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La manifestación que nunca existió o el silencio interesado de la prensa.

Las 'cien personas' de la manifestación del viernes 26
El viernes pasado tuvieron lugar, en numerosas ciudades de España, manifestaciones exigiendo la dimisión de un Gobierno del que cada día la prensa da cuenta de su evidente desprecio democrático y su más que evidentes actos corruptos. La noticia de esas manifestaciones, convocadas por diversas plataformas ciudadanas, fue casi inexistente. Ninguna de las grandes cabeceras, ya fuesen de papel o digitales, tuvieron a bien dar cuenta de una protesta en la que la ciudadanía proclamó su hartazgo por un Ejecutivo, y un partido, que lleva engañándole desde la campaña electoral, y robándole desde hace más de veinte años. Si las manifestaciones hubieran contando con millones de participantes, obviamente, la prensa no habría tenido más remedio que informar, pero como solo congregaron a unos miles de personas, los medios ignoraron la protesta, aunque, de otras manifestaciones ciudadanas sí dieron cuenta en el pasado. Según les conviniera.

Los escasos periódicos que atendieron la noticia, un digital madrileño, Madridpress.com, y El Economista.com, publicación del ámbito del diario El Mundo, dedicaron unas líneas al acontecimiento, señalando, eso sí, que en la manifestación apenas participó ‘un centenar de personas’, cuantificación que, es evidente, se quedó muy lejos de la realidad si se tiene en cuenta la fotografía que un anónimo ciudadano colgó de la red Facebook, en la que se puede ver claramente que la gente que se agolpa frente a la sede del Gobierno Regional de Madrid, antigua Dirección General de Seguridad de siniestro recuerdo, es mucha más que el centenar que atribuyen esos medios.

¿Por qué la prensa ignoró casi en su totalidad –ni un solo informativo televisivo le dedicó ni unos segundos- la protesta de ciudadanos deseosos de mostrar su hartazgo contra un Gobierno, como el presidido por Mariano Raxoi, que además de recortar derechos y libertades, viene convirtiendo un país supuestamente democrático en una república bananera, con su parcialidad, su beatería, su desprecio a la clase media o trabajadora y que solo pone sus esfuerzos en la consecución de negocios para su propio lucro, o el de sus afines, o en la implantación de un modelo de sociedad que nos retrotrae a los años sesenta?

Por una parte la prensa, que tiene el absurdo criterio de fijarse tan solo en una noticia, y se agarra a ella cual perro de presa, estaba dedicada en cuerpo y alma al accidente ferroviario ocurrido en Santiago de Compostela, obsesionada en dar, hasta el morbo, cualquier detalle del siniestro. Por otro lado, es frecuente que en los consejos de dirección que se celebran a cada inicio de jornada, los redactores jefes se dejaran llevar por el dramático accidente y no escucharan a los redactores que insinuaran que esa tarde habría una manifestación para pedir la dimisión de Raxoi. Es muy posible que, ante la propuesta de cualquier redactor o gráfico  decidido a acudir a cubrir la manifestación, los redactores jefes se negaran, aduciendo que lo importante era el accidente.

Mas también puede haber tras el abandono de la información sobre las protestas ciudadanas el criterio de que ‘como ya ha habido muchas no es noticia’, o que, sirviendo a sus amos, descartaran esa información para no transmitir la voz de un pueblo que cada día se fía menos de sus políticos, y considera que la única salida para la actual situación de podredumbre y degeneración de la política está en la celebración de elecciones generales y un posterior periodo constituyente, en el que sean nuevos representantes de los ciudadanos, no comprometidos con el actual sistema, los que elaboren una ley de leyes que responda a las necesidades del pueblo y no a las de los especuladores, la UE o la oligarquía.

Porque los medios, todos ellos en poder del capital financiero, podrán dar cuenta de los escándalos de corrupción, podrán apostar por la dimisión de Raxoi, o incluso por la celebración de nuevas elecciones, siempre y cuando los actores de la comedia, o del drama, sean los mismos de siempre y no se aventuren en ningún caso a poner patas arriba el actual sistema pseudodemocrático en el que todos pierden menos los poderosos.

En esa tesitura prefieren dar cuenta hasta lo exhaustivo de un accidente mortal, o del viaje del Papa Francisco,  que crea en los ingenuos la expectativa de que el nuevo pope de la secta católica es un avanzado progresista, cuando lo único que está haciendo la cabeza visible de la iglesia romana, es adecuar su marketing a los tiempos actuales; porque si algo sabe empresa tan exitosa como haber permanecido cerca de veinte siglos en el negocio es buscar con éxito a los sectores de población que les permita tener mayores dividendos.  

Del mismo modo nos entretiene dándonos con cuentagotas detalles de la declaración de Bárcenas –con la que cuentan en su totalidad los medios desde el mismo día de su deposición ante el juez Ruz- con la intención de ir soltando poco a poco los detalles del latrocinio y la corrupción porque, de ofrecerlos de golpe, darían lugar a una explosión ciudadana.

Nos entretiene con asuntos como las declaraciones de descerebrados machistas, líderes religiosos, tanto da que sean católicos o musulmanes, que cifran su obsesión en reprimir a las mujeres, en insultarlas y cómo no, en el sexo que no practican sanamente. Así primero nos dieron cuenta de las palabras de un dirigente musulmán que considera que es ‘fornicación’ –tener sexo fuera del matrimonio como especifica el DRAE-, depilarse las cejas, ponerse perfume o usar tacones. Luego nos obsequiaron con las buotades de clérigos católicos que comparten obsesiones y enemigas con los musulmanes, como las de Carlos Amigo, exarzobispo de Sevilla, que cargó contra la tolerancia con el aborto, contra los matrimonios homosexuales, el divorcio exprés y la fea costumbre, según considera, de que los jóvenes ya no pasen por la vicaría a la hora de plantearse la vida en común. Tampoco se quedó atrás el obispo de San Feliu que, igual de reaccionario que los imanes musulmanes, se manifestó contrario al aborto negando a las mujeres su capacidad para decidir sobre el embarazo porque, el ilustre varón, considera que ‘los fetos no son una parte del cuerpo de la madre’; ya se sabe que para la secta católica las mujeres no somos personas sino receptáculos para criar fetos.

La prensa dedica espacio e interés a cubrir esas ‘curiosidades’ en el convencimiento de que no harán que nadie se eche a la calle; entretienen y no tienen trascendencia, que es lo que buscan quienes quieren una sociedad adormecida y nada reivindicativa. Los medios, en poder de grandes corporaciones, que a su vez dependen de inversoras financieras, no solo buscan la rentabilidad, sino también la manipulación que está matando al periodismo.

Aunque este, o los profesionales expulsados de los medios al uso, buscan desesperadamente alternativas, en el convencimiento de que sin información no hay democracia. Porque es evidente que los que acallan la información están detrás del interés en acabar con la escasa democracia de la que aún disponemos. Que cada día es más escasa.

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