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Silencios contra la democracia: El del director de El Mundo y el Mariano Rajoy

Hay silencios capaces de matar una democracia. Y en ello están los implicados en el caso de la financiación del PP, los papeles de Bárcenas, sus confidencias al director de El Mundo y la negativa del partido en el Gobierno, que se opone a que el Parlamento sea informado por parte del Presidente, Mariano Raxoi, de todo cuanto se va sabiendo sobre las cuentas del PP y de las que se obcecan en no dar explicaciones.

Cuando esta mañana, el director de El Mundo declaró ante el juez Ruz, durante más de dos horas –y dan para mucho dos horas de conversación-, se negó a dar el nombre de un empresario que quiso, y seguramente logró, entrevistarse con Raxoi para hacerle saber que iba a entregar la nada despreciable cantidad de 300.000 euros, cincuenta millones de las añoradas pesetas. Si Pedro J., más conocido por muchos en la profesión como Pedro Jeta, por su falta de ética profesional, fuese un periodista honrado, habría dado al juez el nombre de tal empresario, porque de conocerlo podría deducirse hasta qué punto el PP, y sobre todo el Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, legisla al dictado de los donantes de su partido. Porque es obvio que nadie se desprende de esa cantidad de dinero por una mera simpatía ideológica, y mucho menos personal. Que quería, o qué logró, ese empresario con su abultada donación es algo que los ciudadanos tendrían derecho a saber.

Mas está claro que Pedro J. Ramírez –Pedro Jeta para sus detractores- es un hombre del PP, que debe estar calibrando cuidadosamente qué desvela de los secretos transmitidos por Bárcenas, y qué no debe contar para no volver en contra del partido de sus amores a la ciudadanía. También hay que tener en cuenta que el director del Inmundo, conspirador por naturaleza, nunca ha sido muy amigo de Raxoi, porque siempre puso sus simpatías en Esperanza Aguirre, la lideresa madrileña, que por mucho que celebre ruedas de prensa en las que exige transparencia y asunción de responsabilidades, está igualmente manchada por la financiación ilegal de su partido, esa no presunta, sino comprobada por la Fiscalía y los informes de la policía, aunque el delito haya prescrito, por lo que sus propios correligionarios del Gobierno han tenido que recordárselo para hacerla callar.

Aunque aquí quien tendría que hablar, de ser este país una democracia - frase repetida con frecuencia en este blog, pero que dolorosamente hay que reiterar-, es el Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, que se niega a dar explicaciones en sede parlamentaria en lo que la oposición ya ha calificado, con razón, como de ‘secuestro a la democracia’. El rodillo del PP ha servido para acallar a los portavoces de los grupos parlamentarios, con el argumento falaz de que estamos en un estado de derecho y no en un estado de sospecha. Si de verdad fuera un Estado de Derecho se respetarían los de los ciudadanos, el de conocer las cuentas de un partido del que, según los datos conocidos de su contabilidad B, lleva veinte años jugando con ventaja en las campañas electorales y sometido, a cambio de dinero, a la voluntad de los poderes oligárquicos del dinero.

Que Raxoi tema hablar tiene su lógica, desde el punto de vista de su postura de aferrarse al poder. Porque diga lo que diga, en una democracia tendría que presentar la dimisión en cualquier caso. Si asume que el extesorero dice la verdad, y el PP se ha estado financiando opaca e ilegalmente durante veinte años y él, además, recibió sobresueldos, no tendría más remedio que irse a su casa, o mejor, meterse debajo de las piedras de una de las pallozas de su bonita terra galega. Si por el contrario comparece en sede parlamentaria, negándolo todo y posteriormente se demuestra en sede judicial que mintió, igualmente debería abandonar un poder que tantos años le costó alcanzar.

Esas han de ser las razones por las que hoy el PP ha aplicado el rodillo de su mayoría, para negarle a la oposición en pleno la comparecencia de Raxoi en el Parlamento, causando la indignación del resto de grupos políticos, que han acusado al que sustenta al Gobierno, y con razón, de tener secuestrada la democracia. Aunque, con su habitual filibusterismo el PP argumentó su negativa al expresar, por boca de su portavoz, Alfonso Alonso, que ‘estamos en un Estado de Derecho y no en un estado de sospecha’. Y precisamente es lo que no es, un Estado de Derecho, porque de serlo, el Ejecutivo daría a los parlamentarios, y por ello a toda la ciudadanía, cumplidas explicaciones de todo cuanto es preciso conocer de sus cuentas, su financiación y el uso que, durante veinte años, dieron a un dinero obtenido a base de donaciones al margen de la legalidad.

Aunque, posiblemente, si diera esas explicaciones después tendría que dimitir, como suele suceder en los países civilizados, cuando un Primer Ministro se ve envuelto en un asunto escandaloso. Lo hizo recientemente el luxemburgués Jean Claude Jucker por un asunto de espionaje y malversación de fondos públicos en los servicios secretos de ese país.

Mas este no es un país civilizado y su funcionamiento parlamentario se viene pareciendo muy poco al del resto de países civilizados, desde que el PP ganó las elecciones gobierna por decreto y se niega a dar explicaciones sobre su financiación que, de hacerlo, pondría al descubierto las trampas que ha venido llevando a cabo para ganar elecciones de forma ventajista, desde hace veinte años. 

Tiempo que coincide, y es conveniente recordarlo, con la época en la que Aznar y su partido se presentaban como adalides de la honestidad frente a lo que calificaban de ‘tremenda corrupción del PSOE’, que la hubo, sin duda, pero que, si la comparamos con lo que se está descubriendo del PP no fue sino calderilla. Circunstancia que no lo exonera éticamente, porque robar dinero público, aunque de un solo euro se trate, ha de inhabilitar a cualquier individuo o partido para la política. Como deberían estarlo ya en estos momentos los políticos del PP y su Gobierno, de haber decencia política y dignidad ciudadana.

Aún le queda un cartucho a la oposición para forzar la presencia de Raxoi, una moción de censura que no ganaría, pero que obligaría al Presidente del Gobierno a comparecer ante el Parlamento. Tendría que ser el PSOE, como partido mayoritario quien lo hiciera, y dicen los rumores que se lo está planteando. Mas con los problemas internos, la falta de liderazgo y la pasividad de Rubalcaba en este asunto, esa moción de censura se hace difícil. 

Lo que sería una razón más para que el partido mayoritario de la oposición se ponga las pilas, deje sus problemas internos de lado, y haga lo que tiene que hacer para servir decentemente a la ciudadanía. En ese caso, hasta podría recuperar parte del favor perdido por parte de un pueblo cansado de sus luchas internas y las equivocaciones cometidas cuando gobernaba.


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