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Los polvos de la Amnistía y los lodos del fascismo en las NNGG del PP

Hace unos años el portavoz de los parlamentarios del Partido Popular europeo se vio obligado a declarar ante los medios que no compartían el criterio de uno de sus diputados, el español Jaime Mayor Oreja, que se negó en el Parlamento europeo a condenar el régimen del dictador genocida. Ahora, cuando la presión social y mediática ha arreciado en contra de los cachorros valencianos del PP, a los que se ha visto haciendo saludos nazifascistas, retratados junto a símbolos de la dictadura, o cuando las toleradas pintadas nazis en algunos lugares públicos de diversas localidades del País Valencià, han alarmado a la opinión pública y al cabo de una semana de que la prensa publicase las evidencias gráficas del fervor filofascista de sus cachorros, sus dirigentes aseguran que ‘tomarán medidas’ contra sus jóvenes militantes, aun cuando en el momento de conocerse la noticia,  alguno de los dirigentes, como el presidente de la Diputación valenciana, Alfonso Rus,  calificase de ‘chiquilladas’ los saludos fascistas de militantes de las Nuevas Generaciones del PP. El anuncio de los dirigentes populares se produce después de que la Unión Progresista de Fiscales anunciara que preparaba una posible denuncia penal contra la proliferación de actitudes fascistas. Difícil lo van a tener los fiscales progresistas porque en este país la apología del fascismo y la dictadura no tiene calificación de delito.

La apología del fascismo no figura en el código penal español, ni seguramente figurará a lo largo de una legislatura en la que gobierna un partido con no pocas concomitancias de sus dirigentes con el pensamiento fascista, que no solo jamás condenó el fascismo del régimen franquista, sino que considera lo que fue una dictadura sangrienta un régimen ‘autoritario pero no dictatorial’, cuando no, como dijo Jaime Mayor Oreja ‘una época de extraordinaria placidez’.

Al contrario que en el resto de países europeos, en los que se sufrieron regímenes nazis o fascistas, como Alemania o Italia, donde la apología de esas ideologías esta prescrita por su ordenamiento jurídico, y desde luego, prohibidos los partidos que la representaron, en este país, por el contrario, el partido que perpetró cientos de miles de asesinatos, que apoyó a los militares golpistas y que fue el único permitido por la dictadura, la Falange, no solo no es ilegal, sino que, incluso, se permite querellarse contra quienes, en el libre ejercicio de la libertad de expresión, lo señala como lo que fue.

La ley de Partidos, aprobada por el Gobierno de Aznar con el fin de ilegalizar Herri Batasuna, se cuidó muy mucho al redactarla, al precisar que no se permitirían partidos políticos contrarios al ordenamiento constitucional que recurrieran al apoyo de organizaciones terroristas, para evitar que se prohibiesen partidos como Falange, contraria a la Constitución y al régimen de supuestas libertades.

De esa manera, el PP sorteó la posibilidad de que algún juez emprendedor pudiera aplicar el artículo nueve, que precisa que ‘un partido político será declarado ilegal cuando su actividad vulnere los principios democráticos, particularmente cuando con la misma persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o elimina el sistema democrático’, al señalar que sería así si recurrieran para ello a la ayuda de ‘organizaciones terroristas’. O dicho para que se entienda, la Ley de Partidos prohíbe los relacionados con la izquierda abertzale, pero no los que hacen apología de la dictadura, por mucho que intenten subvertir el ordenamiento constitucional, hagan apología de la dictadura y homenajeen a un asesino genocida como el dictador Franco.

¿Cómo va a condenar la dictadura franquista un partido en el que muchos de sus dirigentes se han mostrado admiradores de la figura del dictador, contrarios a que se eliminen sus símbolos, y que si no ha derogado la Ley de la Memoria Histórica, la ha anulado de facto, privándola de fondos en los PGE? O que el pasado 18 de julio, fecha del levantamiento golpista de los generales fascistas contra la República, aprobó la dotación de casi trescientos mil euros para arreglar la fachada de la Basílica del Valle de los Caídos, apenas diez después de rechazar en el Senado una moción del PSOE en la que se pedía que se volviese a dotar de fondos a la Ley de Memoria Histórica.

Que sorprendan las manifestaciones filofascistas de los cachorros del PP, o que causen escándalo no deja de constituir una hipocresía, por cuanto aquellos que se quejan de esas actitudes son los mismos que, en los años en los que gobernaron, no tomaron medidas legales para acabar con la impunidad de los defensores y apologetas de la dictadura, ni atendieron las reiteradas advertencias de la ONU, que lleva años repitiendo que los crímenes contra la humanidad y los genocidios no son amnistiables, y que la dictadura franquista fue un claro genocidio.

¿A cuenta de qué va a extrañarse nadie de que los cachorros del PP expresen descaradamente lo mismo que sus mayores? Ahí están las hemerotecas para comprobar cuántas declaraciones en defensa del régimen franquista han salido de las bocas de los políticos del PP, cuántas falacias históricas han propalado sus más queridos pseudohistoriadores, amparados en las cadenas televisivas y medios digitales, a los que ese partido ha colmado de dádivas económicas a lo largo de toda la etapa pseudemocrática.

En un país donde los gobernantes se niegan a retirar los símbolos de la dictadura, como viene haciendo sistemáticamente el PP en las autonomías y ayuntamientos donde gobierna, y ahora desde el Gobierno de la Nación, en el que la encarnación de la más alta magistratura del Estado, el rey, alardea de no permitir críticas al dictador genocida en su presencia –hecho que le debería inhabilitar para ostentar la Jefatura de un Estado democrático si este lo fuese-, en el que desde que murió, en la cama, el dictador genocida, no se ha juzgado a un solo representante de ese régimen, y en el que aún en las Fuerzas de Seguridad y en el Ejército permanecen elementos que trabajaron para la dictadura, rasgarse las vestiduras porque lo cachorros de un partido de ultraderecha como es el PP se muestren tal como es su ideología no deja de ser una ingenuidad.

Las muestras de fervor fascista de unos ágrafos descerebrados, que seguramente no han bebido en más fuentes históricas que las que le han proporcionado los medios de la caverna, o las falacias que les hayan contado sus padres o abuelos, no son sino la consecuencia de la falta de valentía y dignidad de unos gobernantes que, desde que murió el dictador, no han hecho otra cosa que bajarse los pantalones ante los representantes de un régimen que nunca se fue de verdad, que aún campa a sus anchas por los despachos del poder, de la oligarquía, de la secta católica y de algunos medios de comunicación.

En tanto aquí no hubo una decente ruptura con la dictadura, y se aplicó el lampedusiano principio de que todo cambiase para que todo siguiera igual, nadie puede extrañarse que de vez en cuando la fiera, supuestamente dormida, del fascismo enseñe garras y colmillos. 

Lo seguirá haciendo, hasta que en el futuro, políticos valientes legislen para que contemos con leyes como las existentes en el resto de países europeos y se envíen a las cloacas de la memoria, y las cárceles, a cuantos defiendan un régimen abyecto.

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