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Como llegó al poder Mariano Rajoy, el Presidente más nefasto de la democracia

El Mundo, uno de los medios de la caverna que ayudó a Raxoi
Decía Antonio Gramsci –filósofo, teórico del marxismo y periodista, muerto en la cárcel bajo la dictadura fascista de Mussolini- que para llevar a cabo una revolución política, antes debe producirse una revolución cultural o de opinión de las masas. Aun estando las antípodas del pensamiento de Gramsci, el PP aplicó la teoría del marxista italiano con verdadero tesón con el fin de llevar al poder al que viene siendo el Presidente de Gobierno más nefasto de toda la historia de esta pseudodemocracia que sufrimos. También hizo suya la aseveración del Ministro de propaganda de Hitler, Paul Joseph Goebbels –este sí, más cercano a su ideología, y sobre todo a la de los cachorros valencianos del PP-, de que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad. Y el PP se puso a ello el mismo día que perdió las elecciones de 2004: primero aseguró que el PSOE las había ganado sin contar con legitimidad para ello, a causa del atentado del 11M. Y, tras ver que la insidia que intentaba involucrar al PSOE en el atentado no triunfaba, como pretendió con fruición y nulo éxito el director de El Mundo, José Pedro Ramírez, empezó a repetir un mantra que parece que caló en el ánimo de los ciudadanos, e incluso en la autoestima del propio interesado: Que Zapatero era el peor presidente de la historia.

El paso del tiempo ha demostrado que la afirmación de la ultraderecha, hábilmente sustentada por medios y periodistas de la caverna, que se lucraron con generosas dádivas dinerarias procedentes de la caja B del PP, era una falacia y, aunque a partir de 2010 Zapatero se equivocó renunciando cobardemente a su ideología, para rendirse al poder económico, el transcurso del tiempo ha demostrado que ni era tan nefasto el presidente socialista, como que le ha superado, con creces, su sucesor, Mariano Raxoi Brei.

Algún día la historia contará qué tuvo que ver en el giro de ciento ochenta grados en la política de Zapatero, aquella reunión celebrada en Moncloa, después de que el rey remitiese allí a los grandes empresarios, una vez que estos se dirigieran a él exigiendo un cambio de timón que, no cabe duda, se produjo dando lugar a un golpe de Estado de las finanzas que nunca se ha explicado. Zapatero cometió el imperdonable error de poner en manos de la oligarquía financiera internacional los derechos de los ciudadanos, con una reforma constitucional que jamás debió aprobarse, no plantó cara a la banca impidiendo los desahucios y haciendo suyas las palabras de los banqueros, al aceptar que la dación en pago supondría la ruina de las entidades, o al ceder a algunas pretensiones del empresariado. Mas no dejó desasistidos a los más débiles, no conculcó, sino muy al contrario, las libertades civiles, no persiguió a las mujeres, sino todo lo contrario, con leyes que quieren retrotraerlas al gineceo, como hace el actual Ejecutivo, no puso la sanidad en manos privadas, ni dejó desamparados a los inmigrantes. Zapatero se equivocó en su segunda legislatura en muchas cosas, mas no hay comparación posible con las atrocidades cometidas por Mariano Raxoi, un presidente que llegó al poder a través de un golpe de Estado en las urnas, que está implantando una dictadura de facto, y abocando al país al desastre.

Para llegar a La Moncloa, y haciéndose eco de las enseñanzas de Gramsci o de las de Goebbels, Raxoi y su partido contaron con la inestimable ayuda de popes de la comunicación más cavernaria y cuyos historiales son tan turbios como ausencia de ética hay en sus currículum. Se trataba, y se trata, de profesionales que llevan recibiendo verdaderas millonadas del PP, procedentes de la caja B, esa que, pese a las evidencias, niegan los dirigentes de esa formación, aunque se haya constatado el pago por medio de dinero procedente de ella a numerosas personas que así lo han admitido. En las cuentas de Bárcenas han aparecido, hasta ahora, los nombres de Carlos Herrera, José Antonio Sánchez –ex director de Telemadrid y ahora alto cargo en la ocupada RTVE-, Isabel Tenaille, Francisco Marhuenda y otros que recibieron regalos a través de televisiones autonómicas, como Curry Valenzuela, o de Diputaciones, como Carlos Herrera, figura estrella de las mañanas de Onda Cero, donde, además, hace propaganda subliminal de los productos que comercializa.

Con la inestimable colaboración de la canallesca caverna mediática – su principal exponente, Libertad Digital, propiedad de Jiménez Losantos, recibió una inyección de nada menos que 400.000 euros, a través de una compra de acciones que hizo ¡qué casualidad!, la mujer de Bárcenas, Rosalía Iglesias. También contó el PP con las tácticas y maniobras diseñadas desde su dirección por gente como Gabriel Elorriaga, que aconsejaba, para hacer crecer la abstención que tanto les beneficiaría, centrar la estrategia en ‘desalentar a los votantes socialistas. Sabemos que ellos nunca nos votaran. Pero si podemos sembrar suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y las cuestiones nacionalistas, entonces quizás se queden en casa’. Con esas artimañas, falacias y dinero a espuertas para la campaña electoral, el PP tenía todo preparado para llevar a Raxoi a La Moncloa.

Después de casi siete años machacando con la idea que Zapatero era un presidente nefasto, y que todo cuanto ocurría era por su causa –incluida la crisis internacional y la crisis del ladrillo, originada por la política urbanística de los tiempos de Aznar, y en las comunidades donde gobierna el PP desde ha lustros- solo tenía que prometer hacer lo contrario de lo que había hecho el Gobierno socialista y no gustó a su electorado: Aseguró que no iba a dar un euro a los bancos –para luego vender el país a la UE y al FMI para rescatarlos, haciendo caer la deuda sobre los más débiles de los ciudadanos-, prometió crear empleo en cuanto atravesase el dintel de la puerta de La Moncloa, y mucho ágrafo lo creyó a pies juntillas, aunque nunca en la historia de este país se alcanzó la tenebrosa tasa del 27% de paro, dio su palabra de que no tocaría ni la Sanidad ni la Educación y la vista está su política en ambas cuestiones.

Para hacer llegar su falaz programa a un electorado ingenuo,  y previamente manipulado por medios de comunicación a su servicio, llevó a cabo una campaña electoral en la que no hubo que restringir gastos, contaba el PP con más dinero que ninguna otra formación, gracias a las donaciones ilegales, esas que provenían de contratos y prebendas concedidas a grandes promotoras y constructoras de obra pública, que se lucraron generosamente del dinero hurtado al erario.

De ese modo, con manipulación mediática, falacias, promesas que sabía que incumpliría, el PP y Mariano Raxoi se hicieron con el poder, dando un golpe de Estado en la urnas, burlándose de un electorado al que, previamente, habían esquilmado el dinero público, para engañarlo.

Al haber llegado al poder robando, mintiendo y manipulando, este Gobierno y su Presidente, Mariano Raxoi Brei, están incapacitados para gobernar. Tendrían que ser inhabilitados de por vida, para que no se acerquen nunca mas a los aledaños de la política, de ser este un país democrático, y un pueblo con dignidad.

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Comentarios

  1. Antonio Martín López19 de agosto de 2013, 11:24

    Magnífico análisis.
    Quizás habría que profundizar un paso más respecto a lo que atribuyes a "fallos" de Zapatero. A mi entender ZP fue forzado a esos fallos (muy posiblemente él era muy consciente de esas limitaciones). Lo que quiero decir es que aunque en su origen: Bernstein y otros no tuviesen la intención de doblegarse a las exigencias del CAPITALISMO, cosa que tampoco puedo afirmar de forma categórica, en el devenir histórico la cuestión ha cambiado y parece obvio que la SOCIALDEMOCRACIA EUROPEA ha pactado unos límites en sus aspiraciones máximas con los poderes fácticos del capitalismo.
    Lo anterior no implica tampoco que esa situación ya es irreversible pero evidentemente si no se plantea y los partidos socialdemócratas no priorizan como objetivo estratégico revertir esa situación no habrá nada que hacer. En este último supuesto es evidente que las clases medias y sobre todo la clase trabajadora deberá de abandonar a los partidos socialdemócratas y crear otras formaciones políticas que defiendan sus auténticos intereses.

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