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Las abultadas cuentas de Bárcenas y las secretas del PP ¿y si no fuera todo del tesorero?

Cuando en sede parlamentaria Alfonso Alonso aseguró, atribuyéndose la portavocía no solo de su partido, ni siquiera de sus votantes, sino del pueblo entero, al proclamar que ‘no hay ningún español que dude de la honestidad del presidente Rajoy’ cabe preguntarse si lo que hizo fue negar la ciudadanía a quienes dudan, efectivamente, de la honestidad del Presidente Mariano Raxoi, o si realmente está tan ciego o es tan necio como para creérselo.

La realidad, sin embargo, es tozuda y las evidencias ponen de manifiesto que ni mucho menos todos los españoles creen en la honestidad del Presidente Raxoi, ni del PP, ni de sus dirigentes, ante la vista de los datos que se conocen día a día sobre la causa que sigue la Audiencia Nacional contra Bárcenas. Según se van descubriendo nuevas y abultadas cuentas a nombre del extesorero no resulta extraviado pensar que tanto dinero es difícil que sea solo propiedad de quien manejó las cuentas del PP ‘con eficacia y honradez’ como no se cansaron de decir los populares cuando negaban con fervor la culpabilidad de Bárcenas.

Tal vez tenga relación con la obstinada actitud del PP, negar en el presente todo lo que dijeron hace unos meses o semanas, su ideología retrógrada. No asumen que existen las hemerotecas y las videotecas, inventos demoniacos que ponen en evidencia la necesidad de que den explicaciones, al menos, por su cambio de actitud hacia el extesorero, al que en principio defendieron con verdadero fervor, y ahora no dudan en llamar ladrón, posiblemente en una convulsa huida hacia delante que no se sabe a qué abismo los llevará a precipitarse.

Al oír y ver la evolución de la postura del PP, cabe preguntarse qué creen que van a conseguir negando a Bárcenas como dicen que hizo Judas con el Cristo, después de tantas muestras de agradecimiento por su trabajo y tanta proclama sobre la honestidad del extesorero ¿Harán lo mismo a la vuelta de unos meses los que ahora proclaman la honestidad a prueba de cualquier contingencia de Mariano Raxoi? Cosas veredes, amigo Sancho, que decía don Quijote.

Si cuando Bárcenas vuelva a declarar ante el juez Ruz, abandonado e insultado por su partido, con su amada esposa en riesgo de verse en prisión por colaboradora necesaria en todas sus ilegalidades, decide de una vez tirar de la manta, ¿qué dirá el PP? ¿qué explicaciones podrá dar un partido al que se está sorprendiendo en no pocos renuncios respecto al extesorero y sus propias cuentas?

Inconscientes de los avances tecnológicos, convencidos por su ideología reaccionaria de que los libros de cuentas y los balances son papeles que se guardan en secretas gavetas de bargueños finamente taraceados, parece que no cayeron en la cuenta de que la informática hace milagros y los hackers expertos pueden bucear en todas partes que interesen. Se negaron a entregar al juez Ruz las cuentas de los años 90-95 aduciendo que no estaban obligados a conservar esos datos al cabo de tanto tiempo y, ahora, la plataforma ciudadana Cuentas Claras los está analizando, con la ayuda de economistas voluntarios, después de que un grupo de Anonymus colgase en la red las cuentas del PP. De lo que se deduce que mintieron al juez y que en esas cuentas hay mucho que ocultar. De ahí, seguramente, su reacción al denunciar al grupo que las hizo públicas, mostrando su faz de enemigos de la transparencia. Una evidencia más de todo lo que se ve obligado a ocultar un partido que, todo lo presuntamente que se esté obligado a considerar, lleva veinte años cometiendo ilegalidades con su financiación.

De momento, Cuentas Claras está analizando la contabilidad de los años 2010-2011, en las que han encontrado datos que les permite asegurar, con cierta retranca, que ‘han demostrado que el PP vive por encima de sus posibilidades’, al detectar gastos tan absurdos como que la sede de Burgos del PP de Castilla y León destinó más de 36.000 euros en 2011 a comprar lotería. Esa cifra es mera calderilla ante el volumen de millones que se están detectando en las cuentas de Bárcenas ¿Cuentas solo de Bárcenas? Con tanta diatriba y tanto encoraginamiento, los dirigentes del PP van a conseguir, incluso, que Bárcenas acabe por resultar simpático. Y sin duda, lo será mucho más el día que tire de la manta y sea capaz de librar a este país del Gobierno de un partido enfangado –presuntamente- en la corrupción y la avaricia desde que fue ‘refundado’ por Aznar.

La actitud desnortada del PP en el Parlamento, lanzándose contra todo y todos porque pidieron la comparecencia de Raxoi tiene mucho de coletazos de un dragón herido, que no sabe contra quién o qué revolverse. Ni la amigable UPyD, el único partido que no abandonó la comisión que estudia la Ley de Transparencia, al considerar el resto una burla y una comedia que se redacte esa ley por parte de un partido que se niega a ser transparente y dar explicaciones, se libró de las andanadas de Alonso en el Congreso. 

Dicen que la profesión va por dentro, y que los dirigentes del PP, en privado,  no ocultan su preocupación. Deben tenerla, porque si no los jueces, o la oposición lo logran, parece que una ciudadanía inquieta está dispuesta a sacar a la luz sus falacias y sus manejos.

La incógnita es qué hará el PP, qué harán los jueces, qué hará, incluso la comunidad internacional, de demostrarse, ya sea a través de las declaraciones de Bárcenas, ya sea del análisis de las cuentas por parte de la plataforma Cuentas Claras, cuando se ponga en limpio toda la red de cobros ilegales, de sobornos de empresarios, de contratos dados a dedo, de toda cuanta ilegalidad parece que ha cometido el PP a lo largo de veinte años para hacerse con el poder de las autonomías y de la nación.

Porque si llega a demostrarse, y es de esperar que se demuestre, que el PP más que como un partido político, ha actuado durante años más como una asociación de malhechores buscando su propio beneficio, es de suponer que ni siquiera la pasividad de los súbditos que no reaccionan a los latrocinios, una judicatura temerosa y complaciente en muchas ocasiones, y unos abogados temerosos de dañar al partido en el Gobierno, les salve de tener que abandonar el poder con las orejas gachas.

Sería una saludable cura democrática, necesaria para que este país recobre la confianza en un sistema que, hasta el presente y desde la muerte del dictador, no ha sido sino una pantomima, la puesta en escena del ‘que todo cambie para que todo siga igual’. Y ya va siendo hora, al cabo de casi cuarenta años desde la muerte del dictador, de que los ciudadanos tomen las riendas del poder, y mande a hacer puñetas a quienes disfrazaron un sistema para perpetuarlo.

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