curva fue modificado por Álvarez Cascos, cuando el Gobierno de Aznar ya estaba en funciones, tras perder las elecciones de 2004, para que su amigo Villar-Mir, uno de los generosos donantes del PP, pudiera llevarse cerca de mil millones de euros por la expropiación de terrenos.

Que el Presidente del Gobierno aspire a pactos con la oposición, estando pringado en el mayor escándalo de corrupción de la historia de esta pseudodemocracia, y contando con unos correligionarios bocazas, que no hacen mas que insultar y provocar a la ciudadanía, no es sino un rasgo más de la desfachatez de un político que, aun sabiendo que no tiene derecho a estar donde está, sigue detentando el poder y presumiendo de demócrata. Alguna vez habrá que ponerle en su sitio.


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