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Rajoy se pavonea ante la UE: El silencio del pueblo se lo permite

El juez Ruz, cuya continuidad en la Audiencia Nacional está empezando a cuestionarse en el intento de acabar con el caso Gürtel-Bárcenas-PP,  parece que está decidido a, mientras tenga responsabilidad sobre el caso, apretar las tuercas al PP, dado que hoy mismo ha preguntado a la Fiscalía si debe llamar a declarar a Raxoi, e inquirido a Hacienda sobre si el PP y Raxoi cometieron delitos fiscales. Si Ruz trabajase rápidamente hasta la fecha en la que debe dejar el puesto al titular de la plaza –miembro de Jueces para la Democracia, pero muy vinculado al Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón-y es capaz de cerrar la instrucción antes de esa fecha, estaríamos ante un viaje sin retorno, un ‘caso tangentópolis’ a la española que podría dar fin, no solo a la corrupción del PP, sino a un deficiente sistema pseudodemocrático.

A la par, la ciudadanía de este país debería tomar conciencia de que no puede seguir tolerando vivir bajo un estado de anormalidad democrática, en la que por mucho que se llame de tal manera el régimen que tenemos, y sufrimos, no es sino una continuidad de la dictadura franquista que, no es que se hiciese el harakiri como nos hicieron creer durante la Transición, sino que cambió los uniformes militares por corbatas de seda natural, trajes de cinco mil euros y zapatos italianos.

Aquella dictadura transformada en pseudodemocracia, y dirigida, al fin y a la postre, por los mismos jerarcas del régimen fascista, o sus hijos, reconvertidos en miembros de un partido supuestamente democrático, con el mismo ideario, el mismo desprecio por la ciudadanía, la misma capacidad de latrocinio, similar concepto de propiedad del país, que siempre creyeron, y siguen creyendo, su finca particular, ha procurado a lo largo de todos los años transcurridos desde la muerte –en la cama-del dictador que el pueblo siguiera sumergido en la ignorancia y la apatía, en el convencimiento de que los dirigentes son sus amos y no sus servidores. Contaron los sucesores del franquismo, reencarnados en el PP, con la colaboración de un PSOE con complejos, temeroso siempre de molestar a la derecha, sin la contundencia necesaria para desmontar los lobbies de poder franquista, enquistados en la judicatura, la banca, la oligarquía industrial, los nacionalismos de derechas y la muy poderosa secta católica, estamentos contra los que nunca tuvo, el supuesto partido de izquierdas, el coraje de actuar para privarles de su venenoso aguijón ultraderechista.

Con esa historia a las espaldas, el pueblo se encuentra en el presente ante un Gobierno que reprime, roba, manipula y dispone del dinero público a su antojo sin ser capaz de reaccionar como debe hacerlo un pueblo con dignidad, que tolera que el Ejecutivo que, supuestamente, está para servirle actúe como una autarquía. Porque si en este país hubiese democracia la ciudadanía no consentiría que las fuerzas de seguridad –que paga con sus impuestos- la apalease por protestar contra un poder falaz y con evidencias más que constatadas de que, además, es corrupto.    

Lo que se viene conociendo de las ilegalidades económicas del PP es tan solo la punta del iceberg de una conducta ética inadmisible en una democracia. Mas no lo es. ¿Cómo se puede llamar democrático un país cuyo Tribunal Constitucional está presidido por un militante del PP que, a pesar de las criticas de todos los órganos jurídicos cuenta con el cínico apoyo de un Ministro de Justicia que es cualquier cosa antes que justo? ¿Cómo se puede llamar democracia a un régimen en el que a los jueces insobornables que no se someten al poder de un partido de ultraderecha acaban procesados y expulsados de la carrera judicial, como sucedió con Garzón hace el pasado reciente y con Elpidio Silva en el presente, que, seguramente acabará expulsado de la carrera judicial por haber tenido la osadía de encarcelar al amigo de pupitre del Presidente del Gobierno, banquero tramposo y urdidor de fraudes en el seno de su partido? ¿Cómo se puede llamar democracia a un país donde las fiscalías actúan a las órdenes de un Fiscal sometido a las órdenes del Ejecutivo? 

Si en este país la ciudadanía se hiciese esas preguntas y desease vivir en una democracia decente, ayer habría salido a la calle no a millares como salió, sino a cientos de miles, a millones,  clamando mayoritariamente que esta situación es insostenible y que ya no se aguanta un día más. Tristemente la mayoría de la ciudadanía se quedó en su casa, permitiendo que el presidente Raxoi se chulee en  Europa presumiendo de que cuenta con la legitimidad que le dan los votantes para anunciar, que pese a todas las evidencias e, incluso, de algunas recomendaciones llegadas del extranjero, no piensa dimitir, al agarrarse  al clavo ardiendo de una mayoría absoluta que le dieron los ciudadanos hace año y medio.

El silencio de los aborregados ciudadanos, que más parecen súbditos, es el que viene permitiendo al PP todas las ilegalidades que ha cometido y, tristemente, seguirá cometiendo.  Porque cuando una ciudadanía está formada, y es consciente de que sus políticos no son sino servidores de la rex pública, no permiten tales inmundicias éticas. En el Reino Unido, cuando se descubrió que algunos parlamentarios abusaron de los fondos públicos, se produjeron una sucesión de dimisiones, empezando por el Presidente de la Cámara de los Comunes, varios diputados y dos ministros. Las cantidades defraudadas, que en algunos casos no alcanzaron ni los cien euros, fueron devueltas por los defraudadores. Y el partido Laborista en el poder, bajó en intención de voto a menos del 20%, aún cuando los altos cargos descubiertos admitieron su culpa y se retiraron de la vida pública.

Por el contrario, en este país las encuestas de intención de voto siguen dando como ganador al PP, un partido inmerso en el mayor escándalo de corrupción de la democracia, que, además, pone de manifiesto que, a través de su financiación ilegal, burló las reglas del juego democráticas jugando con ventaja. Pese al fraude democrático, el latrocinio, la desfachatez y la desvergüenza, el país no se levanta en armas éticas, no reclama la dimisión inmediata en un clamor. 

Si el PP permanece en el poder, si burla la ley, oprime, roba, abusa y se ríe de la ciudadanía no es solo porque ese partido carezca de ética, de estatura moral, y de sentido democrático. Roba, abusa, reprime y se ríe de todos porque se le consiente, porque la pasividad o la ausencia de ética y dignidad de unos ciudadanos desahogados es lo que permite que esté instalado en todas las instancias del poder un partido que debería estar ya disuelto y proscrito.


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