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Hurto de derechos, pérdida de libertades: Hay que hacer algo ¡ya!

Un grupo de juristas, intelectuales y artistas –entre los que se encuentran Baltasar Garzón, Jiménez Villarejo, Federico Mayor Zaragoza, José María Izquierdo, Josep Ramoneda o Rosa María Calaf, entre otros- han presentado un manifiesto por una alternativa política y social que ponga fin a la actual situación de pérdida de derechos y libertades, ya que consideran que es necesario involucrarse ‘con la verdad, la justicia, los derechos cívicos, la defensa de las víctimas y la reparación que merecen y combatir la involución democrática que se agranda cada día en España de la mano del Partido Popular, la extrema derecha creciente y la jerarquía católica más reaccionaria’.`

No les falta razón a los firmantes de ese manifiesto, que invita a la ciudadanía a que se comprometa de forma responsable ‘en la construcción de una alternativa política y social basada en los principios de igualdad real, participación, diversidad, pluralidad y defensa de los derechos humanos’. En el último año y medio, justamente el tiempo que el PP lleva en el poder, la percepción de la gente de la calle es que se viene sufriendo una regresión democrática. Sensación que no es una mera impresión de unos pocos, sino de una realidad que se palpa en cualquier manifestación de la vida pública. Los indicios de que se camina hacia un sistema menos democrático no solo lo marcan los recortes de derechos como la sanidad y la educación, que también, sino toda una confluencia de circunstancias que hace que muchas personas sientan que aunque de nombre, en este país no se goza de un sistema democrático, sino de otra cosa que nadie se atreve de definir.  

Si bien es cierto que este país nunca hubo una democracia plena, la sensación de que en el presente lo que había está devaluado, es algo que no escapa a la mayoría de ciudadanos que ven, no solo como se recortan sus derechos sociales, sino y también, como se limitan sus libertades. Resulta evidente que es difícil que pueda ser una democracia plena un régimen hijo de una dictadura, a cuyo frente está, como Jefe del Estado, la persona que designó un dictador que, no hay que olvidarlo, murió en la cama, sin más sobresaltos que los que su propia salud quiso darle.

No se acabó taxativamente con la dictadura, sino que se construyo una pseudodemocracia tras un lavado de cara del anterior régimen, que hizo posible que jamás fueran juzgados los responsables de la dictadura y, trasgrediendo las leyes internacionales, se amnistió a sus jerarcas y se hizo tabla rasa de todos sus crímenes e, incluso, se permitió a sus jerarcas que siguieran manteniendo estatus y privilegios, como si nada hubiese ocurrido en la historia de este país.  

Tampoco puede serlo un sistema en el que la democracia se limita a que los ciudadanos voten cada cuatro años y que, aparte de ese ejercicio, no se permita más participación en la cosa pública. La ley D’Hont, que conforma mayorías absolutas, tiene mucho que ver en ello, y en la actualidad, como pocas veces en la historia de esta pseudodemocracia, establecida y sancionada por la Constitución de 1978, se ha percibido tal circunstancia, con un Gobierno que más de ostentar la representación parlamentaria de una mayoría –que obtuvo con falacias, y eso tampoco hay que olvidarlo- detenta un poder omnímodo.

Esa devaluación democrática no es una mera intuición de ciudadanos de ideología contraria a la del partido en el Gobierno. Estudios sociológicos han determinado que la calidad democrática en España registró el año pasado la mayor caída desde 2008, hasta situarse en los 5,2 puntos. Sólo en 2012 la valoración se hundió 6 décimas frente a las 4 décimas que había descendido la percepción ciudadana durante los cuatro años anteriores.

Informes sociológicos aparte, basta ver en los informativos televisivos la violencia ejercida las fuerzas de seguridad en las manifestaciones contra las políticas de recortes del Ejecutivo, las limitaciones cada vez mayores a la libertad de expresión, el maltrato que reciben los medios de comunicación por parte de los políticos en el poder, las ruedas de prensa a través de plasma o el asalto a medios públicos convirtiéndolos en voceros de su ideología y las represalias contra los profesionales que no obedecen sus consignas, son un claro indicio de la regresión democrática que impone el actual Ejecutivo.

El modo de gobernar, por Decreto Ley, del Gobierno de Mariano Raxoi, el proceder de algunos magistrados aceptando demandas contra opiniones vertidas libremente, o la imposibilidad de la oposición de ejercer su papel de control en el Parlamento, a la que sistemáticamente se opone el partido en el poder, ya sea en el Congreso, el Senado o en aquellas comunidades –la mayoría- en las que gobierna, supone igualmente una merma en la calidad democrática. Que se resentirá aún más cuando se apruebe en las Cortes un nuevo Código Penal calificado por los jueces progresistas como el más reaccionario de los últimos treinta y cinco años.

También supone una pérdida de calidad democrática la brecha económica abierta entre los pobres y ricos, cada vez más unos y otros. Porque si el número de grandes fortunas creció el pasado año en un 5%, el número de parados sin protección, la ausencia de políticas sociales, y la exponencial bajada de sueldos, experimentada al socaire de un tremendo paro y una reforma laboral que ha dejado a la masa trabajadora inerme ante los abusos de un empresariado con alma de negrero, han convertido a la sociedad española en una sociedad de pobres y ricos, como no se dio en los treinta años transcurridos desde la muerte del dictador hasta hace apenas año y medio.

Los recortes de derechos sociales, que nunca fueron suficientes en un régimen que, hijo de una dictadura, siempre mantuvo las diferencias sociales, los privilegios de unos y la falta de derechos de los más, se han agravado tanto en el último año y medio como para que la propia UE, tan indiferente al sufrimiento de los pueblos, y tan preocupada por defender los intereses de los especuladores, haya tenido que ordenar al Ejecutivo que ‘ponga en su agenda las políticas sociales’.

Porque si este país nunca se caracterizó por estar avanzado en la protección de derechos sociales, la crisis ha llevado a que el estado del bienestar español esté entre los menos desarrollados en la eurozona y en la Unión Europea de los Quince. Incluso antes de que se iniciara la crisis, en el año 2007, el gasto público social como porcentaje del PIB era solo de un 20,7% frente al promedio de la UE, donde estaba en el 26,9%. En Suecia era entonces de un 29,2%.

Otra de las características de la falta de bienestar social –y por lo tanto de carencia de democracia, y en contra de las diatribas que lanza el actual gobierno contra todo lo público cuando dice que es insostenible mantener a tanto funcionario-está en el escaso porcentaje de personas que trabajan en los servicios públicos dedicados a atender al bienestar de los ciudadanos. Porque si ya en 2007 el porcentaje de trabajadores en esos servicios era un 10%, en tanto en el resto de la UE alcanzaba el 15%, y en Suecia el 24%, en la actualidad ha bajado a un 7%.

Ante ese cúmulo de recortes de libertades y derechos, ante la fascistización de la sociedad,  el pueblo no puede quedarse callado, impávido ante los abusos, la regresión de libertades, la arbitrariedad de los políticos, la corrupción, la imposición de un clasismo insufrible en una sociedad moderna. Como dicen los firmantes del manifiesto por una alternativa política diferente, en el que se afirma que hay alternativas al modo de gobernar del actual Ejecutivo, la ciudadanía tiene que salir a al calle, mostrar su rechazo en cada plaza, en cada esquina, en cada organismo público en el que se detecten atropellos, reclamar una manera de gobernar diferente a la que el PP está aplicando.

Y si no quiere o no sabe hacerlo de otra manera, hay que obligarle a irse y a convocar elecciones para que el pueblo pueda darse un Ejecutivo que gobierne de acuerdo con la ciudadanía y no contra ella. Como sucede en el presente.


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Comentarios

  1. Es que me encanta como escribes y desarrollas las ideas de p.m.
    Gracias Luisa.Un abrazo.

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