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Los SMS de la vergüenza: ¿Hasta cuándo abusará Rajoy de la paciencia de todo un país?

Un dato más, una evidencia más, y el PP y su presidente, Mariano Raxoi, siguen enrocados en la mentira, haciendo declaraciones sin sentido que no convencen a nadie. O tal vez a algún seguidor de los medios de la caverna, de esos a los que el PP pagó substanciosas cantidades de dinero, a cambio de que prostituyesen su profesionalidad, si es que son profesionales los que admitieron ser comprados. El líder de la blandita oposición del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, por fin, vuelve a exigir la dimisión del Presidente del Gobierno, porque dice que ‘la situación es insostenible’, obviedad que todo el país sabe es cierta, teniendo en cuenta que cada nuevo dato que conocemos constata la connivencia, amistad, buenas relaciones, o temor, del Presidente del Ejecutivo con el que ahora califican como ‘delincuente’, tras años de buenas relaciones y de promesas de ayuda y protección.

Cuando se leen los MSM que Raxoi dirigió al tesorero, que evidencian que nunca fueron ciertas las aseveraciones de que no existía relación alguna con el correoso Luis Bárcenas –‘El Cabrón’ para sus amigos- se adivina la intención del jefe del Ejecutivo de proteger ante la Justicia al tesorero, de ahí ese ‘Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos. Ánimo’. Si el Presidente del Gobierno, Mariano Raxoi, tuviera dignidad y honestidad, explicaría a la ciudadanía el significado de ese ‘hacemos lo que podemos’. Porque de esas palabras se puede inferir que el Ejecutivo intentó manipular a la Justicia, intervenir para evitar que cayese sobre su extesorero el peso de la ley. Por qué no tuvo éxito es algo que tendrán que explicar en algún momento jueces, Fiscalía General del Estado, o el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. Alguien, en esos estamentos le dijo ‘no’ a las aspiraciones de Mariano Raxoi, que buscaban que Luis Bárcenas pudiese esquivar unas responsabilidades que, cada vez parece más obvio, no son solo suyas.

Y si los silencios de Raxoi son inaceptables, aún en esta pseudodemocracia poco asentada, las declaraciones de su gente resultan tan esperpénticas como estúpidas, porque, además de mover a risa, refleja cómo se autoinculpan ellos mismos. Es lo que hace Carlos Floriano, vicesecretario de Organización que, en una comparecencia pública en la ciudad de Cádiz, dijo que las filtraciones del extesorero son la clara evidencia de un intento de chantaje. La pregunta que se plantea de inmediato es ¿con qué intenta o puede chantajear al PP y a su Presidente, Luis Bárcenas? Porque nadie chantajea a quien nada tiene que ocultar y de nada ha de avergonzarse. Si Bárcenas está intentando chantajear al Ejecutivo, sin duda, es porque el PP tiene mucho que ocultar, desde las buenas relaciones de Raxoi con quien conoce los sobresueldos que de forma ilícita recibía siendo ministro, a la auténtica titularidad de las cuentas en paraísos fiscales que, es de desear, acabe asumiendo que no son suyas sino del partido otrora de sus amores.

Por mucho que el exjuez Gómez de Liaño quiera que Bárcenas guarde silencio para no perjudicar al PP, es muy posible se niegue a, como se dice en ambientes carcelarios, ‘comerse solo el marrón’. Conviene recordar que el ahora letrado de Bárcenas fue expulsado de la carrera judicial por haber asumido una denuncia infumable contra el Grupo Prisa, que le llevó a procesar al director de Sogecable, Jesús de Polanco, Juan Luis Cebrían y todo el Consejo de Administración de la citada empresa. Incluso llegó a dictar orden de detención contra Polanco que, una vez que las resoluciones dictadas por él fueron revocadas por instancias jurídicas superiores, denunció al juez que le sometió a la humillación de meterle en la cárcel. Las duras actuaciones contra el presidente del Grupo Prisa no fueron sino la consecuencia de la venganza personal y la enemiga que profesaba a Polanco todo el PP en general y Aznar en particular. Animadversión que se mantiene en el tiempo, como se ha podido comprobar en las declaraciones y sus demandas contra El País.

Hay que repasar la historia del exjuez para entender que su defensa de Bárcenas pasa por controlar las denuncias del extesorero que, de producirse más tiradas de manta, pueden llevar al Presidente irremediablemente a la dimisión, por mucho que, hasta el momento la esté sorteando pese a las evidencias y las reiteradas exigencias de renuncia que cada día pronuncia una oposición y parte de la ciudadanía, escandalizada por las opacas finanzas del PP, sus más que probable financiación ilegal y el cobro de sobresueldos, contraviniendo la Ley de Incompatibilidades por parte de Raxoi y otros dirigentes de ese partido.

De que Gómez de Liaño consiga el objetivo de hacer callar a Bárcenas depende el futuro de Raxoi y de todo el PP, que, de aclararse todo el entramado financiero, los cobros ilegales, los sobresueldos, su ilícita manera de financiar las campañas electorales, cometiendo un fraude democrático, no es que tuviesen repercusiones legales, que tal vez no, debido a los tempos y prescripciones, sino que llevarían al PP, y a todos sus dirigentes, a un oprobio político que los tendría que llevar a las alcantarillas del poder durante años.

Que Bárcenas tiene la obligación ética de contar cuanto sabe es una obviedad, más la misma lo es decir que el caballero en cuestión carece de ella y que se plegará a cualquier componenda que le ofrezcan, o cualquier chantaje que le hagan, porque ya hay quien habla de amenazas contra el extesorero, pronunciadas por miembros del PP. Tal y como se están desarrollando los acontecimientos nada extrañaría que Bárcenas sufriese un grave accidente, una agresión carcelaria, o una súbita enfermedad mortal. Alguna de esas contingencias, que se dan en las películas de mafiosos, podría producirse porque todo lo que está sucediendo en torno al PP y a Bárcenas es un perfecto argumento para un film de esa temática.

Moviéndose entre el esperpento y la astracanada, los dirigentes del PP, que no saben qué decir, acusan de connivencia con el tesorero a la oposición, asumen que les chantajean y hacen el más absoluto ridículo ante la opinión pública y la prensa internacional. Es muy posible que, si no fuese por el pánico que debe causar a los gobiernos neocon de Europa que la celebración de elecciones en este país pudiera llevar al Gobierno a una coalición de izquierdas, ya habría recibido Raxoi una llamada de Merkel, o de Durao Barroso, exigiéndole que se marche a su casa.

Probablemente, en este momento, las cancillerías europeas estén analizando qué solución puede buscarse al Gobierno del PP para que, sin verse obligado a celebrar elecciones anticipadas, Raxoi se marche a su casa o al infierno, porque los dolores de cabeza que debe estar causando el patético presidente español, objeto de críticas y burlas, pueden acabar dando lugar a consecuencias económicas no deseadas en el seno de la UE.

Inevitablemente, se ponga como se ponga y haga lo que haga el PP, o Raxoi, no le queda ya más salida que la dimisión. Aunque solo sea por su estúpida manera de enfrentarse a los problemas causados por Bárcenas, aun cuando no tuviera nada que ocultar. Cosa ciertamente improbable, según lo que se va conociendo.


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