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La penosa reunión de Rajoy con los corresponsales extranjeros y los escándalos de los que no se habla fuera

Don Mariano Raxoi Brei se reunió ayer, en el Palacio de la Moncloa, con los corresponsales de medios extranjeros acreditados en Madrid. Don Mariano -que si fuese, como sin duda le gustaría, un monarca medieval llevaría el sobrenombre de ‘El Escondido’, més mut que un anèc del Penedès, esquivo ante la sede de la soberanía nacional, que dicen es el Parlamento, y que huyó delas preguntas incómodas en su última rueda de prensa-, en un vano intento de manipular a los corresponsales extranjeros del mismo modo que lo hace con la prensa española, acobardada siempre ante el poder, quiso leer la cartilla, o imponer consignas, a los representantes de medios europeos, en estos tiempos en los que la prensa informa a diario de nuevos y fétidos escándalos en cada edición.

La noticia ha pasado un tanto desapercibida, quizá porque la mayoría de medios, ofendidos con el desprecio que supone no atenderlos a ellos, decidieron minimizar el encuentro, con un torpe sentido de la venganza. Porque, pocas cosas ponen en evidencia la estupidez del Ejecutivo, como esa reunión con los corresponsales extranjeros que, tras años trabajando en este país, ya conocen bien las maneras de los políticos españoles, muy alejadas de la las prácticas democráticas de los países civilizados, donde el noble oficio del periodismo representa el cuarto poder, no como aquí, en el que los periodistas somos considerados meros servidores de la clase dirigente, que cree que tenemos la obligación de informar a su dictado.

Dicen desde Moncloa que la intención era la de transmitir a la prensa extranjera la idea de que el Ejecutivo español no cede a los chantajes y seguirá trabajando para salir de la crisis. El mensaje no debió ser muy eficaz, porque los corresponsales no parece que hayan cambiado sus criterios sobre lo que cuentan del Gobierno de Raxoi. Así el rotativo británico The Guardian, después de afirmar que ‘nadie espera que Rajoy dimita en un país en el que nadie renuncia por cuestiones éticas’, señala que “sólo una acusación directa provocaría un cambio en el juego, y eso es lo que Luis Bárcenas se ha propuesto conseguir con sus declaraciones en lo que promete ser el último combate político entre la ira y el silencio" para terminar sentenciando que este es el "lamentable estado en el que se encuentra la política española: la venganza personal parece haberse convertido en el único medio disponible para la rendición de cuentas".

The Guardian no ha sido el único medio crítico con el Gobierno de Raxoi. Ayer mismo, el Financial Times lanzaba duras críticas a Raxoi por su silencio y por ser el culpable de no haber eliminado la escandalosa financiación de su partido. No hay día en el que algún medio europeo no se fije en nuestro país, porque, además de ver con perplejidad la pasividad ante hechos delictivos y escandalosos, se sienten preocupados por el hecho de que si el Gobierno español no cuenta con el apoyo de la ciudadanía ‘no podrá llevar adelante las reformas necesarias para reforzar la economía española y estabilizar la Eurozona’. Error de bulto del autor del artículo, que no debe conocer las peculiaridades de este país, donde la democracia es solo una palabra y al Gobierno le importa un ardite lo que piense su pueblo, dado que se considera legitimado para llevar a cabo cuanta decisión le apetezca, no se sabe si por su mayoría absoluta –obtenida con trampas-, o porque se cree ungido por ‘la gracia de Dios’, como su admirado dictador Franco.

Los corresponsales extranjeros no deben ser muy laboriosos, porque de poner un poco de interés en su trabajo, si transmitieran todo lo que puede escandalizar a cualquier demócrata,  posiblemente harían que Europa tomase conciencia de que este país, miembro de la UE, es gobernado cual república bananera o dictadura facistoide.

¿Se habrán enterado esos corresponsales a los que Raxoi no ha conseguido convencer con sus mantras de responsabilidad y negativa al chantaje, de que este Gobierno además de corrupto es tramposo? ¿Qué, si no una trampa,  es colocar a la cabeza del Tribunal Constitucional, el órgano que se supone garante del estricto cumplimiento de la ley de leyes, a un hombre de su partido que, además, mintió al Parlamento? En cualquiera de los países miembros de la UE habrían dimitido el nombrado y el nombrador. Pero ya lo dice The Guardian, en este país nadie dimite por razones éticas.

Si los corresponsales extranjeros pusieran un poco de interés por el país en el que trabajan, tendrían la obligación de contar las muchas miserias, injusticias y represiones a las que se ven sometidos los ciudadanos de un supuesto régimen democrático, donde las fuerzas de seguridad son capaces de dejar en coma a una mujer durante meses a consecuencia de sus brutales golpes, o hacer que dos manifestantes pierdan uno de sus ojos por el uso de armas que deberían estar proscritas, o que, a pesar de desatender a los más débiles de la sociedad, el Ejecutivo dona millones de euros a la secta católica, o que reparte, sin exigir contraprestación alguna, otros tantos miles de millones a una banca codiciosa y nada colaboradora a la hora de salir de la crisis.

¿Sabrían esos corresponsales extranjeros que ahora se sorprenden del silencio de Raxoi, de su desprecio por los profesionales de la comunicación que no son ‘afectos al régimen’, de la manipulación partidista de los medios públicos,  de que, a pesar del derroche de millones que se conceden a entidades que no tendrían derecho a recibir ni un céntimo de euro, el más importante centro de investigación de este país, el CSIC, está a punto de cerrar porque el Ejecutivo, que desprecia la ciencia tanto como la cultura, y al que solo le interesa una recuperación económica que pase por el turismo y los casinos del gánster Adelson, le niega los fondos necesarios para seguir con su trabajo?

Tendrían, de ser observadores esos corresponsales extranjeros, que contar a sus lectores que este Gobierno, desoyendo las indicaciones de la UE, ha hecho desaparecer la asignatura de EpC, cambiándola por una asignatura de sectarismo religioso, a la par que acabó con la Educación Pública en beneficio de la religiosa, convirtiendo a un país miembro de la UE en un epígono de las dictaduras teocráticas musulmanas que tanto critican.

Deberían esos corresponsales estar enterados de que los escándalos en este país no se limitan solo a la financiación ilegal del PP o los sms cruzados entre Raxoi y un presunto delincuente, o los sobresueldos ilegales que cobraban sus ministros.  Escándalos, en este país los hay de toda categoría y a cada cual más indignante.


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