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CEOE: La confederación de empresarios más reaccionaria de Europa no quiere trabajadores, quiere esclavos.

El gran drama que sufre Europa en estos momentos, y muy principalmente este triste país, está en la mediocridad de sus dirigentes, cuando no, en una cerrilidad retrógrada que está llevando al desastre a todos los países miembros, sobre todo al nuestro, en el que la falta de imaginación y valentía para buscar soluciones a la crisis, hay que sumar una corrupción sistémica que convierte en un lodazal de inmoralidades a partidos políticos –muy especialmente al PP, que sustenta al Gobierno de la nación- y asociaciones de todo tipo, entre las que cabe señalar la patronal CEOE, a causa de la indecencia de algunos de sus exdirigentes, uno de ellos, Gerardo Díaz Ferrán, encarcelado por fuga de capitales y otros delitos fiscales, y otro, Arturo Fernández, investigado por fraude a la Seguridad Social, pago de salarios en negro y otros abusos contra los trabajadores.

En la actualidad la CEOE está presidida por Juan Rosell, que fue presidente de empresas como el fabricante de juguetes Congost, Enher, Fuerzas Eléctricas de Catalunya  y OMB, Sistemas de Higiene Urbana. Fue, igualmente, consejero de la consultoría informática Fihoca, Inmobiliaria Colonial, Siemens España, Endesa Italia, Endesa, Applus Servicios tecnológicos, Aguas de Barcelona y Port Aventura. En 1995 sustituyó a Antoni Algueró como presidente de Fomento del Trabajo Nacional, la patronal catalana, cargo en el que se mantuvo hasta el 14 de marzo de 2011. Es también patrono de la Fundación del FC Barcelona y miembro del consejo de administración de Criteria Caixa Corp.

Este caballero, que en su día quiso ser periodista, para luego centrarse en los estudios de Ingeniería Industrial y que cursó, sin llegar a terminarlos, estudios de Ciencias Políticas, no responde con su trayectoria a lo que el DRAE define como empresario, que señala que el que tiene tal condición es aquel que por concesión o por contrata ejecuta una obra o explota un servicio público. Así mismo, explica el diccionario de la lengua en su segunda acepción, que empresario es aquel que ‘abre al público y explota un espectáculo o diversión’, o el patrono que emplea obreros, o bien quien es titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa. Esta última acepción podría ajustarse a su cometido hace algunos años, aunque no en el presente, porque el único trabajo que lleva a cabo es el de hablar por no callar, como presidente de la CEOE, y trasmitir el pensamiento de un empresariado esclavista y mediocre que no tienen parangón sino con el de los países más subdesarrollados del continente asiático, como esos a los que recurren empresarios del tipo del millonario propietario de Inditex o su fallecida esposa, Amancio Ortega y Rosalía Mera, ambos precursores y paradigmas de la deslocalización de la industria española.

Porque el señor Rosell, don Juan, se descolgaba, en sus últimas declaraciones hasta el momento, con unas palabras en las que expresaba la necesidad de ‘quitar privilegios a los trabajadores con contratos indefinidos’. Lo primero que llama la atención del discurso del presidente de la CEOE es su uso de la semántica: calificar de ‘privilegios’ lo que son derechos laborales da idea de su respeto por lo que han sido logros de la clase trabajadora, conseguidos a lo largo de siglo y medio con innumerables sacrificios que costaron vidas en muchas ocasiones. Además, con sus palabras, que luego ha querido aclarar, puso de manifiesto, aún más, su carácter de negrero, y los propósitos del empresariado de este país, que tiene sometido al actual Gobierno porque compró su voluntad con generosas dádivas para poder realizar tramposas campañas electorales, y recibir ‘sobres sueldos'. 

Después de que sus declaraciones fueran recibidas con críticas, no solo por parte de las centrales sindicales autóctonas, sino por la OIT –Organización Internacional del Trabajo-, que advirtió a los empresarios y al Ejecutivo de Raxoi, que el convenio 175 de la organización establece "claramente" que la conversión de un contrato de tiempo completo a tiempo parcial sólo se puede hacer 'con la voluntad de los trabajadores’, Rosell se sintió obligado a aclarar que lo que desea el empresariado es ‘la hiperflexibilidad en las contrataciones’ que, dicho en román paladino, significa abrir la puerta a todo tipo de contratos abusivos y salarios de miseria, que no respeten ni los vestigios de derechos que aún puedan quedar en la legislación laboral, abrasada por un Gobierno al servicio de la oligarquía. Y cómo este país, de empresarios abusivos y gobiernos pusilánimes con los capitalistas, no firmó nunca el convenio al que alude la OIT, los empresarios no se sienten obligados a cumplir con los preceptos que casi todos los países de la UE respetan.  

El codicioso empresariado patrio, ávido de rebajar salarios a niveles de pobreza extrema, sin reparar en que con ello llevan al país a la ruina, interesados únicamente en sus beneficios, es por el contrario uno de los que mayores retribuciones tiene en la UE, si se atiende a que, según un informe realizado por The Economist, tras analizar datos de la Federación Europea de Empleadores, España ocupa la cuarta posición en el ránking de los países europeos con la brecha salarial más pronunciada. Por delante quedan los que pertenecieron a la antigua Unión Soviética como Rumanía, Ucrania y Rusia, donde las diferencias entre trabajadores y directivos son enormes, pese a lo reducido de los sueldos. Así, un empleado medio rumano debe trabajar 13 días para cobrar lo que su jefe en una hora, mientras que en el caso de los empleados ucranianos y rusos esa cifra se sitúa en 11 días. En España, un empleado medio de cualquier gran compañía, tuvo que trabajar el pasado año toda una semana para igualar la cifra obtenida por su consejero delegado en apenas una hora: 594 euros de media.

Esas abismales cifras entre los salarios de los trabajadores y los directivos alcanzan índices que deberían revolver el ánimo de cualquier ser civilizado, si se tiene en cuenta que la brecha salarial de este país supone que el sueldo anual de un consejero delegado multiplica por 127 el de un trabajador medio, colocándolo en uno de los casos más extremos en el entorno europeo, que lo sitúa entre los cinco del mundo con mayor desigualdad salarial. Por el contrario, los países con mayor índice de desarrollo destacan por tener la brecha salarial más baja, no sólo entre trabajadores y altos directivos sino también entre los empleados de rango medio y bajo, donde la diferencia es mínima. Por ejemplo en Noruega, un empleado medio sólo necesita dos días de trabajo para cobrar lo que un alto directivo en una hora; un trabajador de rango inferior necesita solo un día más.

Solo un país europeo, que no está integrado en la UE, Suiza, ha puesto coto a esas desigualdades abismales, después de aprobar en un referéndum, limitar por ley las remuneraciones e indemnizaciones de los ejecutivos. La idea la puso en marcha un empresario de esa nacionalidad, Thomas Minder, afectado por la quiebra de la compañía aérea helvética, Swissair, que inició una campaña en solitario a la que posteriormente se sumaría el número suficiente de personas para celebrar una consulta popular que contó con el apoyo del 67.9 de los votantes. Minder expresó tras el referéndum que, “Europa tiene miedo al voto popular y a la democracia directa. Cuando la democracia muestra su verdadero poder da mucho miedo, porque prueba que la política se puede hacer a favor del pueblo, y no en su contra. A menudo pienso que la principal exportación de Suiza al mundo tendría que ser nuestra democracia directa. Si no queremos que se incendien las calles de Europa, tenemos que devolver el poder a los pueblos”. Efectivamente,  en Europa le tienen miedo a ese modelo de democracia participativa, porque sin duda, de ser consultados los ciudadanos, tirarían por tierra la mayoría de las decisiones tomadas por los gobernantes de la UE y de los estados miembros.

A la iniciativa de Minder se sumó posteriormente la de un joven político socialista, David Roth, que quiere sacar adelante la propuesta 1:12, consistente en que ningún directivo cobre en un mes más que un empleado en un año. La patronal y las grandes empresas helvéticas no ocultan su nerviosismo ante lo que consideran un nuevo ataque a su política salarial. La llamada iniciativa Minder, que condiciona decisiones sobre bonus y otros complementos multimillonarios que disfrutan los directivos al aval de los accionistas, ya fue respaldada por los 26 cantones y está pendiente de su plasmación en un texto legal. La propuesta de Roth es aún más contundente, sobre todo si se tiene en cuenta que la relación entre lo que cobra el ejecutivo mejor pagado y el empleado con más baja remuneración supera con holgura el 100 a 1. Más allá de las fronteras suizas, la clase empresarial europea empieza a sentirse igualmente preocupada. Sabe que, en momentos de crisis, la onda expansiva de la bomba Roth corre el riesgo de propagarse sin excesivos frenos.

No estaría de más que los políticos de izquierdas de este país hicieran suya la iniciativa de Roth, y la incluyeran en su programa, a la vez que se planteasen modificar la Constitución para dar cabida en ella a un sistema como el suizo, que sistemática y frecuentemente consulta a los ciudadanos los proyectos gubernamentales.

Sería la única manera de poner freno a las pretensiones de uno de los empresariados más retrógrados y abusivos de la UE, y a las de un Gobierno hipotecado a sus deseos por el mucho dinero que recibió de él.  


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